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viernes, 26 de mayo de 2017

La energía, clave para la integración

Resultado de imagen para agenda energética entre la Argentina y ChilePor Andrés Rebolledo - La Nación
La actual agenda energética entre la Argentina y Chile continúa el camino iniciado en 2016. Apuntamos a una integración profunda entre ambos países para asegurar un abastecimiento seguro y eficiente a ambos lados de la Cordillera y, al mismo tiempo, buscamos estrechar aún más nuestros vínculos económicos.

El balance de 2016 quedará escrito en los anales de la relación bilateral entre ambos países como un hito en esta nueva etapa de integración binacional. En febrero del año pasado se inició la exportación de electricidad de Chile a la Argentina en la norteña línea Andes-Salta. Tres meses después, iniciamos el suministro de gas natural licuado, a razón de 5,5 millones de metros cúbicos al día, materializando así el acuerdo de abastecimiento a la Argentina. Lo hicimos en el Norte, desde Mejillones, con el gasoducto Norandino, y en la zona central, desde Quinteros, a través del gasoducto GasAndes.

Estas iniciativas de tanta importancia para la integración binacional se ven actualmente reforzadas mediante nuevos pasos para profundizar la integración energética. En efecto, anteayer se realizó la Macro Rueda Norte de Comercio e Integración Productiva Argentina-Chile, donde uno de los temas destacados fue precisamente continuar con los compromisos en el ámbito de la energía. En esta oportunidad tuve la satisfacción de visitar la primera línea de interconexión con la Argentina que entró en operación hace ya más de un año. Esta línea es además una puerta de entrada para una futura integración energética con el Mercosur, lo que coincide con una de las prioridades de la política comercial de nuestro país: convertir a Chile en puente entre los países del Atlántico y el Pacífico.

La interconexión con la Argentina no sólo apunta al beneficio bilateral, sino que tiene una dimensión estratégica: avanzar hacia la anhelada integración energética regional. La importancia de esta dimensión se refiere al hecho de que América del Sur es una de las zonas menos interconectadas del planeta y la energía es un motor clave para el desarrollo. En consecuencia, con esta perspectiva en mente buscamos mejorar la seguridad de suministro, lo que adicionalmente robustece y flexibiliza el sistema eléctrico.

Así las cosas, estimamos de gran utilidad haber priorizado en nuestra agenda energética de 2017 la profundización de los compromisos bilaterales con la Argentina. Nuestra política ha recibido el apoyo de la banca multilateral, que está estudiando nuevas alternativas de conexión eléctrica a lo largo de nuestra extensa frontera, entre las cuales se destaca aprovechar el paso fronterizo Aguas Negras para establecer redes eléctricas entre las regiones de Coquimbo y San Juan.

Finalmente, hay que destacar que la integración energética bilateral no sólo se restringe al ámbito eléctrico. El Memorándum de Entendimiento binacional de 2014 contempla, además de las interconexiones de electricidad, actividades de cooperación en eficiencia energética, energías renovables y el desarrollo de los sistemas de intercambio de gas. Sobre esto último estamos conversando un protocolo para establecer el marco regulatorio que nos permita llevar a cabo intercambios físicos también en gas natural.

Ambos países tienen la firme voluntad de fortalecer la integración bilateral, convencidos de que la conjunción de esfuerzos es el camino para mejorar el crecimiento económico y favorecer el progreso social.

Ministro de Energía de Chile

jueves, 18 de mayo de 2017

Las deficiencias argentinas ante el espejo chino

Por Carlos Pagni - LA NACION
La estadía de Mauricio Macri en China es una formidable radiografía para advertir el lugar que ocupa la Argentina en el mundo. Las ventajas y dificultades del país para atraer inversiones. La inflexibilidad de ciertas relaciones exteriores. Y la continuidad de algunos negocios privados, que atraviesan todos los regímenes. También ayuda a comprender aspectos centrales del papel que hoy juegan los chinos en el mundo.


Macri llegó a Pekín dos días antes de que comience su visita oficial, para participar de una gran exhibición de Xi Jinping . El presidente chino encabezó un foro llamado "Una franja, una ruta", en el que exhibió la red de autopistas, puertos, ferrocarriles y usinas que su país está tendiendo alrededor del mundo. Macri compartió esa cumbre con otros 28 jefes de Estado. Estaban también el secretario general de las Naciones Unidas, la directora-gerenta del Fondo Monetario Internacional y el presidente del Banco Mundial. Sobre la mesa, US$ 900.000 millones de bancos estatales a tasas bajas y plazos generosos. Los objetivos son colocar en el exterior los excedentes de ahorro y producción, y garantizar infraestructura a sus proveedores de materias primas. Esta estrategia, que nació en 2013, tiene un aire de familia con la del imperio británico durante el siglo XIX. Y ofrece un contraste llamativo y deliberado. Xi actúa como un líder global de comercio e inversiones cuando el proteccionista Donald Trump enloquece a los mercados y repliega a su país sobre el slogan "America first". Macri disfruta la presentación china, ansioso por inversiones que en el mercado convencional siguen siendo esquivas.

El viaje presidencial no puede ser entendido fuera de este contexto. Tampoco aislado de las relaciones que el kirchnerismo estableció con China. La peregrinación a Pekín ha sido una exhibición llamativa de esa continuidad. Aun cuando el Gobierno pretenda modificarla. La persistencia más obvia es retórica. Los chinos volvieron a consentir que los funcionarios argentinos anuncien inversiones por más de US$ 30.000 millones. Igual que permitieron a Néstor Kirchner, en 2004, fantasear con que su retrato sería colgado entre los de Gardel y San Martín porque conseguiría US$ 20.000 millones. En 2010, su esposa sería recibida en Pekín con el mismo ritual que disfrutó Macri. Le aseguraron US$ 10.000 millones. En aquel momento la relación argentino-china estaba en manos de Franco Macri, quien festejaba que "el país está viviendo una etapa interesante". Ya había transferido su constructora, Iecsa, a su sobrino Angelo Calcaterra.

Lo único tangible de aquellas promesas es la concesión de dos represas santacruceñas. Al cabo de un proceso plagado de irregularidades, el negocio quedó en manos del kirchnerista Gerardo Luis Ferreyra, de Electroingeniería, asociado a la china Gezhouba, y señalado por sobornos en la causa Lava Jato. A pesar de que la oferta más ventajosa había sido la de Lázaro Báez, asociado a Iecsa, de Calcaterra, y a la china Sinohydro. Báez, que ya estaba envuelto en su tormenta, fue obligado a abrir la mano. Igual que el primo del Presidente. Una curiosidad: el nuevo dueño de Iecsa, Marcelo Mindlin, acompañó a Macri en este viaje. Fue socio de Electroingeniería en Transener. El mundo es un pañuelo.

Las centrales Kirchner y Cepernic eran, y tal vez sigan siendo, una quimera. Desproporcionadas para un río cuyo caudal no supera los 790 metros cúbicos por segundo, no están conectadas al sistema nacional. Julio De Vido y el noctámbulo José López no previeron un dictamen de impacto ambiental. Precavidos, los chinos exigieron una cláusula cross default: si no se pagaban estas obras, caerían todos los demás créditos.

Apenas llegó al poder, Macri prometió a los ambientalistas la suspensión de las represas. Pero al poco tiempo comenzó a descubrir algunos límites. Susana Malcorra le hizo notar que no se podía romper con China. Juan José Aranguren confesó que preferiría un contratista distinto de Ferreyra, quien, además de estar acusado por corrupción, jamás realizó una represa. Se ve que ignora su capacidad de aprendizaje: cuando llegaron los Kirchner fabricaba tableros eléctricos; dos años más tarde monopolizaba el transporte de alta tensión. El misterio es por qué ahora no puede pagar las cargas sociales de Radio del Plata, donde se convirtió en radiodifusor.

Aranguren debió bajar los brazos con un argumento piadoso: hasta que no recuperemos el autoabastecimiento energético, todo debe ser considerado. Eso sí, reclamó a los contratistas que ajustaran la dimensión de las represas, lo que significa que tendrán menos turbinas. El problema pasó a Sergio Bergman, quien debió supervisar las condiciones ambientales. En especial después de que, en diciembre, la Corte convalidó una cautelar ecologista. Corolario: ayer Macri debió ser persuasivo frente a Xi. Le explicó que, dadas las exigencias judiciales, su gobierno estaba en condiciones de avanzar dentro de dos meses.

Macri debió bajar la cabeza frente a los chinos y al electrokirchnerista Ferreyra. Tampoco pudo corregir el acuerdo de cooperación firmado por Cristina Kirchner en 2013. Los proyectos que se anunciaron durante la visita se enmarcan en ese convenio: a cambio de financiamiento barato de bancos estatales, las empresas chinas, que también son casi todas del Estado, se adjudican obras sin licitación. Cuando se aprobó, la oposición al kirchnerismo amenazó con revisar ese tratado si llegaba al poder. Otro imposible.

El día en que comenzó la visita de Macri, se publicó la resolución 74-E por la cual el Ministerio de Finanzas aceptó los compromisos que demande el Plan Quinquenal de obras suscripto con China. Incluye 16 iniciativas, entre las cuales hay cuatro centrales hidroeléctricas, para provincias gobernadas por el PJ; un detalle que algunos ven como el germen de una transversalidad poselectoral. También contempla una planta de energía solar en Jujuy, en la que está muy interesado el Presidente. Otra curiosidad: el jujeño Gerardo Morales fue quien, siendo senador, prometió la revisión del tratado en el que se inscribe esta usina. Los chinos exigen, además, realizar el tendido que conecte las dos centrales santacruceñas con el sistema eléctrico. Y anotan a la Argentina con dos centrales nucleares, por U$S 12.500 millones. ¿Cuál sería la tarifa que habría que cobrar para que esa inversión se justifique? Hay expertos que aventuran que sería 5 veces la actual. Son enigmas.

