miércoles, 30 de mayo de 2012

Razones para no dar conferencias de prensa


Por Ernesto Jackson - Diario Clarín
La presidenta Cristina Fernandez acaba de expresar el pensamiento más crudo del kirchnerismo con relación a la prensa no adicta a sus gobiernos. Fue el jueves pasado, cuando los periodistas de Casa de Gobierno le pidieron tener contactos más frecuentes con ella: “Yo no voy a hablar contra mí misma” , dijo, y para que no quedaran dudas, agregó: “La palabra oficial son mis discursos”.

La pregunta es por qué presupone la Presidenta que ante una pregunta en su respuesta debiera hablar contra sí misma.

Desde los tiempos en que Néstor Kirchner era intendente de Río Gallegos, los Kirchner nunca vieron a la prensa independiente como una vía necesaria para que el pueblo sepa de qué se trata cuando lo que está en juego es la cosa pública . Supieron y saben que con la prensa no adicta pueden haber preguntas incómodas, pero más les temen a las respuestas comprometedoras. Es una estrategia pobre y patética , que busca eludir la responsabilidad de abordar todos los temas, por más espinosos y comprometedores que sean. Típica postura autoritaria: creerse dueños del destino de la cosa pública y no inquilinos en el poder elegidos por el voto popular para que administren el Estado bien y sin abusos.

Es impropio de la función de un gobierno democrático usar el atril presidencial para descalificar y agredir a la prensa, bajo cobijo de una claque de aplaudidores oficiales convocados al efecto. O ver ministros agazapados detrás de micrófonos amigos que aprovechan para degradar a periodistas. En el barrio, el guapo siempre prepoteaba cuando estaba acompañado por la barra de la esquina.

Eludir las conferencias de prensa tiene para el Gobierno sus razones. Es simple: desde 2003, los gobiernos K están salpicados por decenas de causas penales por escándalos de corrupción, que por ahora no avanzan gracias a algunos jueces cercanos al poder . Se puede mentir durante un tiempo y ello tendrá un costo determinado. Pero cuando se miente durante todo el tiemp o, el costo será mayor. Para el propio Gobierno y para el país.

Muchos temas merecen preguntas al poder en estas horas. El caso Ciccone, el vergonzoso pliego de Reposo a candidato del Gobierno a jefe de los fiscales; los escándalos con los subsidios sin controles y el enchastre en el que cayó la Fundación de las Madres con el desvío de dineros públicos; los números oscuros de la expropiación de YPF; los cinco años de un INDEC intervenido que miente al reflejar una economía que no es real y los fallos de la Corte Suprema que el Gobierno advierte, sin pudor alguno, que no acatará, mientras el Alto Tribunal mira para otro lado.

Tarde o temprano, muchos funcionarios debieron rendir cuentas.

Es de esperar que la Justicia asuma su rol. Entonces, los argentinos sabremos si, como dice el relato K, en 2003 comenzó “una etapa fundacional”, o se trata otra vez de un nuevo engaño moral, político, económico y social. Después de nueve años sin conferencias de prensa libres , entonces, no debe sorprendernos hoy que la Presidenta crea que sólo sus discursos son la palabra oficial. Es razonable: hoy, una conferencia de prensa con periodistas no entregados al discurso oficial acaso pondría a ella y a sus ministros en graves aprietos . Aunque sería saludable para la República y sus instituciones.
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