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domingo, 17 de mayo de 2015

“Algunas actitudes de Argentina fueron totalmente perturbadoras"

Celso Amorim en su residencia de Río durante la charla con ClarínPor ELEONORA GOSMAN - Diario Clarín

ENTREVISTA. Celso Amorím, ex canciller de Brasil con Lula da Silva

Dice que eso sucedía en el primer año y medio de gobierno de Kirchner. Pero que luego la relación fue mejorando.

La Argentina es una sombra difícil de apartar para Celso Amorim. Este diplomático, que fue canciller durante los ocho años de gobierno del ex presidente Lula da Silva, lo evidenció en una entrevista con esta corresponsal y la editora de Clarín en Portugués Marcia Carmo, en su residencia de Copacabana. Fue a propósito de su último libro: “Teherán, Ramala y Doha. Memorias de la política externa brasileña activa y altiva”, lanzado en Brasil en marzo último. Al estilo de un “diario de viaje”, aborda aristas poco conocidas de las negociaciones nucleares con Irán, en la que participaron Brasil y Turquía a instancias de EE.UU. entre 2009 y 2010. Se extiende sobre sus relaciones con Oriente Medio y discusiones alrededor del Estado Palestino. Y no logra evitar sucesivas referencias al ex presidente Néstor Kirchner y a algunos de sus funcionarios.

“A pesar del esfuerzo que hacíamos para acomodar intereses de nuestros vecinos, y que nos deparaba muchas críticas de la prensa y de los empresarios, además de embates con colegas del ministerio, algunas actitudes tomadas en el primer año y medio de gobierno de (Néstor) Kirchner fueron totalmente perturbadoras”, relató.

De acuerdo con el ex ministro brasileño, “describirlas, y todavía más explicarlas, sería una tarea para un capítulo especial”. Amorin no resistió sin embargo la tentación de dejar registradas en su libro sus interpretaciones. Lo hizo recogiendo sus propias anotaciones de la época (2003-2005). En ellas consignaba: “Momentos difíciles (se avecinan) en la relación con Argentina. Además de sucesivas expresiones contrarias a Brasil en la cuestión de la reforma del Consejo de Seguridad (que debería integrar este país como miembro permanente), hay una absurda referencia a la inestabilidad regional … La cuestión es ¿qué hacer? ... Si la raíz de todo fueran celos … quien sabe (se resolvería) si el nuevo Papa fuera argentino. Pero eso está en manos del Espíritu Santo”.

-¿La suya fue una premonición?
-En parte. Estas reflexiones son de 2005, cuando acababa de morir Juan Pablo II y se estaba en el proceso de elección del nuevo Papa; de modo que era lógico pensar en la posibilidad de un pontífice argentino. Con el tiempo, los recelos desaparecieron, aun cuando se mantenían en temas como el conflicto de las papeleras con Uruguay, donde Argentina no quería que Brasil interviniera. También la Unasur fue vista al principio, como un proyecto apenas brasileño y no del Mercosur. Hacia 2007, la relación con Argentina mejoró: se volvió muy positiva.

-Algunos afirman que Argentina es un obstáculo para acuerdos con la Unión Europea o con EE.UU. y reclaman flexibilizar el Mercosur.
-Quienes afirman eso no perciben que no se trata exclusivamente de un acuerdo económico. Es también político. Una de las causas del Mercosur es precisamente la paz, algo bien concreto. No es un detalle que se hayan depuesto las rivalidades entre nuestros países. Además, en términos comerciales hubo en el Mercosur un aumento promedio anual de 12%, mientras que el comercio internacional creció en media 5% al año. Por último: sin Mercosur no tendríamos Unasur, y sin Unasur no habría Celac.

-El presidente uruguayo Tabaré Vázquez insistirá en esa flexibilización, como lo hizo en 2005.
-El riesgo es que ahora esa posición puede tener eco en Brasil. Es posible que los industriales brasileños estén más interesados que antes en esa flexibilización.

-¿Cómo ve la crisis en Venezuela?
-Creo que en esa cuestión no hay soluciones impuestas. Brasil se esforzó, junto con el grupo de amigos, por crear un ambiente de diálogo entre las partes y de respeto a la Constitución venezolana. El camino ahora pasa por las próximas elecciones parlamentarias: hay que trabajar para que ocurran, y admitan observadores internacionales.

-Venezuela siempre fue un tema sensible para Brasil, por su vecindad. ¿Esto podría inducir a EE.UU. a ser más cuidadoso?
-Es una interpretación posible. Me impresionó mucho, leyendo las justificativas de EE.UU. para rearmar relaciones con Cuba, el grado de influencia que tuvo en esa decisión la postura de América Latina y del Caribe. Esto demuestra que un país puede ser muy poderoso, y nada menos que la primera potencia mundial, pero hay algo que se llama “legitimidad” en política internacional. Eso es lo que ha estado en juego en la política de Washington respecto de Latinoamérica.

-¿Cómo interpreta el decreto de Obama que declaró a Venezuela una amenaza a EE.UU. justo antes de la Cumbre de las Américas?
-A veces, la política externa de las grandes potencias produce hechos de notable incompetencia. Washington quería sancionar a Venezuela y para eso, por exigencia de la ley estadounidense, precisaban declarar al país como una amenaza. Algo así como un trámite burocrático, según dijeron. Pero todo el mundo sabe qué puede ocurrir cuando un gobierno es declarado como amenaza. No es algo abstracto ni un chiste. Debe ser tomado muy en serio.

-¿Qué ocurrirá con las negociaciones con Cuba e Irán cuando termine la gestión de Obama?
--En estas políticas no hay vuelta atrás. Yo solo espero que Brasil no pierda tiempo en Cuba. Nosotros queríamos ser el primer socio, pero nos contentaremos con ser el segundo, detrás de EE. UU.

--Estados Unidos avanzó en un acuerdo con Irán. ¿Fue sobre las bases de 2010?
--El acuerdo actual es mucho más amplio. Pero en el de 2010 destaco dos cosas: uno, mostró que el acuerdo era posible. Era posible negociar con Irán y no porque el gobierno actual sea más liberal. Amhadinejad era pragmático. Segundo elemento, aquel no era una troca, era un gesto unilateral de uranio. En la época tenía, 2000 kilos de uranio: era para hacer una bomba, que es un suicidio, no un arsenal. Ellos irían a entregar a Turquía 1200 kilos. Ahora tienen 10.000 kilos, y da para fabricar 8 bombas. El nuestro era un acuerdo de creación de confianza. Dicen que ahora tiene que reducir a 300. Pero no se explican qué van a dar de baja, dónde los van a poner. Ellos ahora piden la eliminación de sanciones. Nuestro punto de partida para las negociaciones era mucho mejor. Ese acuerdo ofrecía una base mejor para este acuerdo.

-Hubo alguna señal de Estados Unidos para que Brasil avanzara en ese acuerdo de 2010?
--Una carta del presidente Obama al presidente Lula. En esa carta precisa que serían lo que habíamos pactado. Y tenía que Iran . Lula respondió la carta diciendo que Iran estaba flexible para firmar. Recibo luego una comunicación de Hillary Clinton donde intentó convencerme que no debía avanzar en ese acuerdo. En sus argumentos, ella afirmaba que los iraníes tenían ya en ese momento mucho más uranio y que además irían a comenzar el enriquecimiento al 20%. Le dije que esos puntos no estaban en la carta de Obama.
fin

lunes, 17 de junio de 2013

¿Por qué Brasil y ahora?

Por Juan Arias

Está generando perplejidaddentro y fuera del país, la crisis creada repentinamente en Brasil por el surgir de las protestas callejeras, primero en las ricas urbes de São Paulo y Río, y ahora extendiéndose a todo el país e incluso a los brasileños en el exterior.
 
Por el momento son más las preguntas para entender lo que está aconteciendo que las respuestas a las mismas. Existe solo un cierto consenso en que Brasil, envidiado hasta ahora internacionalmente, vive una especie de esquizofrenia o paradoja que aún debe ser analizada y explicada.

Empecemos por algunas de las preguntas:

¿Por qué surge ahora un movimiento de protesta como los que ya están casi de vuelta en otros países del mundo, cuando durante diez años Brasil vivió como anestesiado por su éxito compartido y aplaudido mundialmente?

¿Brasil está peor hoy que hace diez años? No, está mejor. Por lo menos es más rico, tiene menos pobres y crecen los millonarios. Es más democrático y menos desigual.

¿Cómo se explica, entonces, que la presidenta Dilma Rousseff, con un consenso popular de un 75%, -un récord que llegó a superar al del popular Lula da Silva-, pueda ser abucheada repetidamente en la inauguración de la Copa de las Confederaciones, en Brasilia, por casi 80.000 aficionados de clase media que pudieron darse el lujo de pagar hasta 400 dólares por una entrada?