En el paquete de concesiones aparece la rehabilitación de los ferrocarriles de cargas San Martín, Roca, Mitre, Urquiza y Belgrano. La iniciativa más avanzada es la del San Martín. Los funcionarios intentan modificar el régimen contractual heredado de Florencio Randazzo para el Belgrano. Ahora China financiaría 1600 kilómetros, pero sólo se adjudicaría 700. Podrían incorporar hasta 15% de mano de obra de su país. Por lo tanto, deben subcontratar 85% con empresas locales. La clave del negocio está en la tasa: 3,5% con 5 años de gracia. Los precios no deben superar los del mercado local, lo que sería una prerrogativa porque las compañías chinas son muchísimo más productivas.

Por suerte este paquete de concesiones se denomina Plan Quinquenal. Ese homenaje literario tal vez evite que el campo nac&pop levante la bandera de liberación o dependencia. Como si se tratara, por seguir con la comparación británica, de un pacto Roca-Runciman. Es muy probable que China saque provechos extraordinarios si estos proyectos se concretan. Y es muy probable que esos beneficios sean inevitables, como ocurrió con el tratado de 1933. El tránsito que predica Macri hacia una economía en cuyo centro se coloque al inversor privado, también es gradualista. La Argentina tiene costos elevadísimos. Basta observar en estos días Vaca Muerta: el sindicato de petroleros privados se niega a aplicar la flexibilización que convalidó su titular, Guillermo Pereyra.

Macri pretende aliviar la chino-dependencia. Pidió a Xi que envíe turistas a la Argentina para equilibrar la balanza comercial. Y sumó a la comitiva a su empresario favorito: su sucesor en Boca, Daniel Angelici, jefe fáctico de la AFA. Había que preverlo. El Presidente sumó el fútbol a su política exterior. Hizo bien. De lo que llevó para mostrar, es lo más competitivo.

lunes, 15 de mayo de 2017

Metrobus Matanza, un pequeño paso para un enorme desafío

Por Héctor Zajac - Clarin.com
La apertura del Metrobus “La Matanza” es sólo un buen comienzo. Una obra de bajo costo relativo que organiza positivamente la movilidad y seguridad vial y física de miles de vecinos beneficiados tanto por la disminución en los tiempos de viaje, como por el mejoramiento de una infraestructura en estado calamitoso.
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La repavimentación de las principales vías, los puentes y cruces peatonales, alumbrado, semaforización (aumento y sincronía) y en casos, obras hídricas con asfaltado en calles de tierra compensa la suspicacia electoralista que supone tal inversión en territorio políticamente adverso. Su legitimidad emana de la “redistribución progresiva de suelo” que hay detrás de la consignación prioritaria a un medio usado por la amplia mayoría de los habitantes, y cuya relación de espacio ocupado en arteria por pasajero es altamente más eficiente que la del auto. Sin embargo, una reversión sensible en la odisea cotidiana de la movilidad de los matanceños es harina de otro costal.

La combinación de una ausencia de planeamiento urbano, y una administración descentralizada en el contexto desregulatorio de los años 90 devino en una enorme concentración del sector de autotransporte de pasajeros favoreciendo prácticas especulativas que reproducen segregación urbana en gran escala: la singularidad geográfica de asentamientos en crecimiento permanente, ávidos de movilidad hacia la Capital a pocos kilómetros de los corredores principales, es “aprovechada” mediante una distribución de barrios por empresas por un lado y, por un monopolio en la oferta de los destinos más demandados por otro.
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Al poseer líneas de colectivo nacionales (sin restricciones jurisdiccionales en la circulación), provinciales (van de un municipio a otro, no pueden entrar en CABA ), y municipales (confinadas al municipio), las empresas segmentan lo que debiera ser un módulo único de oferta a destino -o una sola línea nacional- “sacando”( en la jerga de empresarios del sector) a la gente de los barrios con líneas municipales y provinciales hasta las rutas importantes, y obligando a la mayoría que va a centros alejados de los barrios a hacer transbordos con líneas nacionales de la misma compañía que las anteriores, y a pagar uno o más boletos extra. El cuadro se replica con matices en todo el conurbano. Un mejoramiento significativo en la accesibilidad de los bonaerenses depende de una modificación de las condiciones que favorecen el poder desmedido de las empresas en el sector.​

En este sentido, un organismo centralizado de gestión integrada que quiebre la fragmentación jurisdiccional, replicando la funcionalidad sistémica de una red que no termina en la General Paz, puede identificar redundancias especulativas y eliminarlas con la instauración de un boleto único.
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El ferrocarril Belgrano Sur, con una traza paralela a los corredores que podría equilibrar la balanza, no ha ofrecido competencia alguna al autotransporte en virtud de su pésimo estado, que impide a los usuarios ceñirse a su tabla horaria. El plan que promete multiplicar por diez su número de usuarios es de suma importancia y obligada extrapolación al resto de los ramales del AMBA. El desarrollo de una red ferroviaria pública de calidad permite mejor que ningún medio combatir la segregación, achicando la brecha entre producción de infraestructura y su apropiación. Allí debe dirigirse el grueso de los esfuerzos.

Héctor Zajac es Geógrafo (UBA-Universidad de Nueva York)

domingo, 30 de abril de 2017

Plan Belgrano: nueva derrota para el Norte argentino

Resultado de imagen para Plan BelgranoPor Jorge Neme - Clarin.com
Durante la campaña presidencial, el entonces candidato a presidente Mauricio Macri lanzó el Plan Belgrano. Una excelente idea destinada a encender las expectativas y esperanzas del Norte, bajo la impronta de una figura relevante históricamente vinculada a la región.

El Norte sufre un deterioro económico y social desde hace varias décadas y es la región más pobre del país. Su ingreso no alcanza el 50% del ingreso medio del resto de los argentinos, ni al 20% de los ingresos de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. Su población padece la falta de acceso a la salud, la educación, los bienes públicos y la carencia de oportunidades en sus proyectos de vida. Por eso, tras la victoria de Macri, fue muy auspiciosa la institucionalización del Plan Belgrano, que adquirió rango ministerial.

El Plan tenía como objetivos “el desarrollo y coordinación de las políticas sociales, productivas y de infraestructura que reduzcan la desigualdad en la región Norte”. Iban a llegar millones en inversiones para las 10 provincias del Norte Argentino. Parecía que el proceso de decadencia, inequidad y marginalidad llegaba a su fin, luego de muchas décadas de sufrimientos. La conducción del Plan Belgrano le fue encomendada al tucumano José Cano quien había perdido la Gobernación de Tucumán en manos del peronismo, representado por Juan Manzur. Fue un modo de compensar su aporte a Cambiemos.

Pasados 16 meses, es necesario evaluar la gestión y aporte del Plan Belgrano a superar los desequilibrios que perjudican al Norte. Y lo cierto es que hoy nadie conoce en qué consiste el Plan. No existen políticas, gestión, presupuesto, inversiones ni obras. Ni siquiera se reunieron una vez los diez gobernadores del Norte, que son los interlocutores naturales en ese ambicioso Plan.

Más aún: a casi un año y medio del lanzamiento, no hay un enunciado que defina cuáles son los problemas de la región, la situación de sus cadenas productivas, que realidad tienen los sectores competitivos y dinámicos, quienes cuentan con potencial de crecimiento y cuales requieren atención para alcanzar competitividad. No se avanzó en la tarea primordial de ponerle letra al Plan ni elaborar un discurso sobre la gravedad de la realidad norteña y las propuestas para abordarlo. En paralelo con esta virtual parálisis, la política nacional se fue alejando del Norte y el Plan Belgrano y se orientó hacia los intereses porteños, más acorde con el legado de Bartolomé Mitre. Una figura histórica innegablemente vinculada a Buenos Aires.

Así, mientras el Plan Belgrano se desvanecía, avanzó un verdadero “Plan Mitre”. La ayuda financiera por $25.000 millones para la Provincia de Buenos Aires, obras como el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento por $45.000 millones, la Autopista Ribereña por $9.700 millones, la Autopista Illia Bis por $1.600 millones, el Metrobus Sur por $1.500 millones, la urbanización de la Villa 31 por $320 millones, obras de agua y cloacas por $1.900 millones y las mejoras de las estaciones suburbanas del Ferrocarril Belgrano por $ 3.000 millones, se ejecutan entre otras inversiones con centralidad en la Ciudad más rica de la Argentina mientras los recursos nacionales destinados a inversiones transferidos a las provincias del Norte disminuyeron del 46,3% en el 2015 al 33,9% en el 2016.

El Plan Belgrano podría haber equilibrado la balanza entre Buenos Aires y el Norte, o al menos nivelar en alguna medida este Plan Mitre que fue floreciendo de hecho. Así, en poco más de un año, el Plan Belgrano sin visión, estrategia, autoridad política ni conocimientos, fue convertido en una enorme cáscara vacía y en una nueva frustración para los pueblos del Norte Argentino y sus economías regionales.
Jorge Neme es sociólogo. Secretario de Relaciones Internacionales de la provincia de Tucumán.

