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domingo, 23 de julio de 2017

Una encrucijada ideológica para Mauricio Macri

Por Jorge Fernández Díaz - LA NACION
"No hay una interna ideológica en nuestro equipo, hay una batalla íntima en la cabeza del Presidente." La intrigante revelación la susurra un ministro de primera fila y alude a la tensión orgánica, a la espectral encrucijada que secretamente acosa a Mauricio Macri, entre el arriesgado y complejo camino desarrollista y la utópica praxis neoliberal. 
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Enterado de esa hipótesis, como quien quiere sacarse un sayo incómodo que lo estigmatiza (ser de "derecha" no garpa en la Argentina), el ingeniero se apresura a negarla con una batería de argumentos. El primero es que hoy se siente decididamente más frondizista (a propósito: almorzó varias veces con el ex presidente y leyó sus libros) que ortodoxo (cuánto más lo atacan los herederos de Alsogaray más de centro se percibe): "Ese centro insoportable entre los neoliberales y los neopopulistas", refuerza con ironía. Luego enumera su impulso por la obra pública, la expansión de la infraestructura, la reconstrucción del Estado para que sea un planificador activo, la apertura prudente, la búsqueda de inversiones extranjeras, el interés por las energías renovables y el diseño petrolero para Vaca Muerta. 

"La respuesta neoliberal al caso de Cresta Roja habría sido la ley de quiebras; nosotros intervinimos para recuperarla", se defiende. Pero recuerda lo que Rogelio Frigerio (el legendario abuelo de su actual ministro de Interior) habría recomendado con el déficit fiscal: reducirlo de manera imperiosa, algo que produjo muchísima conflictividad gremial en 1959. También eso era el desarrollismo, aunque hoy lo nieguen los múltiples desarrollistas silvestres de pico y mano rota. El problema es que el actual "sinceramiento de las variables", como en aquel entonces, deviene de una bancarrota no asumida, y que su ejecución hasta lograr una economía sana hace crujir siempre la gobernabilidad. El sacrificio debe alcanzar a todos los sectores, sostenía aquel Frigerio: a los empresarios y a los trabajadores, "acostumbrados a recibir los beneficios de una política social que fue intrínsecamente justa, pero que no correspondía a la situación real".

Macri se concibe como un "normalizador" en la prehistoria: debe estabilizar antes de impulsar el desarrollo en una nación devastada con veinte millones pobres. "Y ordenar la casa no seduce a nadie -se queja-. Me coloca todo el tiempo en esa posición antipática de decir que no. El malo de la película. Me cuentan que un cineasta pedía regularmente créditos al Incaa, se quedaba con una parte, hacía un filme que no veía nadie e iba por el próximo proyecto. El tipo vive bárbaro, pero esa inversión es completamente cuestionable. Si la cuestiono, estoy contra el cine y el arte". El "normalizador predesarrollista" en un país culturalmente infestado por el populismo es un faquir vulnerable en un catre de clavos envenenados: "Si desarmo la mafia de La Salada o el narcotráfico, miles de argentinos me odian, porque viven de esos negocios oscuros".

Resultado de imagen para camino desarrollistaRogelio Frigerio escribió a fines de los años 50 un libro fundamental, que la Universidad de Lanús rescatará pronto del olvido, y que tal vez le convendría repasar al Presidente, a sus ministros, a los opositores demagógicos que presumen del palo, a muchos politólogos y a los propios monetaristas. 

El texto se llama "Las condiciones de la victoria" y a pesar de que el mundo ha cambiado (fin de la Guerra Fría, globalización, revolución tecnológica) guarda una vigencia asombrosa, aunque para releerlo con provecho sea preciso desprenderlo de la experiencia específica de Frondizi, que está constreñida a un tiempo donde los militares condicionaban con las armas y el justicialismo proscripto entraba en guerra, básicamente cooptado por una inflexible corriente de izquierda nacional liderada por Cooke. 

La obra de Frigerio alude a ese período tan particular, pero se eleva para la construcción de un proyecto sin tiempo. Formado en el marxismo, el director de la revista "Qué" no se limita a copiar ni a importar un modelo; lo dibuja con rigor científico e intelectual sobre la base de la mismísima idiosincrasia argentina. Toma lo mejor del peronismo y del radicalismo, de los liberales y de los nacionalistas, y produce una síntesis que deja afuera los errores de esas doctrinas e integra sus mejores valores en un mismo sistema. Critica cada una de esas posiciones (tiene incluso una teoría de la historia que supera la división entre liberales y revisionistas) y acepta de ellas las piezas esenciales. 