¿Por qué salen a la calle a protestar por la subida de precios de los transportes públicos jóvenes que normalmente no usan esos medios porque ya tienen coche, algo impensable hace diez años?

¿Por qué protestan estudiantes de familias que hasta hace poco no hubiesen soñado con ver a sus hijos pisar una universidad?

¿Por qué aplaude a los manifestantes la clase media C, llegada de la pobreza y que por vez primera en su vida han podido comprar una nevera, una lavadora, una televisión y hasta una moto o un coche de segunda mano?

¿Por qué Brasil, siempre orgulloso de su fútbol, parece estar ahora contra el Mundial, llegando a empañar la inauguración de la Copa de las Confederaciones con una manifestación que produjo heridos, detenciones y miedo en los aficionados que acudían al estadio?

¿Por qué esas protestas, incluso violentas, en un país envidiado hasta por Europa y Estados Unidos por su casi nulo desempleo?

¿Por qué se protesta en las favelas donde sus habitantes han visto duplicada su renta y recobrada la paz que les había robado el narcotráfico?

¿Por qué, de repente, se han levantado en pie de guerra los indígenas que poseen ya el 13% del territorio nacional y tienen al Supremo siempre al lado de sus reivindicaciones?

¿Es que los brasileños son desagradecidos a quiénes les han hecho mejorar?

Las respuestas a todas esas preguntas que producen en tantos, empezando por los políticos, una especie de perplejidad y asombro, podrían resumirse en pocas cuestiones.

En primer lugar se podría decir que, paradójicamente, la culpa es de quien les dio a los pobres un mínimo de dignidad: una renta no miserable, la posibilidad de tener una cuenta en el banco y acceso al crédito para poder adquirir lo que fue siempre un sueño para ellos (electrodomésticos, una moto o un coche).

Quizás la paradoja se deba a eso: al haber colocado a los hijos de los pobres en la escuela, de la que no gozaron sus padres y abuelos; al haber permitido a los jóvenes, a todos, blancos, negros, indígenas, pobres o no, ingresar en la universidad; al haber dado para todos accesos gratuito a la sanidad; al haber librado a los brasileños del complejo antaño de culpa de “perros callejeros”; al haber conseguido todo aquello que convirtió a Brasil en solo 20 años en un país casi del primer mundo.

Los pobres llegados a la nueva clase media han tomado conciencia de haber dado un salto cualitativo en la esfera del consumo y ahora quieren más. Quieren, por ejemplo, unos servicios públicos de primer mundo, que no lo son; quieren una escuela que además de acogerles les enseñe con calidad, que no existe; quieren una universidad no politizada, ideologizada o burocrática. La quieren moderna, viva, que les prepare para el trabajo futuro.

Quieren hospitales con dignidad, sin meses de espera, sin colas inhumanas, donde sean tratados como personas. Quieren que no mueren 25 recién nacidos en 15 días en un hospital de Belem, en el Estado de Pará.

Y quieren sobre todo lo que aún les falta políticamente: una democracia más madura, en la que la policía no siga actuando como en la dictadura; quieren partidos que no sean, en expresión de Lula, un “negocio” para enriquecerse; quieren una democracia donde exista una oposición capaz de vigilar al poder.

Quieren políticos con menor carga de corrupción; quieren menos despilfarro en obras que consideran inútiles cuando aún faltan viviendas para ocho millones de familias; quieren una justicia con menor impunidad; quieren una sociedad menos abismal en sus diferencias sociales. Quieren ver en la cárcel a los políticos corruptos.

¿Quieren lo imposible? No. Al revés de los movimientos del 68, que querían cambiar el mundo, los brasileños insatisfechos con lo ya alcanzado quieren que los servicios públicos sean como los del primer mundo. Quieren un Brasil mejor. Nada más.

Quieren en definitiva lo que se les ha enseñado a desear para ser más felices o menos infelices de lo que lo fueron en el pasado.

He escuchado a algunos decir: “¿Pero qué más quiere esta gente?" La pregunta me recuerda la de algunas familias en las que después de dar todo a los hijos, según ellos, estos se rebelan igualmente.

Se olvidan a veces los padres de que a ese todo le faltó algo que para el joven es esencial: atención, preocupación por lo que él desea y no por lo que a veces se le ofrece. Necesitan no solo ser ayudados y protegidos, llevados de la mano, quieren aprender a ser ellos protagonistas.

Y a los jóvenes brasileños, que han crecido y tomado conciencia no solo de lo que tienen ya, sino de lo que aún pueden alcanzar, les está faltando justamente que les dejen ser más protagonistas de su propia historia, más aún cuando demuestran ser tremendamente creativos.

Que lo hagan, eso sí, sin violencia añadida, que violencia ya le sobra a este maravilloso país que siempre prefirió la paz a la guerra. Y que no se dejen coptar por políticos que intentarán montarse sobre su caballo de protesta, para vaciarla de contenido

En una pancarta se leía ayer: “País mudo es un país que no muda”. Y también, dirigido a la policía: “No disparéis contra mis sueños”. ¿Alguien puede negar a un joven el derecho a soñar?.

Fuente:  http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/17/actualidad/1371432413_199966.html

viernes, 7 de diciembre de 2012

Felicitaciones Ejército Brasileño

PARABÉNS EXÉRCITO BRASILEIRO

EL TEXTO DICE:

LUEGO DE ENTREGAR LA OBRA DEL AEROPUERTO DE GUARULHOS ANTES DEL PLAZO PREVISTO, EL EJÉRCITO BRASILEÑO DEVUELVE A LOS COFRES PÚBLICOS 150 MILLONES DE REALES, PROVENIENTES DE LA REDUCCIÓN DE COSTO DE LA OBRA.
POR QUE NINGUNO DIVULGA ESTE TEMA.

martes, 7 de febrero de 2012

Brasil, las debilidades de una superpotencia regional

Por Rogelio Núñez
Una potencia mundial que aspira a jugar un papel relevante en el concierto internacional debe partir por controlar su propio territorio y las fronteras con los países vecinos. Ese es la premisa por la que se mueve la política de seguridad en Brasil en estos momentos. El gobierno de Dilma Rousseff sabe que el mundo va a estar mirando a su país en esta década - Mundial de Fútbol de 2014 y Juegos Olímpicos de 2016- y que, además, Brasil está en los principales foros internacionales donde se decide el destino del mundo (el G-20 y las cumbres de los BRICS).

Por todos estos motivos, el ejecutivo de Rousseff es consciente de que es necesario hacer efectiva la presencia del Estado brasileño en todo el territorio. No pueden quedar, como ocurre en estos momentos, zonas de penumbra donde no llega el Estado y donde el crimen organizado reina a su antojo, habiéndose transformado en una especie de Estado dentro del Estado.

Eso ocurre en las grandes urbes brasileñas, Río de Janeiro y Sao Paulo en especial, como muestran excelentes películas como Fuerza de Elite (I-II), Y también ocurre en las fronteras de Brasil con sus países vecinos, unas fronteras enormes -16 mil kilómetros-, que el propio gobierno define como "porosas" y que debido a su gran extensión se han convertido en un coladero para el contrabando, el tráfico de armas y de blancas y, cómo no, de drogas. Allí actúa con una enorme impunidad el crimen organizado.

Brasil y las nuevas amenazas

En ese contexto se inserta la Estrategia de Defensa Nacional de Brasil puesta en marcha en 2008, durante el gobierno de Lula da Silva, donde se plantean cuáles son los nuevos riesgos que, como nación, afronta Brasil. Ya no son los escenarios clásicos (guerra como algún vecino, especialmente con Argentina), sino que sobre la mesa hay nuevas amenazas: el terrorismo y el narcotráfico.

Un terrorismo que amenazaría las enormes reservas petroleras brasileñas del Atlántico Sur y un narcotráfico que actúa en las fronteras y en la Amazonía. Por eso, estas dos regiones se han convertido en las dos zonas de mayor importancia estratégica para el futuro y en las preocupaciones más fuertes en materia de defensa que afectan al gobierno brasileño.

El año pasado Dilma Rousseff anunció además el Plan Estratégico de Fronteras que tiene un objetivo muy claro y explícito, como confesó el vicepresidente Michel Temer: "queremos hacer una ocupación más efectiva en las fronteras". Este plan de fronteras ha tenido tres fases hasta el momento. Empezó con el Ágata 1, en el norte, en la frontera brasileña con Colombia y Perú. Luego llegó el turno para el Ágata 2, al sur, en las fronteras con Paraguay y Argentina. Y la última, Ágata 3, se ha desarrollado en el centro-oeste, con Perú, Bolivia y Paraguay.