Comentario:
Los habitantes de la región deberían ser aconsejados por el señor gobernador tucumano para saber como incrementar su patrimonio. Asimismo, hay una palabra que no se emplea frecuentemente y que solucionaría muchas penurias económicas: Cooperativismo, asociación y solidaridad. Algo para ser tomado en cuenta. Ademas, debería reflexionarse donde están los votos, cuando se asignan recursos...

lunes, 24 de abril de 2017

Sindicalistas, verdaderos señores feudales

José Luis Espert

Por José Luis Espert - LA NACION

Tienen un gigantesco poder político, son un tercio del movimiento justicialista y manejan sumas millonarias en un país con 30% de pobres


Pareciera ser ayer que el presidente Mauricio Macri le dio al sindicalismo el control total y directo de los fondos de las Obras Sociales al designar al médico Luis Scervino, espada del líder del sindicato de Obras Sanitarias, Luis Lingeri, presidente de la Superintendencia de Servicios de Salud. Fue hace poco que Macri les devolvió a los sindicatos 29.000 millones de pesos del Fondo Solidario de Redistribución que el kirchnerismo retuvo unilateralmente durante años en una cuenta del Banco Nación.

Foto: Alejandro Agdamus
Sin embargo, desde el anuncio del paro general que la CGT llevó a cabo el pasado 6 de abril, el Presidente se ha mostrado duro y hasta agresivo con los sindicalistas. Casi les dijo "mafiosos" en la cara en un acto en el Salón Blanco de la Casa Rosada, en el que presentó el Acuerdo Federal para la Construcción, uno de los tantos convenios sectoriales que el Gobierno firma con sectores "sensibles" que no tienen nada que envidiarles a los de Cavallo de 2001 o los del ex jefe de Gabinete kirchnerista, el actual intendente y a veces hasta recolector de basura en Resistencia (Chaco), Jorge Milton Capitanich. "Que no nos dobleguen" (en referencia a los sindicalistas), machacó el Presidente unos días más tarde e insistió con su proyecto de hacer más cristalinas las elecciones en los sindicatos.

¿Va en serio el Presidente contra los sindicalistas o se trata de una cortina de humo, como su obsesión por el déficit fiscal, cuando no para de aumentarlo, o su deseo de una economía más abierta al mundo, cuando al mismo tiempo cuida que los sectores "sensibles" mantengan altos niveles de protección, provocando que muchos argentinos, los fines de semanas largos huyan a los países limítrofes a comprarse "todo"?

En cualquier caso, es bueno poner de manifiesto que sin eliminar, dar de baja y cambiar por completo el actual sistema sindical, la Argentina no abandonará la decadencia casi secular que denuncio en mi libro de reciente aparición "La Argentina Devorada" (Galerna).

Los sindicalistas, a pesar de que tienen miembros presos, como el ex bancario Juan José Zanola, o el ex factótum del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), el Caballo Suárez, y otros por ser partícipes de asesinatos, como el ex ferroviario José Pedraza, también tienen otros que se pavonean orondos designando presidentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), como Hugo Moyano, u otros como el capitoste del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh), Víctor Santa María, que es dueño de diarios y hasta de programas de radio y televisión.

La patología número uno de los sindicatos es su gigantesco poder político. Son un tercio del movimiento justicialista, o sea, un tercio de la representación del PJ por estatutos corresponde a los sindicalistas. Ponen gobernadores, intendentes, tienen gran cantidad de representantes en todos los parlamentos del interior, más de cincuenta legisladores entre diputados y senadores. Tienen un poder social, por la cantidad de representación que tienen, que si bien varía según el gremio, en todos los casos es fabuloso. Y como es evidente, tienen un poder económico extraordinario. Constituyen, después de YPF y junto con la multinacional argentina Ternium, la segunda empresa en facturación de la Argentina, entre las obras sociales y los aportes compulsivos a los sindicatos, con alrededor de $ 120.000 millones al año, el 1,2% del producto bruto interno (PBI). Todo esto con controles administrativos que tienen la solidez de un flan.

Detengámonos un poco acá. Los sindicatos son sujetos de derecho privado, pero es el Estado, con todo su poder de policía a través de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), la que recauda los ingresos de "sus" Obras Sociales. Algo parecido ocurre con la cuota sindical, que siendo una detracción que sufre el trabajador de su salario, es el empresario el que la recauda por cuenta y orden del sindicato. El sindicalista sólo tiene que esperar que entren esos verdaderos tsunamis de dinero sin realizar esfuerzo alguno... y gastarlos.

¿Cómo les va a importar a nuestros sindicalistas que los impuestos al trabajo (récord mundial) hambreen a los trabajadores cobrando salarios de bolsillo miserables y provoquen más de un tercio de los trabajadores en negro (única manera que las empresas tienen de lograr algo de flexibilidad laboral) si manejan semejante montaña de dinero?

Otra patología es que el sistema está armado para que siempre estén los mismos, para que no haya mayorías y minorías. El que gana se lleva el 100%, lo cual es contrario a cualquier sistema democrático. Si hay dos o tres listas, debería haber una representación proporcional de todas ellas. Es inadmisible que el sindicato "más representativo" se lleve todo, vaciando de contenido al resto de los sindicatos que pululan en el sector.

Los estatutos sindicales son normas privadas que, como se articulan a partir de la ley de asociaciones profesionales (o sindicales), tienen fuerza de ley y, según estos estatutos, en la mayoría de los casos, para ser secretario general del sindicato hay muchos más requisitos que para ser presidente de la Nación. Para ser presidente de la Nación tengo que ser argentino nativo y tener más de treinta y cinco años. Para ser secretario general de un gremio, tengo que haber hecho una carrera dentro del sindicato. Si no fui delegado, si no estuve en la comisión interna zonal, si no estuve en la comisión interna provincial, no puedo nunca ser secretario general.

Otra patología es la "personería única" (unicato), porque eso viola la democracia sindical, tal como lo afirmó la Corte en su fallo ATE en 2008. Un ejemplo del sindicato único, válido para casi todos los sindicatos: el capo-sindical se presenta a elecciones y gana, como lo hace sin falta desde hace cuarenta años. ¿Cuál es su técnica ante cada elección? La lista única. A los representantes más importantes de la lista disidente que tienen posibilidades, cosa que ocurre cada vez que hay elecciones, en general, cada cuatro años, les dice algo así como: "Si vos renuncias a tu lista, te hago secretario de (por ejemplo) derechos humanos y empezás a rosquear con nuestra plata. Si te mantenés en el concurso y perdés, prepárate, porque de acá te echo a patadas". De manera que gana siempre las elecciones con lista única.

No puede ser que la negociación sea centralizada. ¿Qué tienen que ver las necesidades de una multinacional automotriz con un tallercito mecánico en un recóndito lugar del interior del país?

Los sindicatos son monarquías hereditarias, legan su poder a sus hijos; un ejemplo notable es Pablo Moyano. Hay varios casos similares. Por otro lado, como manejan el aparato, también manejan las urnas, lo que significa que hay fraudes a lo loco. La reelección indefinida y la ultraactividad tienen que ser eliminadas. ¿Cómo puede ser que el grueso de los convenios colectivos de trabajo, por más nuevos que sean, todavía tengan como tronco conceptual la Argentina de mediados de los 70 cuando la "juventud maravillosa" trataba de llevarnos al paraíso cubano o, si se quiere ser más actuales, al edén venezolano?

Sindicalistas millonarios con 30% de pobres desde hace 30 años. ¿A quiénes representan? Al trabajador, seguro que no.

El autor es economista y autor de "La Argentina Devorada"

sábado, 22 de abril de 2017

Un papelón de película

Por Jorge Lanata - Clarin.com
Continúan en el Estado cientos de funcionarios que fueron designados durante los gobiernos de Néstor y Cristina.
Un papelón de película
Asamblea de productores cinematográficos.
En los primeros meses de la administración Macri el público esperaba que el nuevo gobierno tomara medidas drásticas con los empleados militantes nombrados por el gobierno anterior.

Se hizo mal y a medias.

El propio presidente lo había prometido al final de la campaña y antes del balotaje: “El Estado tiene que estar al servicio de la gente –dijo-, no puede ser un aguantadero de la política ni de La Cámpora. Esto destruye la posibilidad de crecer. Vamos a revisar esos contratos”.

Al poco tiempo –como recuerda ahora Margarita Stolbizer en un informe sobre el empleo público- se dicto el decreto 254/2015 en el que se instruía a ministros y demás a revisar “los procesos concursales en un plazo no mayor a seis meses y de tres meses en relación a los contratos más recientes”.

Nada de esto sucedió: continúan en el Estado cientos de funcionarios que fueron designados durante los gobiernos de Néstor y Cristina.

El informe sobre empleo público de Stolbizer muestra que el actual gobierno les prorrogó la designación y en muchos casos, incluso, fueron ascendidos.

En medio de aquel barro, al gobierno se le agregó otro problema: las incompatibilidades de los funcionarios actuales, lo que podía suponerse como intereses particulares de los CEOs que interfiriesen en su trabajo.

El caso de Alejandro Cacetta, titular del INCAA, ex gerente de Pol-Ka y Patagonik Film Group era uno de ellos y sobre el volveremos enseguida.

Los anexos del informe de Stolbizer detallan cientos de funcionarios políticos K que permanecen en sus puestos: directores nacionales y subsecretarios en su mayoría.

El escándalo del INCAA, los despidos y los videos de vergüenza ajena grabados por los actores se vinculan a estos hechos. El gobierno nunca fue claro a la hora de comunicar los hechos y el mismo Cacetta, que en las primeras horas era tachado como corrupto paso al día siguiente a ser una especie de San Martin de la butaca.

Al asumir su cargo Cacetta consultó a la Oficina Anticorrupción por eventuales incompatibilidades: la oficina de Laura Alonso le sugirió no firmar ni intervenir en negocio alguno con la productora Patagonik ni empresas ligadas.