Con esa ocurrencia articulada, que otros hubieran transformado en una ensalada pero que él convierte en un mecanismo de relojería, responde a tres premisas del inconsciente colectivo: todos tienen una parte de la verdad, todos deben estar adentro para cerrar las grietas, todos propenden al centro más allá de las desmesuras. La justicia social del peronismo histórico, el institucionalismo radical, el amor por las inversiones extranjeras del liberalismo y la defensa del trabajo local de los proteccionistas pueden convivir. Bachelet, muchos años más tarde, lo pondría en estos términos: "Acá no sobra nadie".

Resultado de imagen para frigerio y frondiziMenem le juró a Albino Gómez que era frondizista, Kirchner le pidió a Bordón que armara un plan a la manera de Frigerio, y Dujovne se siente mitad desarrollista y mitad radical. Tanto en el kirchnerismo como en otras variantes justicialistas, socialdemócratas e independientes, muchísimos dirigentes declaman los mismo, aunque lo interpretan de distintas formas. 

Se podría decir, parafraseando a Perón, que a esta altura del partido todos somos desarrollistas. Pero lo cierto es que el desarrollismo parece un alma en pena y en busca de un cuerpo, un mito añorado pero eternamente saboteado por la comunidad política; su derrotero coincide, por contraste, con la decadencia autodestructiva en la que estuvimos inmersos a lo largo de tantas décadas de frustración y malentendidos.

"Las condiciones de la victoria" podría ser un punto de encuentro para los imprescindibles acuerdos que deberán tejerse después de octubre. No se trata de un texto condescendiente, como presumen los progres o los populistas, ni una Biblia ortodoxa: hará tragar saliva a unos y a otros con su severidad fiscal, su rescate de lo nacional y popular, su obstinación por la seguridad jurídica y su desprejuicio con la inversión extranjera siempre y cuando esté dirigida por el Estado hacia la producción. 

Frigerio, acusado de "dirigista", explica que aquellas gestiones con el FMI "no tuvieron otro propósito que evitar una catástrofe" y la temida cesación de pagos. Redacta párrafos inequívocos de doloroso sentido común: el plan de austeridad se basa en limitar los gastos de la población a lo que realmente el país produce. Para obtener buenos resultados, el equilibrio del presupuesto estatal "se conseguirá en buena medida con la reducción sustancial de la burocracia". Y se pronuncia contra los antagonismos emotivos y los clichés de quienes buscaron la estabilización sin desarrollo, o el desarrollo sin estabilización: los reaccionarios que lo boicotearon y los inefables militantes del "izquierdismo literario" que lo resistieron, en una doble pinza donde ambos se dieron la mano.

Alguien le dijo hace unos días a Mauricio Macri algo que lo dejó pensando: "La Argentina es un carro lleno de mercadería muy valiosa que está encajado en el barro. Hay que empujar todos juntos y al mismo tiempo para sacarlo y no perder lo que tenemos". Es una metáfora simple, pero por momentos parece imposible en esta sociedad suicida.

miércoles, 12 de julio de 2017

Se ve en Siria los preliminares de una guerra entre Rusia y EEUU

Enviado por nuestro amigo Willy Krause - Una opinión.

Por Lajos Szaszdi Leon-Borja - HispanTV
Ante el 76 aniversario de la invasión alemana de la Unión Soviética, cabe ver actualmente en la guerra de Siria los preliminares de una posible futura guerra entre Rusia y EE.UU.
Ante el 76 aniversario del comienzo de Operación Barbarroja el 22 de junio de 1941, la invasión alemana de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, cabe ver actualmente en la guerra de Siria los preliminares de una posible futura guerra entre Rusia y los Estados Unidos de América que se podría evitar de Moscú actuar con mayor determinación en responder de manera proporcional al uso ilegal de la fuerza militar por parte de EE.UU. en Siria.

EE.UU. desde el otoño de 2001 y bajo las presidencias de George W. Bush, de Barack Obama y del recientemente elegido Donald Trump ha estado interviniendo militarmente en Asia, en sus regiones de Asia Meridional y Asia Occidental o Cercano Oriente, y en África del Norte de manera hegemónica, alterando en la mayor parte de los casos el orden político establecido y violando la soberanía de Estados reconocidos internacionalmente, o alargando y expandiendo conflictos internos a países vecinos, como la extensión de la guerra en Siria a Irak. Así, EE.UU. ha estado actuando como un agresor en búsqueda de alterar según sus intereses, y sobre todo de acuerdo a los intereses judíos israelíes de Tel Aviv, el orden político, económico, social - e inclusive apoyando la fragmentación de la integridad territorial en el caso de los países árabes - de Estados como Irak, Libia, Siria y Afganistán.