Esto ha supuesto la mayor movilización militar en la lucha contra el narcotráfico con la participación de 6.500 soldados y un fuerte apoyo logístico, debido a que es necesario controlar una enorme línea fronteriza.

En la misma línea que el vicepresidente Temer, el ministro de Defensa Celso Amorim señaló que "(Ágata 3) es un elemento de disuasión que demuestra que el Estado brasileño existe y que actuará. Además de la reducción inmediata de la delincuencia, lo más importante es demostrar la presencia del Estado en la frontera".

Los retos del liderazgo brasileño

Brasil ha comenzado la década en una magnífica posición. Es, claramente, la única superpotencia sudamericana, reconocida internacionalmente como una potencia emergente, la sexta economía mundial y un país que camina hacia convertirse en una sociedad de clases medias.

Sin embargo, el Estado brasileño es un gigante con pies de barro pues no es capaz, en ciertos lugares, de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y hacer efectivo el monopolio de la violencia legítima.

Para el futuro, el reto brasileño es no sólo consolidar y profundizar su crecimiento económico, como siempre se señala, sino ser capaz de hacer efectiva la presencia de Estado hasta el último rincón del país: impidiendo la penetración por el norte de la narcoguerrilla de las FARC, del narcotráfico en las fronteras de Perú y Bolivia, y del contrabando en la propia Bolivia y en Paraguay.

Para ello, ciertos modos y maneras brasileños deben cambiar: en primer lugar, el estilo de liderazgo brasileño en Sudamérica debe transformarse pues se ha extendido la sensación de que existe una prepotencia brasileña en las relaciones con la región, lo que muchos califican como "imperialismo brasileño".

En segundo lugar, la modernización de las Fueras Armadas y el impulso a la industria militar debe ir acompañada de un proceso similar y coordinado por el resto de países de la región. No como una escalada armamentista sino como un ejercicio de coordinación y colaboración en pro de la seguridad regional.

Y en tercer lugar, Unasur debe cumplir, de hecho ya ha empezado a hacerlo, un papel muy importante para lo solucionar los dos problemas antes descritos. En ese foro la diplomacia brasileña hacia la región debe hacerse más transparente y menos conspirativa, estableciendo medias de confianza mutua.

Además, Unasur debe ser el foro donde se discutan abiertamente la magnitud y el alcance del rearme y la modernización, así como de la coordinación en la lucha contra el crimen organizado.

Es en ese ámbito es donde el liderazgo brasileño en la región debe crecer y consolidarse. Porque si Brasil desea ser una potencia mundial debe, en primer lugar, hacer efectivo el control sobre su propio territorio. En segundo lugar, ser reconocido por sus vecinos como líder regional. Sólo apoyado en esos dos pilares será capaz de dar el salto al tablero mundial, donde con la retaguardia asegurada podrá jugar un papel relevante.

En caso contrario, Brasil será un gigante con pies de barro, cuya fachada "imperial" se derribaría al primer soplo de viento adverso.

* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica. Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).

Fuente: http://www.ateneadigital.es/RevistaAtenea/REVISTA/articulos/GestionNoticias_7005_ESP.asp

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Brasil y su acción subimperialista en América Latina

Por Elaine Tavares
Periodista en el Instituto de Estudios Latinoamericanos - Adital
El sistema capitalista tiene una consigna que es el retrato vivo de su naturaleza: para que un viva, otro tiene que morir. Nadie que viva en ese sistema puede escapar de eso. No es sin razón que la principal discusión del mundo actual sea justamente la idea de desarrollo, pues, cada día más la gente se da cuenta de que la promesa de desarrollo que está imbricada en la idea capitalista de producción solo es buena para muy pocos. En los países centrales, que son la punta del sistema, el desarrollo es desigual y combinado. Siempre hay una camada significativa de la población que se queda explotada y en situación de pobreza extrema, sirviendo como mano de obra para que el sistema se haga.

En los países de la periferia del sistema lo que existe es un capitalismo dependiente, y el desarrollo posible es únicamente el desarrollo del subdesarrollo pues como ya mostró con mucha eficacia el teórico Andre Gunder Frank, es de la naturaleza del capitalismo crear matrices y periferias, en camadas. Así, la promesa del capitalismo se vuelve ilusoria. Jamás, en el sistema, la gente que vive en la periferia podrá desarrollarse. Es una mentira que, de tantas veces repetida, aparece como verdad. Lo que sí, puede pasar, es algunos países de periferia desarrollaren algunos aspectos de la vida o de algunas regiones, pero al mismo tiempo, causando el subdesarrollo de otras.

Eso es lo que pasa en Brasil. Es, de hecho, un gigante, ocupando 47% del área de América Latina. Tiene 8.514.876 quilómetros cuadrados y 23 mil quilómetros de frontera. Aparece como una potencia en la región y desde los años 50 del siglo pasado, cuando empezó a aceptar todos los conceptos del desarrollo capitalista tiene vivido esa realidad. Desarrollo en algunas regiones y miseria infinita en otras. Capitalismo dependiente. Hoy, viviendo un momento de crecimiento económico, refuerza aún más su política subimperialista en relación con los demás países vecinos. Política esa que empezó con fuerza en el periodo de la dictadura militar, cuando igualmente pasó por un vigoroso proceso de crecimiento, apoyado por el imperio estadunidense.

El teórico brasileño Ruy Mauro Marini es el que mejor ha definido el concepto de subimperialismo llevado a cabo por los países dependientes, como es el caso de Brasil en América Latina. Marini deja muy claro que el subimperialismo no es un imperialismo de grandeza menor o de segunda categoría. Es un fenómeno que comparte leyes del desarrollo capitalista comunes a la teoría del imperialismo (monopolios e capital financiero), aunque tenga elementos propios que corresponden al funcionamiento del capitalismo dependiente tales como la superexplotación del trabajo, la integración del capital nacional al extranjero y la monopolización extrema a favor de la industria suntuaria. Aun segundo Marini, el subimperialismo sigue la lógica de la cooperación antagónica, cual sea, al mismo tiempo en que coopera con el imperialismo en las políticas generales, actúa en una dinámica contradictoria buscando el dominio entre sus vecinos, buscando hegemonía regional.

Esa dinámica ya pudo ser notada a partir de los años 60 cuando la nueva división del trabajo del pos guerra ha generado subcentros políticos que, además de su dependencia, entraran en la etapa del monopolio y del capital financiero. En caso de Brasil ese movimiento empezó en la década del 1970, cuando el régimen militar vivió el que se quedó conocido como el "milagro brasileño”, época de crecimiento económico con fuerte participación del capital extranjero y una forma específica de la reproducción del capital, o sea, el desarrollo del subdesarrollo. A los años 70 Brasil ya estaba en el nono lugar en la producción de automóviles y era el segundo exportador de armas, quedando atrás solamente de Israel. Así, como muy bien explica Ruy Mauro Marini, el subimperialismo brasileño "no es solo la expresión de un fenómeno económico. Resulta en una amplia medida del proceso mismo de la lucha de clase en el país y del proyecto político, definido por el equipo tecnocrático-militar que asume el poder en 1964, aunados a condiciones coyunturales en la economía y la política mundiales”. En esa década hubo un "boom” financiero que se desplazó hacia los países subdesarrollados. En ese tiempo el Brasil estaba en la primera fila entre los receptores de monedas extranjeras. Al final de 1967 empieza con fuerza el mercado de capitales en Brasil, con el propio gobierno abriendo las puertas para las inversiones y prestamos en dinero entre empresas extranjeras e nacionales. Eso permitió el crecimiento en los años 70. Para que se tenga una idea, según Marini, las inversiones extranjeras, de 1966 al 1970 pasaran de 479 mil a 3.485 mil millones de dólares. Y el estado tenía que abrir camino para su realización. Crecía entonces los ares de potencia de Brasil.

Así que no fue sin razón la otra forma de actuación subimperialista concretizada en el saqueo de materias-primas y fuentes de energía en los países vecinos, como el leonino tratado de Itaipu firmado con el Paraguay, en 1973, para la construcción de la mayor usina hidroeléctrica de América Latina, en el Rio Paraná. La obra, que consumió 27 millones de dólares aún destruyó una de las mayores bellezas naturales de la región: las siete quedas de Iguazú, hecho que demandó mucha lucha de la gente brasileña.

En aquellos días, el Paraguai no ha aportado nada para la construcción (quedó con una deuda), pero al longo de todos esos años, ha sido penalizado con la compra de la energía a precios muy baratos. Como el país vecino solamente necesita de 4% de la energía generada, el restante de su mitad, se viene al Brasil, pero podría ser vendido a otros pareceros. Cosa que no es posible por el tratado. Y cuando el gobierno paraguayo intentó cambiar eso, fue azotado por los dirigentes de la usina, como se puede ver en la declaración de Jorge Samek, presidente en aquel entonces: "Cualquier tribunal internacional se limitará a analizar el tratado, que está siendo cumplido integralmente y es totalmente justo (subrayo mio). Si vamos a un tribunal internacional, Brasil terminará recibiendo una carta de felicitación". La demanda de Paraguay era que el Brasil empezase a pagar 1.200 millones de dólares al revés de los 130 mil dólares que estaba pagando.

