jueves, 30 de abril de 2009

Mitos y verdades sobre cómo salvar el planeta

Por Nicolás Artusi
Mientras los ecologistas luchan por evitar el cambio climático, una nueva corriente de escépticos cuestiona sus consejos.
Los descreídos hablan de deep ecology como una filosofía extremista que promueve una idea de mistificación de la naturaleza y, si fuera cierto que aun en la tragedia toda ruptura de lo cotidiano introduce a la fiesta, algunos gozan con la idea de bailar en la cubierta del Titanic y cuestionan los mitos populares del ecologismo. ¿Verdadero o falso?

¿EL AIRE ACONDICIONADO CONTAMINA MENOS QUE UNA ESTUFA?
En los años de "la crisis del ozono" los gases se convirtieron en el enemigo número uno del planeta. Y el aire acondicionado, como símbolo del confort suntuario de las grandes ciudades, creó un paisaje de veredas goteadas y alarmas ambientales. Ahora, un informe de la revista Wired afirma que el aire acondicionado emite menos dióxido de carbono que una estufa (y así, contamina menos). "Cuando hay más dióxido de carbono la temperatura es más alta porque atrapa el calor del sol", confirma Al Gore en Una verdad incómoda. "En el noreste (los helados altos americanos que lindan con Canadá), una casa típica calefaccionada con fuel oil emite 6 mil kilos anuales de carbono", calculó el periodista Matt Power. "Enfriar una vivienda similar en el desierto de Phoenix produce sólo 450 kilos de dióxido de carbono al año." Ahora dicen que gasta menos energía enfriar 1 grado una casa cerrada que calentarla en la misma proporción.

¿VIVIR EN LA CIUDAD ES MÁS SALUDABLE QUE EN EL CAMPO?
No piensen en autos, trenes ni aviones: tan cierto como que el medio mecánico de transporte menos contaminante es el ascensor (inventado en 1857 en Manhattan, ¡gracias, Otis!) es que el ecologista promedio prefiere una vida en posición horizontal. Pero si retirarse a los suburbios ofrece una promesa de existencia bucólica rodeado por la naturaleza (las quintas y los countries, por no hablar de las "comunidades" bonaerenses, recibieron en los últimos años a exiliados del esmog), también crea una multitud de desplazados. Por las autopistas Panamericana, Ricchieri, Del Oeste y Buenos Aires-La Plata entran en la Capital Federal 1.200.000 autos por día. Y en Estados Unidos, donde el suburbio no es sólo alternativa inmobiliaria sino mitología de cultura popular gracias a los cuentos de John Cheever o la fábula Belleza americana, los autos aportan dos mil millones de toneladas a la nube de carbón mundial: más que las emisiones de India, Japón y Rusia. Juntos. Allá, 40 millones de personas se mueven todos los días desde las periferias hasta sus trabajos en el centro y, si fuera verdad que la vida urbana es más amable con el planeta, también lo sería que el paraíso de los rascacielos se gana el título del "lugar más verde de Estados Unidos" (¡!). En Manhattan, el 65 por ciento de la gente va a su trabajo en transporte público, en bicicleta… o caminando.

¿LA COMIDA CONTAMINA EL PLANETA MÁS QUE LOS AUTOS?
La producción, el transporte y la venta de los alimentos que consume el hombre generan casi el doble de dióxido de carbono que su auto. Según un informe de la revista New Scientist, los investigadores yanquis Peter Tyedmers y Nathan Ayer calcularon cuánto se contamina en la producción de los alimentos: en 1 kilo de papas, se emiten 240 gramos de CO2; en 1 litro de leche, otro tanto. Estas emisiones contaminantes incluyen los gases que se usan para labrar la tierra, la siembra de cultivos (por pesticidas y fertilizantes), la cosecha y el traslado a las plantas procesadoras, la electricidad para la limpieza, el procesamiento y el embalaje de los alimentos y, uf: el transporte a los comercios. "Un litro de agua mineral es más nocivo que un litro de agua de la canilla, gracias al camión que cruza la ciudad para llevar la botella al comercio", compara Orduna. Pero, mientras unos dicen que la solución es la comida orgánica, para la especialista yanqui Joanna Pearlstein, la agricultura convencional puede ser más benéfica para el planeta, y hace la ecuación: "Las vacas orgánicas no están repletas de hormonas. Eso significa que dan un 8 por ciento menos de leche que las otras. O sea: se necesitan veinticinco vacas ‘orgánicas’ para dar la misma leche que con veintirés vacas ‘industriales’. Y, como las vacas exhalan dióxido de carbono y producen metano, a más vacas… más contaminación". ¿Somos lo que comemos o estamos tragando humo?