Las agresiones militares americanas en estos países en pos de objetivos estratégicos y geopolíticos, según los intereses de Tel Aviv (destrucción o debilitamiento de sus históricos enemigos Irak, Libia y Siria) y de Washington (obtención de bases en Irak y Afganistán para amenazar a Irán, a Rusia, y a la China en el caso afgano, acceso a los recursos minerales en los países invadidos o agredidos, además del sospechado probable estímulo a la producción de opio afgana y del control del tráfico de heroína de Afganistán a Occidente), hacen de EE.UU. y de sus gobiernos desde el año 2001 hasta el presente una amenaza a la paz, estabilidad y seguridad internacional, como lo fue la amenaza de la Alemania del III Reich de Adolfo Hitler a fines de la década de los 30 del siglo XX.

Los planes originales americanos, concebidos y apoyados por estadounidenses vinculados al Partido Republicano, tanto judíos como “gentiles”, que aparentemente tomaron los intereses de Israel primero en menoscabo de los de EE.UU., pretendían inicialmente en 1991, en palabras atribuidas a Paul Wolfowitz, invadir y derrocar los gobiernos de Irak, Siria e Irán, y después a partir de 2001 con la aprobación del régimen del Presidente George W. Bush, invadir y eliminar en cinco años los gobiernos de siete países: Irak, Siria, Líbano, Libia, Sudán, Somalia e Irán. Número de países solo superado por el número de países europeos invadidos por la Alemania de Hitler, habiendo ya sido derrocado los gobiernos de dos de los países de la lista, Irak y Libia, afanándose aún EE.UU. bajo el nuevo Presidente Trump – siguiendo la labor iniciada por el régimen de Obama, probablemente según planes del régimen de George W. Bush - en destruir al tercer país de los siete, Siria. Es de esperar que de caer el Estado Siria, le seguirían Líbano e Irán como blancos de la agresión terrorista y/o militar americana y de sus aliados, pasando por la partición de Irak.           

La agresión de EE.UU. – y las desestabilizaciones resultantes - en casi 16 años, desde los atentados terroristas atribuidos por la red internacional terrorista radical sunita Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001, se ha manifestado en las invasiones americanas de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003, en el terrorismo y la insurgencia radical sunita desatada en Pakistán por la intervención militar estadounidense, en la intervención militar predominantemente aérea y de misiles de EE.UU. y de sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Libia en 2011, y en la intervención clandestina de EE.UU. y de una coalición de sus aliados en Siria para desestabilizarla a partir de 2011 y hasta el presente.

La intervención de EE.UU. en Siria incluye el patrocinio norteamericano y de sus aliados de grupos terroristas radicales sunitas en Siria e Irak, para provocar el derrocamiento del Estado Sirio, de su destrucción como Estado viable y su fragmentación territorial, y el retorno de fuerzas y bases americanas a Irak. En particular, las recientes invasiones americanas y de sus aliados de territorio sirio, y sus intervenciones militares directas en la Guerra de Siria a favor de grupos terroristas radicales sunitas e insurgentes kurdos, tienen el objetivo de fragmentar a Siria y destruirla como Estado, en beneficio del régimen de Israel y en perjuicio de los intereses de seguridad nacional, estratégicos y geopolíticos de Rusia.

Basándose en el pensamiento teórico estratégico y geopolítico del Almirante Raoul Castex, se puede considerar a EE.UU. a partir del comienzo del siglo XXI en un perturbador continental de Asia, en el Cercano Oriente (Irak y Siria) y Asia Meridional (Afganistán y Pakistán), y en el Norte de África en Libia.    

Ejemplos de la historia de perturbadores continentales han sido Alejandro Magno de Macedonia, Atila rey de los hunos, Gengis Kan de Mongolia y sus sucesores del siglo XIII, el turco-mongol Tamerlán o el Sultán Solimán el Magnífico del Imperio Otomano. Correctamente Castex nombra como perturbadores continentales a la Francia del Rey Luis XIV y del Emperador Napoleón Bonaparte, a la Alemania de Adolfo Hitler y a la Unión Soviética durante la Guerra Fría del siglo XX.