En ese tratado que sigue vigente, el Paraguay estaba obligado a vender su excedente energético a Brasil hasta el año de 2023, y por un precio absurdamente bajo. El total era de 45,31 dólares, pero solamente 2,81 se quedaba con el gobierno paraguayo, una vez que el restante era enviado al Brasil como pagamento de la deuda con la construcción. La cuestión del precio solo fue reparada hace tiempo, en julio de 2011, ya en el gobierno de Fernando Lugo. En el nuevo acuerdo el Brasil triplica lo que paga al Paraguay y el país vecino puede vender su parte de energía a otras empresas. Pero aún así, celebra unos otros acuerdos de "ayuda” al Paraguay que puede redundar en más deudas.

Intervenciones militares también fueran hechas en la década de 70, como en el caso de la Bolivia, cuando la gente luchaba por una Asamblea Popular en 1970. Brasil ofreció ayuda a los adversarios de Juan José Torres, y eso fue decisivo en el golpe de estado, con el derrame de armas por aviones brasileños en Santa Cruz de la Sierra. En 1971 el ejército brasileño estuve pronto para invadir a Uruguay, por ocasión de las elecciones y solo no hice porque el candidato de la derecha venció. Pero, aún así, el Uruguay siguió recibiendo ayuda del gobierno brasileño con en entreno de los escuadrones de la muerte que pusieran fin a los tupamaros (grupo de izquierda que luchaba por una liberación nacional). Hoy también ya se sabe que el gobierno de Brasil ha colaborado con los EUA en el golpe en contra de Salvador Allende, en 1974. Y esos son apenas algunos de los ejemplos que muestran la colaboración con el imperio en cuanto se van haciendo las bases para la explotación subimperialista. En esos tiempos, conforme describe Ruy Marini, la burguesía nacional ya tenía muy claro que su mejor opción – una vez que había fracasado el proyecto de un desarrollo capitalista autónomo – sería quedarse como socia secundaria del imperialismo, garantizando algunas cosas por la vía de la dominación regional. Fue una aposta segura de la clase dominante.

A partir de los años 80 la política de expansión del capitalismo brasileño quedó más fuerte y las empresas empezaran un movimiento de inversiones crecientes en el exterior. Preparaban las bases para una dominación sistemática en casi todos los países vecinos. De la misma manera, las inversiones extranjeras en Brasil también crecían asustadoramente, desnacionalizando muchas empresas. En los años 90, con las criminosas privatizaciones llevadas a cabo por Fernando Henrique Cardoso, empresas estatales como Vale do Rio Doce, e Companhia Siderúrgica Nacional cayeran en manos privadas para, poco después, se tornaren gigantes multinacionales con tentáculos por todo el continente y mas allá. Una lucha titánica fue trabada en nuestro país para que esas empresas no fuesen entregues a los especuladores internacionales, pero la gente fue derrotada. Y para tenerse en cuenta el tamaño del saqueo, solamente la empresa Vale do Rio Doce (detentora de la mayor reserva de la minería de hierro del mundo) fue vendida por 3 mil millones de dólares, y en el mismo año – ya en manos privadas - encerraba su balance con un lucro de más de cinco mil millones. Hoy es una de las empresas que más lucra en el país, llegando a 6.452 mil millones solo en el segundo trimestre de ese año, y opera en los cinco continentes en la misma lógica de explotación laboral que cualquier otra multinacional.

Con la llegada de Luis Inácio Lula da Silva al poder, empezó también una nueva ola de internacionalización de la economía. En ese aspecto el Banco Nacional de Desarrollo Social (BNDS) tiene cumplido una misión muy específica. Trata de financiar obras de grande bulto en los países vecinos como Perú, Ecuador e Bolivia, imponiendo a esos países compañías brasileñas como la Petrobras, Odebrech, Andrade Gutiérrez y otras. Su tatica de actuación en esos países corresponde a una transnacional igual a cualquier otra de nivel mundial, con toda su carga de problemas y conflictos con las populaciones locales. Basta el recuerdo de lo que pasó en Bolivia con la cuestión del gas, así que asumió Evo Morales, cuando el país vecino intentó cambiar los acuerdos que tenía con la Petrobras, en el cual la Bolivia estaba siendo sangrada. Las declaraciones de los políticos y empresarios brasileños fueran típicas del imperio. Se hablaba incluso de guerra. También podemos apuntar la destruición al ambiente establecida por empresas brasileñas en Ecuador, con recurrentes conflictos en las comunidades indígenas, y la actualísima cuestión involucrando el BNDS y la lucha de 63 comunidades de un Parque Nacional en Bolivia, donde el gobierno empezaba a construir una carretera que más bien serbia a los intereses de Brasil que de Bolivia.

En el decir del abogado y ex-ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Soliz Rada, "las líneas maestras de la política bandeirante (de Brasil) no tienen freno. El Brasil está promoviendo una geofagia en América Latina”. Sobre la acción de Brasil en su país sigue diciendo Solíz Rada: "Su base de sustentación está en la burguesía de San Pablo, que convirtió a Brasil en acreedor del FMI, incrementó su influencia en el Banco Mundial, privatizó un tercio de la Amazonía en favor de ganaderos y madereros, logró que IIRSA se acomode a sus intereses de infraestructura vial, compró a Francia un submarino nuclear para proteger sus reservas de gas junto al mar, para luego anular la adquisición de aviones franceses y reemplazarlos por otros de fabricación estadounidense. Ha sido sede del Foro Social Mundial, en el que expusieron sus posiciones anticapitalistas Castro, Chávez y Evo Morales, sin preocuparse que la Fundación Ford, vinculada a la CIA y que ayudó a Hitler a tomar el poder, fuera una de sus principales auspiciadoras”.

Lo que sí es cierto es que la expansión subimperialista de Brasil en América Latina sigue muy firme. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo, solo en el año de 2010, el Brasil envió – a través de las compañías ditas "nacionales” – cerca de 11, 5 mil millones de dólares al exterior. Eso pasó porque Compañías brasileñas como a Vale, Gerdau, Camargo Correa, Votorantim, Petrobras e Brasken hicieran importantes adquisiciones en las industrias de la minería del hierro, acero, alimentación, cimentos, químicos y refino del petróleo, incluso en los países desarrollados.

Algunos datos importantes de las empresas brasileñas

Compañía Siderúrgica Nacional – Es la mayor siderúrgica de América Latina. Fue privatizada en 1993 por el presidente Itamar Franco, debajo de mucho protesta. Su venta fue un crimen de lesa-patria pues el precio pedido fue de apenas 1.200 mil millones. Hoy, su receta liquida, solamente en el primer semestre de 2011, ultrapasa los 8 mil millones de dólares, teniendo aún más de 11 mil millones de dólares en caja. Su principal usina produce cerca de 6 millones de toneladas de acero bruto y más de 5 millones de toneladas de laminados por año, siendo considerada una de las más productivas del mundo. Tiene usinas en todo país y fuera, incluso en los Estados Unidos y Portugal.

Vale do Rio Doce - Es la mayor productora de hierro en el mundo y la segunda en la producción de níquel pero también actúa en la explotación de bauxita, manganés, aluminio, cobre y carbón. Creada en el gobierno de Getulio Vargas esa era una empresa con instalaciones en 19 estados del país, operando 9 mil kilómetros de ferrocarriles, puertos usinas e terminales marítimos. Fue privatizada en el gobierno de Fernando Henrique (1997) - además de toda la movilización popular en contra de eso - por el valor que equivaldría a un trimestre de su receta (cerca de 3 mil millones de dólares), fue prácticamente una donación. Hace poco, en el año de 2006 ha incorporado la empresa canadiense INCO, la mayor del mundo en minería de níquel. La Vale tiene hoy un valor de mercado de 298 mil millones, a frente incluso de del la gigante IBM. La Vale emplea 119 mil personas y está presente en 38 países del mundo tales como África del Sur, Angola, Argentina, Australia, Barbados, Canadá, Chile, China, Singapur, Colombia, Corea do Sul, Emiratos Árabes, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Gabán, Guiñé, India, Indonesia, Japón, Liberia, Malasia, Malauí, Mozambique, Mongolia, Noruega, Nova Caledonia, Omán, Paraguay, Perú, República Democrática do Congo, Reino Unido, Suiza, Zambia, Tailandia y Taiwán. Lo que pasa es que la Vale actúa en el subsuelo, así, por toda parte anda a cavar huecos, sacando las riquezas nacionales. Por estar en manos privadas saquea nuestras riquezas públicas. Sus lucros líquidos ultrapasan los 15 mil millones de dólares al año. En febrero de 2010 adquirió los activos de la empresa estadunidense Bungue Limited, responsable por la producción de insumos agrícolas.