Sin embargo, lo hizo: alquiló el predio donde funcionó el laboratorio Cinecolor (socios de Patagonik) por 600.000 pesos mensuales por dos años; allí inauguró la Cinemateca y el Archivo de la Imagen Nacional. La otra eventual responsabilidad de Cacetta fue no llevar a cabo un control exhaustivo de decenas de irregularidades. ¿Si un jefe deja robar a sus empleados o mira para otro lado cuando lo hacen es su cómplice?

El INCAA ha sido, históricamente, un nido de corrupción focalizada y manejada por parte de la industria; ni siquiera esto fue patrimonio exclusivo de los K, aunque fue durante la gestión kirchnerista donde el robo aumentó como nunca antes. Hasta se sospecha que quien prendió esta mecha con una denuncia anónima a la Jefatura de Gabinete fue un miembro de una de las bandas: un abogado que se vio perjudicado por el avance de la “competencia”.

Algunos ejemplos que ya están en poder de la OA, documentados: para evitar llamados a licitación por cifras superiores a 300 mil pesos hay, en el mismo día, adjudicaciones por 290.000 a la misma empresa. Los proveedores son de lo más versátiles: la misma empresa arregla un baño, arma una isla de edición o vende tarjetas de Navidad. Los investigados son Place International Trading, César Javier Martínez, Marta Lucía Villarreal y Aldo Zanetti. En la mayoría de los viajes a festivales se aplicó la ley del doble de monto. También en las compras de informática. Un ejemplo mínimo: el 22 de enero la compra de 300 pendrives tipo tarjeta de 16GB se pagó $86.700 cuando en Mercado Libre el mismo producto se cotiza $ 45.000.

Pablo Rovito, el rector del ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) es, a la vez, propietario del 16,66% de la sala INCAA de Constitución, que le alquila al INCAA y fue comprada con un crédito del Instituto. Rovito acusó al gobierno de llevar a cabo una caza de brujas aunque su mandato por concurso estaba vencido desde el 2012 y continuaba en su puesto.

La reacción del “ambiente” frente a esto fue completamente corporativa, argumentando que el INCAA no le pide dinero al Estado y se maneja con un presupuesto que ellos mismos generan. En principio, no es así: el INCAA no es de los cineastas sino del estado argentino y esto va más allá de quien pone el dinero; de todos modos, el Estado agrega 500 millones de aportes extra del Tesoro que sirven para pagar los sueldos de los 700 empleados.

Como sucede habitualmente, se lanzaron acusaciones de hechos que no estaban sucediendo: el gobierno no piensa bajar el presupuesto del INCAA ni –como escuché en uno de los videos bochornosos “venderlo a las multinacionales”.

Entiendo que, al carecer de letra propia, los actores tengan una tendencia a leer letras ajenas, pero deberían pensar en el contenido de lo que memorizan, someterlo a un análisis mínimo. Robar por izquierda no es mejor que robar por derecha, es lo mismo. La mitad del escándalo se hubiera evitado si el gobierno, a la hora de hacer los anuncios, hubiera dado a conocimiento público las boletas, los contratos y la tonelada de papeles que posee y que muestran el desfalco. Fue, todo, un papelón de película.

sábado, 8 de abril de 2017

Un paro flaco y tristón empujado por zurditos

Carlos M. Reymundo RobertsPor Carlos M. Reymundo Roberts - LA NACION
Tengo sensaciones enfrentadas respecto del paro de anteayer. Básicamente, no lo entendí. Los jefes de la CGT se pasaron todo el día en reuniones y monitoreando qué adhesión tenía en las distintas regiones del país. Eso quiere decir que los que convocaron a no trabajar, trabajaron como locos. Era hora. Lorenzo Miguel, Rucci y Vandor, que comparten un grupo de WhatsApp, me hicieron llegar un mensaje, escandalizados: "A estos pibes no se los puede dejar solos. ¡Hacen un paro corridos por los zurdos!"

Los hijos de otros dos líderes históricos del sindicalismo, Saúl Ubaldini y Jorge Triaca, hoy están en Cambiemos, y "Jorgito" es el ministro de Trabajo. Juan Domingo Perón apagó el teléfono. No puede creer que sus herederos le hayan servido en bandeja a Cristina, que lo detesta, semejante banquete. ¿Con qué imagen nos quedamos, con la del microcentro semivacío o con la de Máximo, activo como no se lo veía desde hace años? Acaso mi escepticismo sobre el éxito del paro se deba a que vi gente que iba y venía, reuniones, entusiasmo, elogios al rumbo económico, clima de negocios: estuve todo el día en el hotel Hilton, en el Foro de Davos.

Otro problema es que las huelgas generales se han convertido en una rareza en el mundo. Consulté a varios expertos y ninguno se acordaba cuál había sido la última y en qué país, entre otras cosas porque la principal rareza es una estructura sindical tan poderosa y vertical como la nuestra. "Lo que te puedo decir -contestó Rosendo Fraga- es que ninguna de las 40 que se hicieron desde el regreso de la democracia cambió absolutamente nada." También se lo pregunté al ministro Triaca. "No sé, averiguá cuándo hubo un paro en Cuba, China o Corea del Norte." No estoy muy familiarizado con la ironía, pero me da la impresión de que se estaba riendo.

La CGT tiene hoy tres problemas. El primero es que a cada uno de sus conductores, por ser tres, se los ha dado en llamar triunviros. Pobres Daer, Schmid y Acuña: como si no llevaran sobre sus espaldas un peso que los excede, algún espíritu perverso y con ánimo destituyente les puso esa denominación espantosa. No es fácil ir por la vida sabiendo que la gente te ve pasar y comenta: Mirá, ahí va un triunviro. Otro problema de la CGT es que tienen razón los triunviros (perdón, se me escapó) Lorenzo Miguel, Rucci y Vandor. La agenda se la están fijando el kirchnerismo, la CTA, la izquierda radicalizada, los troskos. Imperdonable para una organización genéticamente conservadora. 

El tercer problemita es que, según acabamos de ver, ya no está en condiciones de hacer un paro como los de antes, masivo, asfixiante, que paralice al país. Para que la cosa más o menos funcione tiene que recurrir a extorsiones y amenazas. Para impedir que la gente vaya en sus autos a trabajar, el movimiento de los descamisados tiene que tercerizar los piquetes, encargarlos a bandas de matones a sueldo que se blindan el cuerpo y la cara y se arman con palos y piedras. Digo, si convocás a un paro y buena parte del país no te hace caso y el #yonoparo se convierte en trending topic mundial, es un bajón, te querés matar.

Quizá por eso tardaron en decidirlo. A Menem le hicieron el primero cuando llevaba 40 meses en el poder; a Néstor, 47; a Cristina, 59. Pero, claro, eran gobiernos peronistas. Con Alfonsín tardaron 9 meses; con De la Rúa, 3, y con Macri, 15. Deben estar diciendo: "Macri, te dimos 15 meses. Agradecelo en vez de estar acusándonos de mafiosos". Macri no se los va a agradecer por una razón muy sencilla. Suponiendo que lo de anteayer fue tan contundente como lo vio la CGT, al país el parate le costó unos 1000 millones de dólares. Con esa guita se podrían pavimentar dos veces todas las calles de tierra del conurbano bonaerense, o construir 300 hospitales o 1000 escuelas. ¿Pavimentar el conurbano? ¿Mil hospitales? "Ni de locos -piensan en el PJ-. Si lo llegaran a hacer, a nosotros no nos votan más." ¿Más escuelas? Para qué, si Baradel las vacía.

Les estaba diciendo: paros eran los de antes, con movilizaciones multitudinarias, trabajadores indignados y discursos que quemaban la Plaza. Allí hemos visto a Ubaldini llorar y a Moyano y tantos otros, gritar. Este paro tristón, desangelado, "dominguero" -así lo calificó la izquierda, que sabe dónde hundir el puñal- tendrá un lugar chiquito en la historia. Hasta sus organizadores querían que pasara rápido. Un par de días antes, líderes de la CGT y funcionarios del Gobierno compartieron un asado. Señores sindicalistas, por favor, un poco más de dignidad. Que un chinchulín no les haga olvidar el salvaje ajuste neoliberal y el hambre del pueblo que están denunciando.

Esta semana, la movida en torno a la huelga sirvió, en todo caso, para que rápidamente pasaran a segundo plano el nuevo procesamiento a Cristina y sus hijos, y la visita del juez Moro. Adalid en Brasil de la lucha contra la corrupción, fue recibido como una estrella y el Gobierno le abrió las puertas. La realidad es muy dinámica: Cristina lo hubiese declarado persona no grata.

Terminando esta columna, me llama uno de los jóvenes que impulsaron, a través de las redes, la gran movilización del #1A, el sábado pasado. A él y a sus amigos, dice, los están buscando de la CGT. Quieren saber cuál es el secreto.

lunes, 6 de marzo de 2017

Seguridad interior y Fuerzas Armadas

Resultado de imagen para Seguridad interior y Fuerzas Armadas + dibujoEditorial del diario La Nación
¿Cómo deberíamos considerar a EI, un ente nacido a fines de 2013 y con presencia destructiva hoy en al menos 18 países?

Muchas cosas se han perdido en nuestra Argentina. Una de ellas, ciertamente preocupante, es el control de sus extensos espacios territoriales frente a diversas amenazas. Se han debilitado al extremo los instrumentos normalmente usados por un gobierno para controlar el orden público: disuadir, evitar el delito y garantizar la seguridad de sus ciudadanos en el marco de la ley y el Estado de Derecho.