¿LOS BOSQUES CONTRIBUYEN AL CALENTAMIENTO GLOBAL?
La revista Wired provocó con el título escandaloso: "Los bosques antiguos contribuyen al calentamiento global". Si la frase parece una justificación para cualquier loco de la motosierra, una ecuación aclara: un árbol absorbe 680 kilogramos de dióxido de carbono en sus primeros cincuenta y cinco años de crecimiento. Después, chupa cada vez menos. En un mundo que demanda cada vez más especializaciones, una nueva política demográfica verde propone: "Tale los árboles antiguos y plante nuevos. Muchos de ellos. Los troncos viejos son más vulnerables a los incendios. Y los nuevos se chuparán más rápido el dióxido de carbono".

¿LA ENERGÍA NUCLEAR NO ES TAN MALA COMO DICEN?
Mientras padece los efectos de la mala prensa, la energía nuclear produce "sólo" entre un 2 y un 6 por ciento de carbono (por kilowatt/hora), según un informe del gobierno inglés. ¿Una buena noticia para el señor Burns? No tanto: "Es un riesgo innecesario porque es un modo peligroso de obtener energía: causa accidentes y genera residuos tóxicos para los que no hay solución", relativiza Martín Prieto: "Y además, es un método carísimo que sólo funciona con subsidios del Estado". El especialista estadounidense Spencer Reiss discute: "Usted puede preocuparse por el riesgo radioactivo o por las armas de destrucción masiva. Puede quejarse por el costo de construcción de una planta. Pero hay una única conclusión: la energía nuclear gana. Sólo la supera el viento… y cuando sopla".

¿EL AUTO HÍBRIDO GASTA MÁS QUE UNA 4X4?
Además del apagón tecnológico que puso off por ahora a los televisores high-definition y le dio amnistía al viejo aparato de tubo, Barack Obama se propuso como salvador de un mundo oscurecido por el humo de los tubos de escape: puso primera al "auto híbrido". Mientras en la era pospetrolera se quiere despegar de la nafta por conciencia ambiental e independencia económica, un informe presentado en Oregon encendió la mecha: una camionetaza Hummer gasta menos que un Toyota Prius, el auto híbrido más popular del mundo. Bueno, acá hay un poco de trampa: libra a libra, fabricar un Prius aporta más carbono a la atmósfera que hacer un Hummer, debido al costo ambiental de los trece kilos de níquel que lleva el motor híbrido. Aunque esto se compensa en el camino, gracias al ahorro de nafta.

¿PUEDE FALLAR?
La verdad incómoda es que el cambio climático es inevitable. El Electric Power Research Institute de Palo Alto, California, calculó que si Estados Unidos, Europa y Japón cerraran hoy todas sus plantas de energía y detuvieran todos sus autos, el dióxido de carbono seguiría creciendo de las actuales 380 partes por millón hasta las 450 para el año 2070, sólo por las emisiones de China y la India.

¿2070, el año que vivimos en peligro?
"En cualquier caso, es un problema que quizás, o quizá no, tendrán nuestros tataranietos", relativiza Aznar. "Esa es la gran dificultad para instalar el tema", responde Greenpeace: "La gente tiende a concentrarse en las dificultades del momento, estamos hablando de hechos que van a cambiar el modo de vida en dos generaciones". Si en su libro Earth in the Balance (1992) Al Gore se lamentaba de "esta fe arrogante en nuestra habilidad para zafar a tiempo y salvar el pellejo", en Una verdad incómoda se confiesa preocupado pero optimista. "En Greenpeace tampoco compartimos el pronóstico apocalíptico", coincide Martín Prieto: "Hay tiempo, pero si actuamos ya".

Fuente: Conexionbrando.com

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