Odebrecht - Esa es una constructora que empezó su vida en 1944 como una empresa brasileña pero desde los años 80 viene expandido su actuación hacia otros países con la creación de una "holding” de capital abierto. Desde ahí comportase como transnacional con negocios nos Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Malasia, Iraquí, en fin, en todos los continentes. Desde los años 70 empezó a diversificar su negocio actuando también en el sector petroquímico. Su dominación en esa área creció tremendamente en el período de la privatización del sector, en el gobierno de Fernando Henrique, cuando incorporó, también a bajo costo, grande parte do patrimonio nacional. En el gobierno Lula, con los incrementos en el etanol, la empresa también decidió entrar en ese campo, creando un sector de biotecnología. Fue una marca que se consolidó a costo de la riqueza pública y hoy, en muchos países de América latina, comportase como un monstro a chupar las riquezas de las gentes vecinas, como es el caso de Bolivia y Ecuador. En ese último el presidente Correa llego a expulsar la empresa de las tierras ecuatorianas por estar involucrada en irregularidades. En Brasil, busca comprar las conciencias actuando en el área cultural, ofreciendo premios e inversiones en arte y cultura.

Petrobras – Esa es una empresa que siempre estuve colgada a la identidad nacional. Creada en el gobierno nacionalista de Getulio Vargas, en 1953, fue el móvil de la campaña "El petróleo es nuestro” que unió el país de norte al sur. Pero, con el pasar del tiempo y con la sucesión de gobiernos militares y después neoliberales, la empresa fue escapando de las manos del país. Empezó su proceso de privatización en el gobierno de Fernando Henrique (1999) y en octubre de 2010, desafortunadamente en el gobierno de Lula, efectuó la mayor capitalización en capital abierto de la historia de la humanidad: US$ 72,8 mil millones de dólares. Hoy ya no puede más decirse nacional, además de la insistencia de los medios y hasta del gobierno. Es la cuarta mayor empresa del mundo y la segunda mayor en el continente americano, operando en 28 países con lucros anuales que pasan de los 20 mil millones de reales (de 15 a 17 mil millones de dólares). Tiene refinerías en Argentina, Estados Unidos y Japón. Ahora, con la descubierta del pre-sal, la empresa se volvió la niña de los huevos de oro de la rapacidad global. Su acción en Bolivia, cuando de la asunción de Evo Morales y la nacionalización del gas, fue digna de las más sucias empresas privadas del mundo. Ahora, con la descubierta del pre-sal, una de las mayores reservas de petróleo del mundo, grande parte de esa riqueza verterá para manos privadas.

Gerdau – La empresa Gerdau es líder en la producción de acero largo en las Américas y una de las mayores vendedoras de acero largo especial del mundo. Tiene 40 mil empleados y actúa en 13 países, en las tres Américas, Europa y Asia. Tiene una capacidad de producir más de 25 millones de toneladas de acero. Es la mayor recicladora del mundo, transformando millones de toneladas de basura en acero. Tiene 140 mil accionistas y opera en las bolsas de San Pablo, Nueva Jorque e Madrid. Sus productos, comercializados en los cinco continentes, atienden a la construcción civil, industria y agropecuaria

Votorantim – La empresa Votorantin nasció como una fábrica de tejido en 1918. Era una empresa familiar. En los años 30 empezó en la rama química y después en el de aluminio. En los 80 estaba en la rama de las papeleras y en el sector financiero creando el Banco Votorantin. Desde los años 2000 empezó su expansión internacional. Está involucrada en los sectores de metales, siderurgia, energía, cimento, papeles etc…

El proceso de internacionalización de esas empresas hasta entonces brasileñas, con las privatizaciones e inversiones del Estado empezaran en el gobierno de Fernando Henrique, en los años 90, pero es necesario entender que la expansión subimperialista se fortaleció con una nueva ola en el gobierno de Lula, justamente por cuenta del proceso de crecimiento económico que se ha vivido en el país, lo que parece comprobar la siempre voraz necesidad del capital de expandirse más e más. Y que también suele comprobar la teoría de Gunder Frank que decía que siempre que los países centrales están en crisis, es muy probable que algunas de sus periferias registren crecimiento. Es lo que pasa hoy.

En el año de 2006, por primera vez, las inversiones de empresas brasileñas en el exterior ultrapasaran el volumen de capitales que adentró al país. Eso siguió igual en 2007 cuando se invirtió casi 30 mil millones de dólares en el exterior y por ahora así se mantiene. Empresas como Gerdau e Vale tiene inversiones de 25 millones en los países de América del Sur, bien como Odebrecht e Camargo Correa que tienen buena parte de sus lucros provenientes de los países vecinos como Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Paraguay.

También el Banco Nacional de Desarrollo Económico Social (BNDES) tiene actuado como importante fuente de recursos para instalaciones de empresas brasileñas en los países vecinos, así como efectuando préstamos para construcción de obras de infraestructura y para compra de aviones o autobuses. Hoy, prácticamente todas las grandes obras que están siendo hechas en los países de América del Sur tiene la presencia de las gigantes brasileñas, que además ya ni siquiera son nacionales, pero transnacionales.

Por parte de la derecha brasileña hay muchas críticas al gobierno Lula y ahora al de Dilma, pero no en relación a la actuación de las multinacionales, que aparecen como "nacionales” a los ojos de la sociedad. Por el contrario. Insaciables, quieren más y más subsidios y insisten en la necesidad del estado financiar los riesgos de esas empresas y otras más, como el reciente caso del BNDES financiar la fusión de una empresa de un conocido empresario nacional, Abilio Diniz, con otra empresa francesa. El banco liberó 4 mil millones para ese negocio privado. Lo que es necesario subrayar es que los capitalistas nacionales raramente corren algún riesgo, una vez que generalmente el Estado suele resolver cualquier problema que tengan. Pero eso nos parece igual en cualquier lugar, basta mirar como el gobierno de los EEUU enfrentaran la crisis de los bancos. Lo que arrasa con la idea del estado mínimo, tan cara a los neoliberales.

Ya parte de la izquierda (¿o sería un centro derecha?) que apoya la política del estado para las empresas transnacionales acredita firmemente que esa acción en los países latino-americanos es el comienzo de la integración tan soñada, que el Brasil está haciendo lo que debe a sus "hermanos” latinos. Pero en nuestra evaluación, eso nos es verdad. La acción de las empresas transnacionales (vistas como brasileñas) son predadoras y muchas veces hasta criminosas, como fue el caso de la actuación de las empresas brasileñas en el Ecuador. Sin contar la acción armada del propio estado brasileño con la operación en Haití, que ya lleva más de cinco años. Algunas personas prefieren creer que es una acción humanitaria, pero ¿qué humanidad puede haber en un ejército armado en contra de la gente? Muchas son las denuncias de atrocidades que se comenten por allá y es el ejército brasileño quien está en el comando.

Pero lo que pasa es que todo eso no ocurre sin lucha. Hay una queda de brazo entre tres modelos de desarrollo muy distintos que es, en última instancia, lo que está en juego de verdad. Uno de ellos es ese, del capitalismo dependiente y subimperialista, hegemonizado por la clase dominante. El segundo es el modelo trabajado desde la izquierda, que hoy propone lo que se configuró llamar de Socialismo del Siglo XXI, que recupera los principios basilares del socialismo dialécticamente combinados con los nuevos tiempos. Y en tercero lugar está el modelo que viene de las luchas indígenas, secularmente olvidadas tanto por la derecha cuanto por la izquierda. Según los lideres de esos levantamientos de la gente originaria, la propuesta del socialismo del siglo XX no les contempla y no lleva en consideración sus demandas. La propuesta de los indígenas están consolidadas en el paradigma del "sumak causay”, que quiere decir bien-vivir. Eso concepto que empieza a andar por toda Abya Yala (nombre originario de América Latina) trabaja con la idea de una harmonía con la naturaleza, con la explotación sustentable de los recursos, con la vivencialidad de viejos principios como solidaridad, comunidad, equidad, cooperación, muchos deles muy alejados de las propuestas desarrollistas que existen tanto en el proyecto hegemónico cuanto en los planes de la izquierda.