Se ha perdido el control del espacio aéreo por insuficiencia de radares y la carencia de una dotación mínima de aviones interceptores, además de la falta de una legislación eficaz para disuadir a quienes vuelan ilegalmente sobre nuestro territorio. Se ha perdido el control del espacio marítimo por los escasos medios asignados para patrullaje y reprimir e impedir la pesca ilegal. Como consecuencia de la creciente inseguridad en nuestros centros urbanos, el involucramiento cada vez mayor de la Gendarmería la ha convertido prácticamente en una nueva policía, pero al precio de un deterioro mayor del control fronterizo, que siempre fue su principal misión. Son esas frágiles fronteras, terrestres, aéreas, fluviales y marítimas, las que no cuentan con los recursos humanos, materiales y técnicos mínimos para impedir los contrabandos más variados, incluido el de drogas y el de armas, o la trata transnacional de personas, entre otros.

Esta situación disuelve de hecho el segundo escalón de la seguridad interior, que debía actuar por encima de las policías y por debajo de las FF.AA., cuando las circunstancias excepcionales lo requirieran. Subsumida la Gendarmería a una policía de tiempo completo, se pierde el sustento que dio fundamento operacional a la doctrina de diferenciar seguridad interior y defensa en nuestro país.

La situación económica que atravesamos torna muy compleja la asignación de mayores recursos para solucionar estas carencias con la urgencia requerida. Mientras tanto, la línea divisoria entre las amenazas a la defensa y a la seguridad interior se ha ido diluyendo para concebir cada vez más a ambas como un continuo. Hoy vemos en París a hombres de las fuerzas armadas que custodian iglesias y sinagogas, mientras en Roma se ocupan de la seguridad ciudadana. En Colombia, las fuerzas policiales, con armamento y orden de batalla militar, combaten la guerrilla codo a codo con las fuerzas armadas.

Nuestra ley de defensa, dictada en tiempos de fuerte sensibilidad por los excesos en la represión del terrorismo subversivo y pensada de cara a la Guerra Fría, está cerca de cumplir 30 años, mientras que las condiciones internas y externas han cambiado. En 2008, se dictó el decreto reglamentario de la ley, que en realidad sólo se ocupó de tres artículos. Uno de ellos, más que reglamentado fue afectado por una verdadera reforma legislativa anómala, de dudosa constitucionalidad, que culminó restringiendo el empleo de las Fuerzas Armadas únicamente en caso de ataques de fuerzas foráneas "perpetrados por fuerzas armadas pertenecientes a otro/s Estado/s".

Se cercenó por decreto la fórmula más amplia de la ley votada por amplia mayoría en 1988, que calificaba la agresión que debía enfrentar la defensa por su "origen externo" y no por su naturaleza ni por el lugar de su impacto. Urge sanear este despropósito normativo y llevar, como primer paso, la situación a su definición legal original. Y desde esa base de certeza constitucional abrir un debate necesario e impostergable. Cuando una ley, que como toda construcción humana es fatalmente histórica y temporal, se torna tan obsoleta como esta que nos ocupa, existen dos caminos posibles. O se fuerza su interpretación avanzando sobre hipótesis que ella no contempla, con la consiguiente inseguridad para quienes ejecutan las operaciones acerca de la valoración que hará la Justicia de sus conductas, o se la actualiza de manera que permita prever el empleo del poder del Estado en beneficio de la libertad y la seguridad ciudadanas.

Es necesario en lo inmediato actualizar la reglamentación de la ley de defensa de manera de proveer la mínima y necesaria cobertura legal a quienes actúan. Al mismo tiempo, una nueva ley ha de fijar la necesidad de que se dote a las fuerzas armadas de la instrucción, equipamiento y reglas adecuadas a las nuevas misiones que se les encomienden. Constituye un error determinar la posibilidad o no de una respuesta a una agresión sólo a partir de su origen externo o interno, sin considerar las características del agresor, los medios que usa y la potencialidad del daño que ocasiona. Por otro lado, que el campo de ejercicio de la violencia y el delito sea interno no significa que su sostenimiento, impulso y organización no sean transnacionales.

En cuanto a la ley de seguridad interior, de 1991, incluye una muestra de total imprudencia, que impide a las Fuerzas Armadas equiparse y capacitarse para desarrollar tareas de seguridad que la propia ley les demanda en dos expresas circunstancias: Estado de Sitio y solicitud de comité de crisis. Debería ser derogado ese punto por el Congreso, más allá del debate de fondo que la cuestión exige.

El propio concepto espacial interno-externo se ha desvanecido con la ciberguerra, que no es un campo de batalla futurista o marginal. Se desarrolla en un espacio virtual donde la dificultad técnica de localizar el origen de la agresión (la adjudicación) amenaza tirar por la borda conceptos tradicionales de la teoría militar, como la disuasión o la retaliación.

Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) es un "no" Estado en términos convencionales que controla territorio, fuerzas armadas, cobra impuestos, brinda servicios de justicia, seguridad, salud y educación y llegó casi a contar con moneda propia. Y exporta terrorismo. ¿Cómo debiéramos considerar a ese ente nacido a fines de 2013 y con presencia destructiva hoy en al menos 18 países? ¿Y al ataque del residente francés que, en su nombre, asesinó a decenas de transeúntes en Niza?

Así como los legisladores de 1988 leyeron con atención nuestra dolorosa experiencia en Malvinas y fijaron como un pilar de la ley de defensa la acción conjunta entre las Fuerzas Armadas, los legisladores de hoy no pueden ignorar la nueva realidad.

Es evidente que no todos los temas vinculados con la seguridad interior tienen la misma relevancia. Sería demencial, por ejemplo, el empleo de las Fuerzas Armadas en la represión de quienes hoy cortan a su antojo calles, avenidas y rutas. Otra cosa muy distinta es que colaboren en mejorar el control de las fronteras o en la custodia de determinados objetivos estratégicos o que coordinen eficientemente sus acciones con las fuerzas de seguridad para realizar un patrullaje más adecuado en la custodia de nuestra riqueza ictícola. Todo ello exige una modernización tecnológica y una renovación logística. Deben dar soporte a la capacidad de decisión soberana y al ejercicio eficaz y equilibrado de la diplomacia, para lo cual habrá que abocarse a su reconstrucción para superar la extrema debilidad que hoy sufren respecto de sus similares de la región. Un fuerte desequilibrio del poder militar cuando no ha existido ningún acuerdo de desarme regional no es bueno para ninguno de los países del área.

Este objetivo es compatible con poner todo el empeño en colaborar, con los escasísimos medios físicos que han quedado tras años de desgobierno y negligencia, en la recuperación del control pacífico de nuestros espacios, pues urge mejorar la seguridad del conjunto. Deben actualizarse las normas y optimizarse la estructura operativa y el despliegue estratégico de las Fuerzas Armadas para potenciar su capacidad disuasiva mediante equipamiento moderno y organización para respuestas inmediatas y eficaces ante situaciones de amenazas internas y externas. La adquisición de armamento moderno y ayuda técnica militar debe lograrse optimizando el uso de los limitados recursos financieros exponiendo ante el mundo el pleno respeto por los acuerdos internacionales, por el Estado de Derecho y una clara vocación por la paz.

domingo, 5 de marzo de 2017

Pelean, pero no por la educación

Pelean, pero no por la educaciónPor Osvaldo Pepe - Clarin.com - La opción: Sarmiento o Baradel.

El de los docentes no es “todo un tema”, es más que eso: es “el tema” de la Argentina y los argentinos. Se reúnen gremios y gobiernos y la palabra “paritaria” parece ser el amén de una oración. Se reúnen sin planificar, para que a todo se dé solución rápida, pero poco efectiva, y así la vida sea normal (aspiramos a ser normales) y los chicos vayan a clase.

Sarmiento no fue menos que Baradel ni que los ministros de Macri y de Vidal. ¿Es obvio, no? Él “armo su propia paritaria” durante su gestión y para eso llamó a todos los integrantes de su gobierno. Agarró un pizarrón y escribió “Educación, educación, educación, educación”. Esas paritarias sirvieron para dar inicio a la construcción de más de 1.100 escuelas y para que la Argentina fuese el primer país en eliminar el analfabetismo. Los americanos lo entendieron y en homenaje a esa labor honraron a Sarmiento con un busto en la Universidad de Michigan. Copiar modelos no es ser antipatria, es ver que se puede mejorar lo que ya está hecho.

Hoy, la paritaria es otra y tanto Gobierno como sindicatos pelean por algo que no es la educación. Los chicos quedan siempre en el medio y los maestros, esos cirujanos de nuestro futuro, presos de las decisiones de aquéllos que no entienden lo que se negocia. Jamás entendí porqué los maestros tienen tantos gremios si los encargados de defender la educación deben ser los mismos que nos gobiernan. Pero no, para Cristina es un trabajito de tres o cuatro horas al día y para Vidal es algo que un voluntario también puede hacer. Doloroso, triste. Tenemos que agarrar el pizarrón como Sarmiento, escribir una y mil veces esas palabras y ubicar a los maestros por encima de cualquier política. ¿Qué carajo nos está pasando? ¿Qué es lo que en verdad vemos cuando vemos una escuela? El problema está en que ya dejamos de ver la escuela.

¿Quieren menos delincuencia? ¡Más educación! ¿Quieren mejor salud? ¡Más educación! ¿Quieren menos corrupción? ¡Más educación! ¿Quieren políticos más honestos? ¡EDUCACIÓN!
José Luis Traverso - valdanito@hotmail.com

En la Argentina de los “disparates cósmicos” los gremios docentes vuelven a poner en vilo a millones de hogares en todo el país, como en cada marzo, sobre todo desde que la cultura clientelar del kirchnerismo cobijó en educación a la mayoría de los gremios bajo su ala de generosas prebendas, con un escaso interés por la educación que pensó Sarmiento: una herramienta igualitaria para el desarrollo de las personas y la nivelación de las sociedades.

El paro, previsto para mañana y pasado, quizá se extienda al miércoles en solidaridad contra la violencia a las mujeres en su día: sólo faltaría otra jornada más en respaldo a la huelga del fútbol. Las más perjudicadas serán aquellas familias de clase media y media baja o los sectores empobrecidos. Aquellos que, por necesidad económica o convicciones personales, mandan a sus hijos a la escuela pública que el gremialismo docente dice defender. Con esa dirigencia reivindicativa la educación y los maestros argentinos tocaron fondo. La migración a los institutos privados no se detiene, la deserción escolar tampoco, la grieta del conocimiento estallará de acá a un par de generaciones. 
Resultado de imagen para Baradel responde a su jefa política, Cristina Fernández de Kirchner
Están jugando con el futuro de los argentinos, con los saberes de quienes en tres décadas conducirán nuestro país. Más claro: en aulas del Estado marchitas unas veces y vacías otras están criando ciudadanos de segunda. Que nadie se engañe: Baradel responde a su jefa política, Cristina Fernández de Kirchner. Por eso fue capaz de hacerle 17 días de huelga a Scioli en la Provincia cuando la ex presidenta quería sacarlo de la cancha. Por eso casi ni abrió la boca cuando la señora de Kirchner descalificó con destemplada ira la labor de los docentes. Y por eso confrontará a fondo con Macri y Vidal las veces que se lo proponga.

Es probable que con su lengua filosa Sarmiento lo hubiese puesto en vereda al belicoso preceptor hasta desnudar su hipocresía política y su carácter de simple amanuense de un poder que mejoró la vida de los gremialistas docentes, pero puso de rodillas a la educación argentina.

domingo, 26 de febrero de 2017

Los impunes de siempre están de regreso

Jorge Fernández DíazPor Jorge Fernández Díaz - LA NACION
Después de haber echado a los Montoneros de la Plaza y antes de encontrarse con su viejo amigo Alfredo Stroessner, Perón se reunió para coordinar acciones con el mismísimo Augusto Pinochet. La presencia del dictador chileno en tierra argentina levantó repudios en las propias filas del peronismo. Irritado por ellas, y muy especialmente por una declaración que firmaban los concejales porteños, el General los paró en seco: "Yo tengo dos funciones, las relaciones exteriores y la defensa nacional, mientras que ustedes, en el Concejo Deliberante, tienen tres: Alumbrado, Barrido y Limpieza".

Contrariamente a lo que se piensa, el último discurso del líder antes de morir no fue en su famosa despedida ("llevo en mis oídos la más maravillosa música"), sino en un cónclave con la dirigencia sindical, cuyos matones ya habían realizado represalias letales contra la izquierda siguiendo sus expresas directivas. 

El contenido de ese discurso puede leerse en la página 362 del extraordinario libro "Perón y la Triple A", que escribieron Sergio Bufano y Lucrecia Teixidó. Allí Perón instruyó a los caciques de la CGT en la idea de emplear una "represión un poco más fuerte y más violenta". Los sindicalistas obedecieron la sugerencia y recrudecieron sus incursiones ilegales y sus matanzas. 

Tiene razón Arturo Pérez-Reverte: leer historia no soluciona nada, pero al menos sirve como analgésico para digerir el presente. ¿Cómo pudimos olvidar todas estas graves circunstancias, qué extraño virus social o demencia colectiva hizo que perdonáramos los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el justicialismo? Esa misma desmemoria operó desde entonces con pecados menos trágicos pero igualmente destructivos. Una extraña amnesia perdonó el Rodrigazo, el intento de autoamnistía de 1983, el jaqueo con 14 paros y todo tipo de zancadillas que le efectuamos a Raúl Alfonsín, la política entreguista y turbia junto con el indulto y la hiperdeuda externa que caracterizaron la reencarnación noventista, la participación subterránea en la destitución de Fernando de la Rúa, la pesificación bestial, y los 12 años de megacorrupción de Estado, descalabro económico, aislamiento, autoritarismo y florecimiento del narcotráfico. 

Apenas dos o tres de estas calamidades hubieran bastado para borrar del mapa electoral a una fuerza política en cualquier otro país más o menos evolucionado. Pero ya se sabe: aquí los culpables nunca pagan, y tienen además el descaro de arrinconar a cualquiera que no pertenezca a su rancia corporación y pretenda gobernar, lo que implica casi siempre levantar la hipoteca que ellos mismos dejaron y ligarse los tomatazos de la calle. No todo el peronismo es este adefesio: las innegables conquistas de los años 40 y la renovación intentada por Cafiero, Bárbaro y Bordón todavía inspiran a muchos militantes, y no hemos perdido la esperanza de un peronismo republicano. Pero ese proyecto inestable convive con la "tara autoritaria" (Pichetto dixit) y con un reflejo caníbal según el cual cuando alguien sangra debe ser inmediatamente devorado.

Las torpezas del Gobierno y la tardanza en la reactivación enardecen a los caranchos. En dos semanas, los triunviros que Cristina combatía y Cambiemos corteja lanzaron un paro nacional; los gremios docentes cortaron abruptamente el diálogo y anunciaron una huelga salvaje; las organizaciones sociales aceptaron y violaron los millonarios acuerdos de diciembre y armaron nueve piquetes por día, y el kirchnerismo y el propio titular del Partido Justicialista pidieron un juicio político contra el presidente constitucional, preocupados por "la transparencia y las instituciones" (sic). 

Los impunes, con una pequeña ayudita de los desmemoriados y de los vivillos, están de regreso. Peronistas de todos los pelajes y con responsabilidades en distintos tramos de la "década saqueada" o con complicidad indirecta en la quiebra económica, son ahora impiadosos fiscales de quienes tratan de arreglar el mecanismo roto que les legaron. Vamos a decirlo en lenguaje elegante: los argentinos vivimos en una nube de gases, el rojo fiscal sobre el que estamos sentados es de 400 mil millones de pesos e hizo falta pedir prestados 25.000 millones de dólares para poder financiarlo y seguir en Babia. Estamos fundidos, y encima andamos con ínfulas. Pero ¿quiénes fueron los responsables de crear semejante bola de nieve? Los mismos millonarios que en nombre de los pobres se ponen ahora en pie de guerra.

Tampoco hay por qué asombrarse: los libros de historia contemporánea demuestran que después de los fiesteros vienen siempre los pagadores, y que los primeros se dedican a limar a los segundos como si nada tuvieran que ver con el desaguisado ni con los consecuentes dolores y sacrificios. Baradel responde a Sabbatella y los triunviros mayormente a Massa, Pérsico confiesa intenciones políticas detrás de sus movidas callejeras, Gioja y los Suturados de Cristina no han sido capaces de la mínima autocrítica, e Insaurralde, Katopodis y otros prohombres de las nuevas generaciones se abrazaron por fin con Máximo Kirchner y cerraron filas con la Pasionaria del Calafate, en una ceremonia bonaerense que cancela cualquier ilusión renovadora y que confirma una notable falta de escrúpulos, porque pretende convertir las investigaciones judiciales de la democracia en persecución política y porque reivindica a la mayor sospechosa, a su estado mayor corrupto y a su inefable secta del helicóptero. Todos juntos triunfaremos, compañeros; total la Argentina tiene Alzheimer y nadie nos pedirá cuentas. Quienes destrozaron la casa se postulan como plomeros y albañiles de su reconstrucción, para felicidad del pueblo y salvación de la patria.

El gran truco del peronismo es muy conocido; consiste en señalar que sus sucesivos disfraces no le pertenecen. Cristina no era peronista, ni Josecito López ni Boudou ni De Vido ni Jaime. Menem tampoco. Ni Luder ni Isabel ni López Rega ni los Montoneros. Ni siquiera Perón era peronista, con lo que el peronismo siempre está a salvo de sus trastadas y en condición de alumbrar en la próxima estación su verdadera y esplendorosa identidad. 

Fue interesante leer, en este contexto, un excelente artículo de Fernando "Chino" Navarro que publicó el viernes en este diario, donde defiende con inteligencia la ley de emergencia social. Al final no puede, sin embargo, evitar el malabarismo peronista de autoexculpación. "Es curioso que en un país con familias con una tercera generación sin trabajo -escribe, se le diga al nieto que es mejor que espere a un posible empleo formal cuando son las políticas que defendieron los abanderados del libre mercado las que dejaron sin trabajo regular a su abuelo y a su padre". ¿Quién es responsable de esa familia desgraciada, diputado? Porque la fuerza que más gobernó durante estas décadas de desigualdad fue el peronismo. Si esas políticas son las culpables de la miseria y la demolición de la cultura del empleo, alguna factura debería caerles a los últimos cuatro presidentes peronistas. A menos que pensemos seriamente que Alfonsín y Macri inventaron la pobreza. 

Hay un agregado fatal: a ese nieto desocupado que menciona lo alcanzó últimamente la maldición del paco y la tentación del tráfico; el kirchnerismo de arcas llenas fue incapaz de devolver a esas familias al sistema y entregó inermes a esos chicos sin destino a la mafia de la droga. No se puede ser a un mismo tiempo el partido hegemónico y el inocente perpetuo de un país quebrado y decadente.

sábado, 25 de febrero de 2017

Gente bastante cínica y jodida

Gente bastante cínica y jodida
Por Jorge Lanata - Clarin.com

Un tercio de nosotros trabaja y paga impuestos, otro tercio trabaja pero no los paga y el tercio final no trabaja.


Queremos que todo cambie, pero seguir siendo los mismos. Queremos, a la vez, que ese cambio sea rápido y definitivo. Queremos subir subsidios y bajar el gasto; bajar impuestos y subir el gasto, tomar crédito y bajar el déficit, bajar el gasto y subir el gasto.