Muchos otros ejemplos de la acción subimperialista se cuentan a decenas en América Latina, pero la lucha en contra también es muy fuerte, aun más que los pueblos están cambiando sus leyes, fortaleciendo sus instituciones, dando vida a un nuevo constitucionalismo, como es el caso de Ecuador, Venezuela y Bolivia. Hay un proceso revolucionario en curso hoy en Abya Yala, algo que está para mucho más allá de lo que puede pensar el pensamiento progresista o el de la izquierda ortodoxa. Hay un grito comunitario y popular que empezó con fuerza en los años 90, desde Quito, Ecuador, pasando por la revolución zapatista en México, llegando a Bolivia con las guerras de la agua e del gas. Todas esas luchas fueran y son en contra de la acción predadora de las multinacionales y de los gobiernos títeres del imperio. Ahora, lo que pasa es que esa marcha del pueblo en lucha ya no puede más parar.

Eso se queda aún más fuerte con la acción popular insurgente en Europa y Estados Unidos, espacios hasta entonces "domesticados” por la idea del bien-estar social. Eso ya no hay. Y mismo en las regiones que aparecían como el centro del capitalismo ya se pueden percibir los abismos. Eso hace con que la gente se levante en rebelión contra el sistema que los oprime: el capitalismo. Así que todo está en abierto… y todo puede cambiar!...

Fuente: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=63314 (Modificado)

lunes, 26 de septiembre de 2011

El ministro de Defensa de Brasil recuerda la importancia de invertir en la industria militar

(Infodefensa.com) R. Caiafa, Belo Horizonte (Brasil) – El ministro Celso Amorim descató el pasado martes, durante el primer Curso Superior de Política y Estrategia (1º CSUPE), la importancia del diálogo con la sociedad civil para el desarrollo de una mentalidad de Defensa en el país, así como de la inversión en la industria militar.

Comparecieron en el aula inaugural, además, el comandante de la Marina, almirante de Escuadra Júlio Soares de Souza Neto, el jefe del comando terrestre del Ejército (Coter), el general de Ejército Américo Salvador de Oliveira y el jefe del Estado Mayor de la Aeronáutica el teniente brigadier Jorge Godinho Barreto Nery.

Amorim insistió en que “cuanto estaba en el Ministerio de Ciencia y Tecnología tuvo acceso a los principales programas de desarrollo en tecnología de los Estados Unidos. La gran mayoría era de empresas civiles, más las encomiendas del Pentágono cubrían el 50% de la inversión”. Amorim citó como ejemplo brasileño el programa de avión de transporte y reabastecimiento en vuelo KC-390 de Embraer, que cuenta con el apoyo de las industrias de Argentina, Chile y Colombia.

Otros acuerdos que podrían ser explorados, además de los tradicionales como el mantenido con Francia para la producción de submarinos nucleares y convencionales, serían en el ámbito de la cooperación Sur-Sur, principalmente con África del Sur, que ya produce un misil aire-arie de corto alcance para Brasil (el A-Darter), Turquía e India.

De acuerdo con el ministro Celso Amorim, el nuevo proyecto de Ley que crea incentimos para la industria de material de Defensa, el PL-Prod, será fundamental para la viabilidad del sector, pero necesita del acompañamiento de una política continua de adquisición. “No podemos garantizar la supervivencia de la industria de material de Defensa apenas con exportaciones. El uso del equipamiento por un país productor sirve como un sello de calidad”, afirmó el ministro. “Debemos recordar que, en el pasado, un gran grupo nacional, que se centró en encomiendas de un país extranjero, cayó cuando los pedidos internacionales no se materializaron”.

El PL-Prod se inserta perfectamente en la política de desarrollo nacional y de generación de empleo defendida por la presidenta de la República Dilma Rousseff.

miércoles, 29 de junio de 2011

Brasil, más cerca de las potencias que de la región

Por Alberto Armendariz para LA NACION
Durante todo el proceso para elegir al nuevo director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Brasil hizo hincapié en la necesidad de aumentar el peso de las economías emergentes, como la suya. Sin embargo, al momento de votar, se distanció de la mayoría de los países latinoamericanos y respaldó a la francesa Christine Lagarde en vez de la candidatura más regional que representaba Agustín Carstens.

En la decisión de Dilma Rousseff pesó mucho la postura compartida por los otros países del grupo BRIC (Brasil, Rusia, la India y China) y la necesidad de Brasil de resaltar que hoy ya es todo un "jugador global" que no piensa sólo en términos de lo que le interesa a América latina. "Queremos el compromiso de que el director del FMI no sea necesariamente un candidato europeo, para que podamos ampliar cada vez más la representatividad del Fondo y para que trabaje en sintonía con el G-20", resaltó el ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega.

La puja entre la ministra de Economía francesa y el presidente del Banco Central de México puso a Brasil en una disyuntiva: deseaba dejar en claro que quiere terminar con la tradición de que un europeo encabece el Fondo, pero también quería que la nueva jefatura avanzase en el proceso de cambios que comenzó en el FMI tras la crisis global de 2008, y Lagarde parece dar más garantías de que seguirá los pasos del desafortunado Dominique Strauss-Kahn.

"Brasil busca expandir su actuación internacional, diferenciarse como actor global y no sólo como interlocutor de América latina. Y para eso es importante que se muestre al lado de los grandes jugadores mundiales", señaló a La Nacion Alberto Pfeifer, del Grupo de Análisis de Coyunturas Internacionales de la Universidad de San Pablo. Pese a que tanto México como Brasil aspiran a ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, y en el pasado han disputado el liderazgo latinoamericano, los analistas rechazan la idea de que el voto de Brasil haya estado motivado por esta rivalidad.

"Nunca existió esa competencia. México ha limitado su área de influencia a América Central y el Caribe, mientras que Brasil se ha fortalecido en América del Sur. Lamentablemente, América latina no tiene una personalidad única y se mueve a velocidades diferentes", dijo José Botafogo, presidente del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales.

miércoles, 8 de junio de 2011

La decencia no tiene ideología

Por Ricardo Kirschbaum: EDITOR GENERAL DE CLARIN

“Ninguna sociedad moderna puede funcionar sin periodistas, y los periodistas no pueden funcionar sin la sociedad ”. Lo dijo el gran periodista polaco Ryzard Kapucinski para ilustrar dos cuestiones muy vinculadas. La sociedad sin periodistas, que él conocía muy bien en la Polonia comunista, carecía de libertad de expresión , subrogada a la democracia de masas en la que el régimen decía asentarse. Kapucinski admitió luego que él podía escribir desde el extranjero crónicas, algunas excepcionales, que la prensa oficialista “adaptaba” para el público polaco. Los editores eran los representantes directos del poder, que custodiaban, así, lo que los lectores podían leer y censuraban lo que a su criterio afectaba o ponía en peligro al régimen . Eran, en cierto sentido, militantes que escribían el relato que más se ajustaba a lo que el poder necesitaba.

Los periodistas, entonces, deben formar parte de la sociedad a la que le prestan un servicio. Deben transmitir valores , aunque a veces sea disimulado por una gruesa capa de cinismo que tiñe el trabajo. Y deben ser veraces, aunque la información que manejen y publiquen moleste a quienes se dedican, de una forma u otra, a obstruir y condicionar la libertad de expresión y de opinión .

Entre los periodistas, hay autoeticistas que presentan su conducta como evidencia y no salen muy favorecidos en ese escrutinio. Y otros que practican la ética, sin preconizar que son éticos. Detrás de las palabras con la que trabajamos todos los días, existe la decencia y la indecencia, como en la vida.

Más allá de los adelantos tecnológicos, los desafíos profesionales nuevos que el periodismo –y los periodistas– enfrentamos a diario, siempre hay condiciones básicas que deben sostenerse . No tienen que ver con los formatos nuevos, con las tabletas de última generación, con la nueva Internet ni con las estrategias necesarias para que el periodismo sobre papel sobreviva. Tiene que ver con valores .

La decencia, ya se sabe, no tiene ideología.

martes, 22 de marzo de 2011

Hipotecando el futuro

Por Juan J. Llach para LA NACION (*)
La sensación reinante de un fácil triunfo electoral del oficialismo se asienta en gran medida en el rutilante aumento del consumo. Cualquier otro dato de la economía empalidece ante esta fiesta iniciada a la salida de la crisis de 2008-09, coincidente luego con el Bicentenario y que, sin dudarlo, ha permitido el equipamiento y la mejora de las condiciones de vida de millones de hogares en la Argentina.

No es la primera vez que vivimos situaciones de este tipo. Hay antecedentes peronistas, como 1946-52 y 1973-76; otros no peronistas, como la "plata dulce", y peronistas vergonzantes, como la convertibilidad.

Aunque muy distintas en tantos otros aspectos, todas estas experiencias llevaron el consumo a niveles insostenibles y terminaron mal. Que esto último ocurriera nuevamente en el futuro próximo sería doblemente lamentable, porque se daría por primera vez con la situación mundial tan favorable e interrumpiría el ciclo de casi diez años sin crisis serias que se ha dado ahora por primera vez en décadas.