Nos preguntamos cuánto más van a tardar en convertir a los noventa mil policías de la bonaerense en oficiales honestos, amables y eficientes. ¿Todavía no terminaron?

Queremos maestros que nunca sean evaluados sino por sí mismos y, en cualquier caso, queremos prohibir la difusión de las evaluaciones al público: si el maestro es un inútil debe ser una sorpresa del ciclo lectivo.

Queremos que los empleados estatales se esfuercen en su trabajo pero les pagamos a todos igual.

Tenemos una curiosa idea del dinero: pensamos que estuvo, que está y que estará. La riqueza es como un árbol de oro del que uno va sacando ramitas: nadie lo generó, nadie debe mantenerlo.

Un tercio de nosotros trabaja y paga impuestos, otro tercio trabaja pero no los paga y el tercio final no trabaja.

El ultimo informe de competitividad del World Economic Fórum calcula la tasa impositiva total tomando en cuenta ganancias, impuestos sobre la renta, contribuciones sociales y laborales a cargo del empleador, impuestos sobre transmisiones patrimoniales, impuestos sobre el volumen de negocios y otros impuestos: Argentina encabeza el ranking mundial de presión tributaria con una tasa impositiva total del 137,4%.

Una familia con un solo integrante trabajador asalariado en el sector formal deberá trabajar por lo menos 211 días sólo para pagar al Estado los impuestos de este año. Así, en caso de no pagar Ganancias, su día de la “independencia tributaria” será el 21 de junio, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), que señala la carga tributaria formal integral entre un 47,5% y el 57,9% del ingreso total (incluyendo contribuciones patronales) de una familia. De ahí sale la plata que parece generarse sola.

Hacemos negocios con la plata del Estado o la de otro: nos quejamos de que no “llegan” inversiones.

Esperamos que los demás pongan su dinero donde nosotros no estamos dispuestos a poner el nuestro.

Somos expertos en mercados controlados y mucho más expertos si tenemos amigos en la agencia de control.

Votamos cambiar pero, en el fondo, la mitad del país no quiere hacerlo: cambiar significaría trabajar en serio, perder privilegios corporativos, someternos a perder lo que logramos currar.

Queremos que las cosas cambien, pero, a la vez, mantenemos abiertas discusiones tan básicas que impiden que el país progrese. ¿A esta altura del partido tenemos que definir el perfil productivo de la Argentina? ¿Queremos armar tanques o producir rabanitos? Hoy llamamos “industria” a la producción de telgopor y manuales en español, “protección” al sobre precio textil que encarece la ropa para los más pobres. ¿Dónde está el costo argentino? ¿En el salario o en el margen de ganancia de las empresas?

¿Queremos que el cambio –algún cambio- se produzca?

¿Para que se votó contra el kirchnerismo? ¿Para moderar el choreo? ¿Para eliminarlo? ¿Para cambiar la Argentina? ¿Y por cuanto tiempo estamos dispuestos a hacerlo?

Todos reconocemos la crisis, pero no estamos dispuestos a sacrificio alguno para enfrentarla. ¿Ya está? ¿Ya termino? ¿Ya se arreglo todo? ¿Ya se hicieron honestos los jueces, terminaron los piquetes, la inflación bajó y apareció el crédito y, sobre todo, ya estamos en superávit? Somos, realmente, gente bastante cínica y jodida.

Clarisimo...

viernes, 24 de febrero de 2017

Un fenómeno nuevo para el Presidente: la caída del optimismo

Fernando LabordaPor Fernando Laborda - LA NACION
Desde que se inició 2017, el gobierno de Mauricio Macri enfrenta un fenómeno que no había conocido en sus anteriores 12 meses de gestión: la caída general del optimismo ciudadano. La luna de miel de la sociedad con el Presidente es un recuerdo ya lejano, y aunque todavía no se pueda hablar de desilusión, el estado de ánimo que caracteriza a la población es de impaciencia. 

Entre los analistas de opinión pública hay coincidencia en que, mientras no exista una percepción arraigada de crecimiento sostenido de la economía, el desasosiego ciudadano seguirá reinando.

Para que el macrismo gane las elecciones legislativas del 22 de octubre no sólo será indispensable que la inflación baje sensiblemente y que la actividad económica se reactive. Será necesario que la mayoría de la ciudadanía perciba que la economía ha vuelto a crecer.

Tanto economistas como funcionarios gubernamentales confían en que este año llegará el tan esperado rebote económico. No obstante, subsisten dudas acerca de si ese rebote se traducirá en beneficios tangibles para el bolsillo de los votantes hacia agosto, el mes de las primarias abiertas.

A la economía argentina le restan dos meses para empezar a crecer en serio. Este cálculo, que hacen distintos analistas, se explica porque la población suele tardar entre tres y cuatro meses en percibir en carne propia los efectos favorables desde que se producen indicadores concretos de crecimiento. En otras palabras, si la economía no empieza a moverse con vigor hacia abril, no será fácil que la buena onda llegue a la gente en agosto, cuando se ponga en marcha el proceso electoral.

Al problema de que la economía estaría demorándose más de la cuenta en dar señales de revitalización se suman los errores de comunicación desde el Gobierno. Muy pocos consumidores vieron favorablemente los cambios impulsados con el declarado propósito de transparentar los precios. Hubo leves bajas en algunos artículos electrodomésticos abonados al contado, pero la mayoría se quedó con la desazón derivada de que el financiamiento en cuotas resultaba más oneroso que antes.

Los desaguisados provocados por el ahora abandonado acuerdo entre el Estado nacional y la empresa Correo Argentino, de la familia Macri, y por el fallido recálculo de los aumentos en los haberes jubilatorios contribuyeron a aumentar el malestar general.

Si bien parte de la ciudadanía puede ver la marcha atrás presidencial en tales temas como un buen síntoma y como la contracara del cuestionable estilo de Cristina Fernández de Kirchner, que jamás admitía sus equivocaciones, la repetición de errores en el gobierno de Macri que deben ser corregidos, antes que un gesto de responsabilidad, termina siendo percibida como un signo de ineptitud.

Como sugiere Rosendo Fraga, más que ensayos de "prueba y error", el Gobierno ha cometido verdaderos "errores de cálculo", tras los cuales retrocedió al evidenciarse el enorme costo político de esos actos fallidos.

A diferencia de cuando asumió, 14 meses atrás, hoy la situación de Macri es distinta. Antes, el primer mandatario podía recalcular, neutralizando los costos de un error original. En la actualidad, por el contrario, apenas puede aspirar a disminuir algo el daño generado por una decisión errónea.

Entre los electores que votaron a Macri, el tema de la corrupción es la segunda preocupación en relevancia luego de la inseguridad, y por encima de la situación económica, según la analista de opinión pública Mariel Fornoni. El Presidente pudo haber tenido en cuenta ese dato al ordenar que la cuestión del Correo pasara a "foja cero".

La estrategia electoral del oficialismo sigue pasando por polarizar con el cristinismo. Y para eso es vital que el Gobierno no exhiba flancos débiles en materia de transparencia pública.

Un segundo eje de campaña pasa por recuperar imagen e iniciativa a través de la política exterior. Cierta sobreactuación tras la conversación telefónica del presidente argentino con Donald Trump brindó una primera pauta de eso. El viaje presidencial a España, con una numerosa delegación de empresarios, fue otro indicador. En Madrid, Macri se preocupó por hacer algunas referencias a la herencia recibida del kirchnerismo al hablar de la necesidad de que las empresas españolas vuelvan a la Argentina tras años de desconfianza. Pero no podrá olvidar un mensaje que se escuchó cerca de la Puerta de Alcalá: "Los primeros que deben invertir son los propios argentinos".

Qué dijo The Economist de la deuda externa argentina

The Economist elogió las medidas económicas de MacriPor Olivia Goldschmidt - LA NACION
El prestigioso medio británico analizó las medidas económicas del gobierno de Mauricio Macri.

The Economist elogió las medidas económicas de Macri. Foto: Archivo .
El prestigioso medio británico The Economist elogió hoy las principales medidas económicas llevadas adelante por la administración de Mauricio Macri , aunque remarcó que aún queda mucho por hacer y criticó con dureza a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Durante un seminario online, del cual LA NACION fue Media Partner, la jefa de la Unidad de Inteligencia para América Latina y el Caribe del semanario, Fiona Mackie, consideró que este año marcará la recuperación económica y minimizó los cuestionamientos por la gran cantidad de deuda emitida por el Ejecutivo.

"Algunos hablan de que la deuda externa que contrajo este gobierno es demasiado alta. Sin embargo, según nuestras predicciones no lo es. La Argentina, antes, ni siquiera tenía la posibilidad de acceder a los mercados internacionales hasta que el gobierno arregló sus deudas con los holdouts", sostuvo. Y remarcó: "Tanto en comparación al promedio internacional como a nivel regional, la deuda externa Argentina es baja".

Al ser consultada por los sectores de la economía que se beneficiarán por la apertura al capital de los mercados internacionales indicó que las telecomunicaciones recibirán un "fuerte empujón" y que el sector bancario tiene gran potencial de crecimiento con los nuevos depósitos disponibles.

Con respecto al sector financiero indicó que, si bien el crédito todavía no se ha recuperado, los dólares del blanqueo han aumentado los depósitos del sector privado y deberían ayudar a fortalecer el sector."El progreso que se ha hecho con respecto al ajuste de las variables macro económicas es impresionante, pero aún quedan temas pendientes", consideró.

A continuación agregó que 2017 se presenta como un gran año para la Argentina pero los desafíos aumentan por sus principales socios comerciales. "El mejoramiento de la estabilidad económica muestra que en los próximos cinco años la Argentina alcanzará un nivel parecido al de Chile, país que lidera los rankings de mejor clima para hacer negocios", dijo.

Según expresó, "el progreso que se ha hecho con respecto al ajuste de las variables macro económicas es impresionante, pero aún queda mucho por hacer".

Mackie sostuvo que el gobierno de Macri recibió "una pesada herencia producto de políticas intervencionistas y controles excesivos que desincentivaban la inversión de empresas". "Una demanda alta, con una oferta baja aceleraron el ritmo de la inflación y dejaron a la moneda muy poco competitiva", añadió. Para resumirlo dijo: "Era un desastre. Realmente era un desastre".

Mientras que a su juicio la devaluación y el comienzo de la normalización fiscal ayudaron a controlar la situación económica, "las tasas de interés van a tener que permanecer elevadas por un tiempo".

miércoles, 8 de febrero de 2017

Relatos en guerra

Por James Neilson - Revista Noticias
El análisis de James Neilson. El titular de la Aduana, Gómez Centurión opinó sobre los desaparecidos y provocó enojo en el Gobierno.

Lo decía George Orwell en su gran novela, 1984: “Quien controla el presente controla el pasado. Y quien controla el pasado controlará el futuro”. Hasta hace muy poco, no cabía duda de que el progresismo internacional, un movimiento heterogéneo que se alimentaba de variantes de la noción contestataria de que el capitalismo occidental, imperialista y racista, encarnara el mal, era dueño del relato dominante, pero últimamente mucho ha cambiado. No sólo en Estados Unidos y Europa, sino también en la Argentina y otros países latinoamericanos, ha cobrado fuerza una rebelión revisionista contra la cual los defensores de lo que para ellos son verdades indiscutibles están reaccionando con un grado de vehemencia rayano en la histeria.

Un blanco local de la ira de los justos es Juan José Gómez Centurión. Para enojo de otros funcionarios del gobierno de Mauricio Macri que quieren figurar como buenos progres y para la indignación, sincera o simulada, de casi todos los demás, el titular de la Aduana nos recordó que, según los datos verificables, no hubo 30.000 “desaparecidos” sino a lo sumo 8.000 y, lo que para muchos es peor aún, dijo que a su juicio no fueron víctimas de un “plan genocida” o “sistemático” sino de una “reacción absolutamente desmedida”.

Aunque conforme a la evidencia disponible está en lo cierto cuando cuestiona el número elegido por aquellos que, a partir del hundimiento de la dictadura, viven de su bien publicitado compromiso con los derechos humanos de sus familiares, amigos o compañeros en la lucha contra lo que era el statu quo en los años setenta del siglo pasado, lo del “plan” premeditado o no es opinable. Al fin y al cabo, es legítimo suponer que los jefes militares, frente a la negativa del grueso de los políticos a asumir sus responsabilidades, entendieron que los civiles les pedían combatir el terrorismo manu militari, con métodos parecidos a los empleados por Estados Unidos y sus aliados en la lucha contra los yihadistas, lo que presupondría la existencia de un “plan” cuidadosamente preparado.

De todas formas, aunque es antipático señalarlo, en aquel entonces el relato en boga no era el confeccionado después de la guerra de las Malvinas. Era, por decirlo de algún modo, mucho más derechista. Sin embargo, caídos en desgracia los militares, la sociedad en su conjunto – lo mismo que la alemana en la segunda mitad de 1945–, se las ingenió para convencerse de que virtualmente nadie se había enterado de lo que ocurría en los años anteriores, pero que así y todo, la mayoría abrumadora se había resistido a un régimen dictatorial con coraje ejemplar, pero, claro está, silencioso por miedo a atraer la atención de las autoridades de facto. Se trataba de una ficción que contribuyó mucho a la consolidación de la democracia, de una mentira necesaria.

Casi todos los peronistas “de derecha”, entre ellos muchos sindicalistas, que habían colaborado activamente con los militares en una lucha contra quienes se proponían asesinarlos por motivos políticos, fueron amnistiados luego de un intervalo muy breve. Asimismo, los montoneros, erpistas y otros que habían soñado con un baño de sangre aleccionador parecido al perpetrado en Cuba por aquellos humanitarios emblemáticos Fidel Castro y el Che Guevara, se transformaron en heroicos luchadores democráticos que sólo habían querido restaurar el respeto por la Constitución.

Los únicos que no lograron esconderse en las brumas del pasado para reinventarse antes de reincorporarse a la sociedad eran los militares. Con el pretexto de que cometieron sus crímenes en nombre del Estado y no, como los terroristas, en el de una agrupación idealista del sector privado, todos los uniformados serían culpables de algo, razón por la que muchos que no han sido condenados por la Justicia siguen pudriéndose en cárceles malolientes. Se entiende: a ojos de quienes tienen poder no son humanos, ergo no tienen derechos.

Antes de las elecciones de 2015, Macri aludió socarronamente al “curro de los derechos humanos”, uno muy lucrativo, que facilitaba el kirchnerismo pero, como acaba de aprender Gómez Centurión, a personas que nunca han militado en facciones izquierdistas no les conviene oponerse frontalmente al relato según el cual la tragedia de más de cuarenta años detrás fue obra exclusiva de las fuerzas armadas y un puñado de auxiliares civiles. Las organizaciones que han medrado en base a dicho relato conservan su poder de fuego y son más que capaces de intimidar a cualquier hereje que se anime a cuestionarlo. Sin tener que esforzarse mucho, consiguieron vetar el intento del Gobierno de hacer del aniversario del golpe de 1976 un feriado movedizo; fue un tanto rara la decisión original de conmemorar tal fecha, como hubieran hecho los militares en el caso de que el Proceso tuviera el éxito que esperaban, ya que sería más lógico festejar un día menos luctuoso, pero desde el punto de vista de quienes se creen dueños del pasado colectivo es forzoso continuar celebrándolo.

Tendrá más suerte Macri con la propuesta de revisar otro capítulo local del relato progresista internacional que nos asegura que la inmigración irrestricta siempre es buena y por lo tanto es malo discriminar entre los deseosos de afincarse aquí, rechazando a los narcotraficantes y otros delincuentes o aquellos que, sería de suponer, no aportarían nada positivo a la comunidad sino que, por el contrario, actuarían como quintacolumnistas de un movimiento hostil. Puesto que Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto y otros opositores ya se han pronunciado a favor de controles migratorios más rigurosos que los habituales hasta ahora, Macri no afrontará demasiadas dificultades en su esfuerzo por mantener a raya a quienes tienen antecedentes penales. Los hay que dicen temer que el Gobierno quisiera “estigmatizar al extranjero”, pero parecería que la iniciativa oficial cuenta con la plena aprobación de la mayoría.

Tal vez sólo sea una casualidad que el vivo interés del Gobierno en reforzar los controles fronterizos por motivos de seguridad haya coincidido con cambios similares que están dándose en otras partes del mundo, comenzando, desde luego, con Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha enfurecido a sus adversarios al obstaculizar el ingreso de personas procedentes de media docena de países mayormente musulmanes.

Al magnate reciclado en mandamás de la superpotencia no le ha servido para nada señalar que en 2011 Barack Obama actuó de forma aún más severa al prohibir durante seis meses la entrada de iraquíes sin que nadie protestara en las calles de las grandes ciudades, o que, con la excepción de Irán, los países nombrados en la lista, que heredó del gobierno anterior, son Estados fallidos plagados de yihadistas, o que hay una cuarentena de países musulmanes cuyos ciudadanos no se han visto afectados. Para quienes se aseveran horrorizados por el decreto, se trata de un atropello antimusulmán sin precedentes en el mundo civilizado, algo típico del ultranacionalista y, cuando no, racista Trump. Como dijo el poeta español Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Por cierto, el poder de los relatos no es nuevo. Las imágenes que se inspiran en ellos suelen determinar lo que un político puede hacer sin brindar a los adversarios políticos de turno una oportunidad irresistible para movilizarse en contra. Un gobierno norteamericano, republicano y por lo tanto “derechista”, el de Richard Nixon, pudo hacer las paces con la dictadura comunista china de Mao sin correr los riesgos que hubiera enfrentado uno demócrata más izquierdista. 

En cambio, si uno sospechado de derechismo toma medidas contra la inmigración ilegal, se verá denunciado como enemigo del género humano por una multitud de bienpensantes, mientras que uno progresista, como el de Obama, puede hacer lo mismo con impunidad. En el transcurso de su gestión, Obama permitió la deportación de casi tres millones de indocumentados, mayoritariamente “latinos”, de los que la mitad no tenían antecedentes penales; de más está decir que a Trump no le será nada fácil superar el récord fijado por su antecesor progresista.

Desgraciadamente para quienes hablan como si quisieran vivir en un mundo sin fronteras, los problemas causados por las migraciones descontroladas que han impulsado los convencidos de que una política de puertas abiertas traería muchos beneficios están dividiendo las aguas en todos los países democráticos.

Es por tal motivo que la larga campaña del progresismo cosmopolita en contra del nacionalismo ha resultado ser contraproducente. En Europa y Estados Unidos, son cada vez más los resueltos a subrayar lo que suponen los hace diferentes de quienes se formaron en otras tradiciones o cultos religiosos. En este ámbito como en tantos otros, están acercándose a la Argentina donde el nacionalismo –que aquí suele ser más cartográfico que étnico, de ahí la pasión por la soberanía sobre zonas como los Hielos Continentales que nadie soñaría con poblar–, ha sido un factor aglutinante. Mal que bien, parecería que, para funcionar, toda sociedad necesita contar con mitos inclusivos que exaltan lo presuntamente suyo por encima de lo considerado ajeno. Si no los tienen, la fragmentación resultante podría serles mortal.
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