¿Cuáles son los problemas de aumentar el consumo, si en última instancia es el objetivo final de la actividad económica? El primero es el riesgo de un final abrupto. El segundo es que coloca injustamente sobre las espaldas de las próximas generaciones, incluyendo las de los jóvenes de hoy, costosos gravámenes.

Son varios los factores que empujan hoy naturalmente a consumir. Perdido el miedo a la crisis, hay mayor propensión a gastar en esparcimiento, renovando o ampliando stocks de bienes durables y accediendo a nuevos productos, como las netbooks o los plasmas. A esto se agrega una política explícita de promoción del consumo mediante muy bajas tasas de interés y aumentos del gasto público y la base monetaria de más del 30% anual, sin reparar para ello en medios tales como usar las reservas del BCRA para pagar deudas o gasto público. Por cierto, todo esto resulta en un aumento de la inflación que, como se vio tantas veces en el pasado, hace crecer el consumo por la caída de incentivos al ahorro. Esto se ve claramente en los números macroeconómicos.
Si comparamos 2011 con los años notablemente virtuosos de la década, el resultado fiscal empeoró en cerca de 2,5% del PBI, pasando de superávit genuino a déficit o a superávit falaz, y el del balance de pagos cayó 3% del PBI, llegando virtualmente a cero. Ha habido pues una fuerte caída del ahorro público y del ahorro privado y esto ha contribuido a una caída de la inversión equivalente a 2,5% del PBI entre 2007 y 2010. No sólo se ahorra poco, sino que buena parte del ahorro no se realiza en pesos o dentro del sistema financiero, sino acumulando dólares o en el exterior. Las cifras varían enormemente según se use el balance de pagos (devengado) o el mercado cambiario (caja), mostrando una salida de capitales entre 2008 y 2010 de 16.000 millones de dólares, en el primer caso, y de 49.000 millones, en el segundo.
Otro punto que ilustra la naturaleza insostenible del consumismo en curso es la propia inflación. Ya se está llegando a niveles de aumentos de precios que limitarán el consumo por la pérdida de poder adquisitivo de muchos perceptores de ingresos. Se acentúan, asimismo, las distorsiones de precios relativos (tipo de cambio, energía, transportes). Y se están comprometiendo los niveles de vida futuros porque cuanto más se demore en estabilizar, más costoso será en términos de actividad económica, empleos y niveles de pobreza.

Una tercera hipoteca que la Argentina ha contraído es la del sistema previsional. Según estimaciones de Idesa, existen hoy 1,33 aportantes por jubilado, principalmente como consecuencia de los casi tres millones de nuevos beneficios otorgados sin aportes previos. Generosidad para unos e injusticia para otros, porque ésta es una de las causas por las que el haber medio provisional es apenas un 40% del salario medio del sector formal y por las que los juicios de los jubilados avanzan a paso tan lento, con burla sistemática de derechos adquiridos. Si no se buscan soluciones de fondo, esta espada de Damocles será cada vez más gravosa. El problema es más agudo porque el gasto público total se acerca al 45% del PBI, un nivel que luce insostenible. Su carga es aun más pesada porque, desde hace tiempo, la provisión de buena parte de los bienes y servicios públicos es muy deficitaria, como puede verse a diario en la inseguridad y en la baja calidad de la educación brindada en muchas escuelas y universidades.

Es cierto que tanto la cuestión de la seguridad social como la del gasto encuentran un cierto contrapeso en el bajo nivel de endeudamiento público explícito de la Nación, un 47% del PBI, que cae al 25% si se excluyen deudas dentro del propio sector público. Aunque estos valores son mucho mayores incluyendo los holdouts y las deudas del sistema previsional, debe reconocerse que un gobierno que se tome las cosas en serio tendría aquí una herramienta.

En la economía real, y pese a las declamaciones sobre el modelo productivo, la competitividad sistémica de la producción argentina no ha avanzado significativamente en la última década, salvo en la agricultura, la vitivinicultura y algunas empresas manufactureras.
El país no está hoy mejor que hace una década para crecer y desarrollarse de manera endógena y sostenida y con mayor independencia de los vientos a favor globales. Se ha desaprovechado así una década excepcional. Las nuevas clases empresarias innovadoras no tienen masa crítica ni mucho menos la oscura y acelerada acumulación de capital de los grupos empresarios amigos del poder. En cuanto a las empresas públicas, aun desde una visión pragmática acerca de quién debe prestar los servicios, resulta claro que el avance estatal de esta década ha reducido la eficiencia y la eficacia en algunas prestaciones (casos de algunos ferrocarriles) y ha fomentado la dilapidación de recursos públicos, como se ve en el déficit creciente de Aerolíneas Argentinas o en casos como los de Atucha II o Cóndor Cliff y Barrancosa, mencionados por los ex secretarios de energía en su último documento.

Con la energía hay, por cierto, problemas más hondos, como el hecho de que la demanda aumenta más del 40% y la oferta crece 21%, lo que resulta en un sostenido aumento de las importaciones que nos convertirá en importadores netos en poco tiempo mientras se sigue casi regalando la energía a millones que pueden pagarla. La lista podría ampliarse hasta el cansancio, porque tampoco se está dando educación de calidad a buena parte de nuestros jóvenes ni limitando el desarrollo del poder paralelo del narcotráfico ni manteniendo y ampliando lo necesario la infraestructura de transportes.

Pese a ser un año de elecciones presidenciales, estos temas no figuran en la agenda del Gobierno, que, por el contrario, actúa como si no quisiera heredarse a sí mismo presentando todo lo que ocurre como un éxito que no empaña un futuro venturoso. En verdad, se está recayendo en el viejo error argentino de timbear el futuro pensando sólo en el presente. Más aún, ahora se hace aparecer como políticamente incorrecto al aguafiestas que advierte sobre los riesgos, y este clima instalado por el Gobierno contagia a parte de la oposición.

Es un grave error, porque para que la Argentina continúe creciendo deberán corregirse las falencias mencionadas. Todavía puede evitarse un final abrupto, aunque este riesgo ha aumentado considerablemente. En todo caso, la triste verdad es que, tal como se está procediendo, lo más probable es que sean una vez más los más pobres de la sociedad los principales pagadores de una fiesta en buena medida ajena.

(*) El autor es economista y sociólogo. Fue ministro de Educación de la Nación

domingo, 20 de marzo de 2011

Para Obama la prioridad es Brasil, no América del Sur

Por Jorge Castro, Analista - Diario Clarín

Otro ciclo. EE.UU. se reinventa cada 15 años. Ahora debe ajustarse al vuelco de la historia mundial hacia China y apoyarse en su tecnología de punta.
América del Sur no es prioritaria para EE.UU., mientras que América Latina del Norte (de México a Panamá) ha completado su proceso de integración funcional con la sociedad y la economía norteamericanas. La prioridad de EE.UU. en América del Sur es Brasil, como lo señaló Obama en Río y Brasilia, no por sus características latinoamericanas, sino por su condición de actor global , tanto en lo político como lo económico.

Brasil es uno de los tres gigantes emergentes -junto con China e India-, que constituyen el eje del nuevo mecanismo global de acumulación, surgido tras la crisis financiera internacional 2008-2009. Este eje, en que China ocupa un lugar decisivo, constituye la prioridad estratégica de EE.UU. en su agenda global del siglo XXI.

Dice Lawrence Summers, ex director del Consejo Económico Nacional (US NEC) y cerebro estratégico de la administración Obama: “Cuando alguien escriba sobre la historia de nuestro tiempo en 50 o 100 años, no será sobre la gran recesión de 2008, ni respecto al problema fiscal de EE.UU. Lo hará sobre cómo el mundo -y en especial EE.UU.- se ajusta al movimiento del eje de la historia hacia China (…) La cuestión central de la política norteamericana es cómo se vincula con China en este mundo en transformación”.

El principal ajuste que tiene que hacer EE.UU. es fortalecer y renovar la industria manufacturera exportadora de bienes de equipo y de capital de alta tecnología. Esto ocurre cuando China se ha convertido en la primera fabricante de productos manufacturados en el mundo y ha dado término a la hegemonía de EE.UU. que duró 110 años .

China logró en 2010 producir 19,8% del PBI manufacturado mundial, mientras que EE.UU. ocupó el segundo lugar, con 19,4%. Es un giro fundamental de la división internacional de trabajo, referido al núcleo de la revolución industrial, que tiende a profundizarse. Falta agregar que la productividad norteamericana es inmensamente superior a la de China . Los dos países producen prácticamente lo mismo, pero EE.UU. utiliza 11 millones de trabajadores, en tanto China requiere más de 100 millones.

La industria manufacturera estadounidense crece ahora por encima del producto (6% anual/ 2,9%) e incluso el empleo en el sector supera el aumento general de la ocupación (+1,6% en febrero vs. 1%). Esta expansión cíclica está acompañada de un cambio estructural. El cálculo que hace el Consejo de Asesores Económicos de Obama (febrero 2011) es que 71% del aumento de las exportaciones industriales entre 2009 y 2014 provendrá de las economías emergentes. Las ventas al Asia aumentaron 43% el año pasado y 58% a América latina, en tanto que en el mercado estadounidense crecieron 30%.

Ahora la industria exportadora ha sumergido la totalidad de sus operaciones en Internet, incluyendo el conjunto de la cadena global de provisión, desde el cliente a los nuevos productos, y los ha integrado en una sola estructura de operación mundial , que funciona a altos niveles de velocidad/productividad. Es una orquestación superior de lanzamientos de productos a escala planetaria, que sigue el rumbo de Apple, Google y Facebook.

En la industria exportadora de EE.UU. ahora hay 3,5 millones de trabajadores menos que en 2000, pero 75% de ellos hoy producen tanto como 100 entonces.

La tendencia de las exportaciones estadounidenses es nítida. En enero 2011 se exportaron U$S 167,700 millones de bienes y servicios, récord histórico. Significa que las exportaciones ascendieron a U$S 1,86 billones (+18,2%) y las exportaciones de bienes crecieron en ese período 22% . A su vez, las ventas a China aumentaron 32,2% y 35,5% a Brasil. La especialidad norteamericana es reinventarse cada 15 años, a condición de experimentar una crisis aguda de carácter histórico, como la de 2008/2009.

Comentario:
Amigos, permitanme una disgresión: "Todos se rascan para adentro..."
¡¡¡Viva la ingenieria inversa china -nadie le hace juicio a China por las copias, sin licencias- asociada a una mano de obra barata y que trabajan en industrias migradas de paises del "primer mundo" para bajar los costos!!! Un pais con métodos de producción comunista y de ventas capitalistas... y no estoy criticandolos.
Mejor cierro mi boca.
Jorge Elías

sábado, 19 de marzo de 2011

Obama llegó a Brasil con una millonaria agenda de negocios

Por Eleonora Gosman - Diario Clarín

Anunciará un crédito por US$ 1.000 millones para proyectos petroleros.
El presidente Barack Obama aterriza hoy en Brasil, el primer país sudamericano a visitar. Es una opción natural: se trata del mayor mercado de la región , hay nuevas y abundantes fuentes de petróleo y se avecina un momento de grandes obras para la Copa del Mundo de 2014 y las Olimpíadas de 2016. Si estos son los grandes temas de la agenda, no quiere decir que esté ausente el factor político. Al jefe de la primera potencia mundial no se le escapa el cambio que representó la salida de Lula da Silva y la entrada de Dilma Rousseff en el Palacio del Planalto.

No son apenas diferencias de estilos sino también de concepciones de cómo posicionarse en el continente y en el mundo. Dilma y su equipo, con el canciller Antonio Patriota a la cabeza, son más propensos a aproximarse a las propuestas del gobierno estadounidense que Lula y su ex ministro Celso Amorim. Para la presidenta la llegada de Obama, junto con su esposa Michelle y sus dos hijas, representa “una conciencia progresiva del papel internacional que asumió Brasil”.

“Por nuestros vínculos históricos con EE.UU., y por estar en la misma región, podemos ser un socio importantísimo”, dijo la presidenta Rousseff. Obama viene con compromisos de créditos y con una nutrida caravana empresarial . Anunciará un crédito del Eximbank por 1.000 millones de dólares para proyectos vinculados con la explotación petrolera en las nuevas reservas submarinas.

Ese es tal vez el asunto estratégico más destacado. Dilma y el canciller Patriota dijeron que quieren convertir a Brasil en el gran proveedor sudamericano de petróleo . Pero también hay dinero para otros negocios. El mismo banco otorgará una línea semejante para obras de infraestructura a construir para el mundial de fútbol y las olimpíadas. Ambos jefes de Estado cerrarán un encuentro empresarial brasileño-norteamericano. Los estadounidenses vienen a “vender” como declararon participantes de la comitiva y se encontrarán en Brasilia con empresarios que buscan “que nos compren”.

¿Qué espera Brasil desde el punto de vista político? De acuerdo con Rousseff, su gobierno pretende que se reconozca “el gusto por el consenso y por la conversación” que tiene este país. “Eso caracteriza la contribución que Brasil puede dar para la construcción de la paz mundial”. Pero al mismo tiempo quiere que Washington no los trate como “un país de la época de la Alianza para el Progreso”. “No precisamos ese tipo de ayuda”, subrayó Dilma. Fue el titular del Senado brasileño, el ex presidente José Sarney (un aliado firme del ex presidente Lula y ahora de Rousseff), quien colocó la visita de Barack Obama en términos realistas: “Prestigia al país, pero la importancia es sobre todo simbólica”.

Claro que las relaciones en el mundo se construyen con simbolismos. Y si no, basta observar el enojo que produjo entre vecinos de Brasil no ser incluidos en esta primera gira sudamericana. Obama eligió Santiago de Chile como segunda escala (la tercera y última es en El Salvador); es decir, evitó otros dos grandes países del continente: Argentina, en primer lugar y luego Colombia. Ser excluidos produjo una fuerte irritación tanto en Buenos Aires como en Bogotá.

Esta es casi la única razón que explica la visita de Dilma a Buenos Aires, el 31 de enero pasado, cuando desembarcó en Aeroparque para entrevistarse con Cristina Kirchner. Hasta ahora, fue su primer y único viaje presidencial al exterior. En Brasil saben que las relaciones con Estados Unidos constituyen “un equilibrio delicado” en la región. Este es un dato de la historia.

Sarney, con un ojo político muy aguzado, sostuvo ayer: “No creo que haya resultados inmediatos ni cambios fundamentales en la política de Brasil con los Estados Unidos”. Recordó que ya en el gobierno de Lula “se construyó una política madura y estable”. En Washington sostienen que la gira de Obama, que se inicia hoy por la noche en Brasilia y termina el domingo en Río de Janeiro, es un “reconocimiento” del estatus regional de Brasil “y una muestra del compromiso con nuestro propio hemisferio”. Pero nadie se ilusiona con algo más concreto como sería el reconocimiento de Obama de que Brasil debe integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como miembro permanente.

jueves, 17 de marzo de 2011

Rousseff: "Queremos una asociación con el gobierno norteamericano"

La presidente de Brasil se pronunció a favor de sellar una alianza con los EEUU. Lo dijo antes de la llegada de Obama a su país, donde se generó un furor. Ratificó su condena a Irán
Crédito foto: Reuters

La presidente brasileña, Dilma Rousseff, afirmó que la visita de su par Barack Obama este fin de semana consolida la percepción de que Brasil puede "ser un socio importantísimo" de los Estados Unidos, en entrevista al diario Valor, publicada el jueves. "Creo que tanto para nosotros como para los Estados Unidos, el jugo, lo que queda –tras la visita de Obama– es la progresiva conciencia de que Brasil es un país que asumió su papel internacional y que puede, por sus vínculos históricos con los EEUU y por estar en la misma región, ser un socio importantísimo", dijo la mandataria de 62 años, que asumió el poder en enero.

"¿Qué otro país del mundo tiene la reserva de petróleo que tenemos, no tiene guerra, no tiene conflicto étnico, respeta contratos, tiene principios democráticos extremamente claros y visión del mundo tan favorable a la paz?", cuestionó Dilma, al llamar a los EEUU a percibir el país de acuerdo a las circunstancias. Dilma dijo que su gobierno será un fuerte defensor de los derechos humanos: "No estoy de acuerdo con la lapidación de mujeres (en Irán)".

Uno de los temas que distanció a Brasil y a los Estados Unidos fue el acercamiento entre los brasileños e Irán. Obama llegará el sábado a Brasilia, donde se reunirá con Rousseff, en su primera visita al país desde que asumió la presidencia en 2009. El domingo pronunciará un discurso público en Río de Janeiro.

La mandataria espera, entre otros resultados de esta visita, una asociación estratégica en el área de satélites, "especialmente para la evaluación del clima" y para la educación superior. "Es fundamental que Brasil apueste a la formación en el exterior (...) queremos una asociación con el gobierno norteamericano que nos garantice lugares en las mejores escuelas. Nosotros damos las ayudas económicas", dijo Rousseff, quien afirmó que también buscará esos acuerdos con otros países.

Además de Brasil, el presidente Obama visitará en esta gira Chile y El Salvador.

Fuente: Infobae.com
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