En todo caso se equivocó Castex, muy probablemente impedido por sus prejuicios nacionalistas franceses, al decir que Carlos V y Felipe II fueron perturbadores continentales. Todo lo contrario, Carlos V de Alemania – y a la vez Carlos I de España -defendió sus dominios europeos obtenidos por herencia de los repetidos ataques franceses realizados para conquistarlos. Francia, bajo los reinados de Carlos VIII y Luis XII a fines del siglo XV y comienzos del XVI, continuando con Francisco I, Enrique II y Enrique IV a lo largo del siglo XVI, fue la perturbadora continental por pretender arbitrariamente expandir sus fronteras y obtener una influencia hegemónica europea a costa de sus vecinos. Felipe II defendió el statu quo de sus dominios heredados y su religión de los ataques de diversos enemigos, siendo en su tiempo perturbador continental aparte de Francia y del Imperio Otomano la Inglaterra de Isabel I, quien apoyó a los enemigos de Felipe II en Europa y atacó con expediciones marítimas las colonias españolas de ultramar, no solo como es de esperar después de que la guerra estallase entre España e Inglaterra en 1585 pero antes en los precedentes tiempos de paz con ataques piráticos, que fue una importante razón que provocó dicha contienda.

En cuanto a la opinión de Castex de considerar al Emperador Guillermo II de Alemania como perturbador continental, el almirante francés también se dejó cegar por su prejuicio nacionalista francés, ya que Alemania se vio amenazada por el plan de Francia y su aliada la Rusia zarista de atacar a Alemania en dos frentes, los franceses por obtener la revancha en una nueva guerra victoriosa tras su derrota en la Guerra Franco-Prusiana, y los rusos por su interés paneslavista de intervenir en los Balcanes a favor de su aliada Serbia como también de anexar territorios de población eslava pertenecientes a Austria-Hungría, como la polaco-ucraniana región de Galicia, perteneciente a Austria dentro de Austria-Hungría. Los perturbadores continentales eran Serbia, el Imperio Ruso y Francia por su interés de obtener territorios a costa de la desmembración de Austria-Hungría y de regiones alemanas. En cambio, en 1914 Alemania y Austria-Hungría defendían en Europa el statu-quo y no deseaban perturbarlo, mientras que la III República Francesa y el Imperio Ruso zarista querían perturbar el statu quo para imponer un nuevo balance de poder europeo según su conveniencia.        

Se podría decir que EE.UU. ha sido originalmente un perturbador continental en América, inicialmente contra las tribus indias americanas con las que EE.UU. había firmado tratados, violados una y otra vez por Washington y sus colonos, contra México en la Guerra de Texas y la Guerra de México y Estados Unidos de 1846 a 1848, contra los estados norteamericanos del Sur declarados independientes en los Estados Confederados de América, invadidos y sometidos por los EE.UU. en su llamada Guerra Civil de 1861-1865, en la Guerra Hispano Americana de 1898 contra España, en la intervención americana en Panamá contra Colombia en 1903 y las llamadas “guerras bananeras” con intervenciones militares americanas en México, Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua y Honduras durante el primer tercio del siglo XX.     

Rusia no ha respondido con fuerza al uso norteamericano de la misma en una serie de actos de agresión americana contra Siria, para defenderla de la agresión de los estadounidenses. Los actos de agresión de EE.UU. contra Siria han incluido la intervención ilegal de fuerzas americanas en el norte de Siria al norte del Río Éufrates, la intervención militar americana y de sus aliados en el sureste sirio en la frontera de Siria con Jordania e Irak, la ilegal e impune actividad militar aérea de EE.UU. y de sus aliados en espacio aéreo sirio so pretexto de combatir al grupo terrorista Daesh, los ataques de los aviones americanos a fuerzas sirias y de sus aliados que tratan de restablecer control sobre su territorio, el derribo por la aviación americana de un cazabombardero Su-22 sirio tripulado que volaba en espacio aéreo sirio para combatir a unidades ilegales armadas por EE.UU., y el impune ataque con misiles crucero lanzados por destructores de misiles teledirigidos del U.S. Navy contra la base aérea siria de Ash Shairat el pasado 7 de abril. 

Rusia está tratando de evitar la guerra con EE.UU. en Siria y como un Estado responsable y civilizado – lo que EE.UU. y sus aliados cómplices no son, al apoyar al terrorismo radical sunita en Siria, Irak y Libia y así provocar las tragedias humanitarias en esos países y la exportación de la amenaza terrorista a nivel global - trata de resolver el conflicto sirio por la vía diplomática. Empero, hasta hace unos días y tras los actos de agresión que EE.UU. ha cometido directamente contra Siria con total impunidad, la impresión que ha habido es que EE.UU. le perdió el respeto a Rusia y a sus legítimos intereses nacionales en Siria.

La aparente inacción rusa ante los actos de agresión estadounidenses contra las fuerzas sirias ha dado la impresión de que Moscú ha perdido su credibilidad ante Washington, en cuanto a la voluntad del Kremlin de oponerse a la agresión americana en Siria de manera proporcional y por medio del uso de su poderío militar. De manera similar, en 1936 la inacción militar de Francia para impedir que el Ejército Alemán ocupara la región alemana de la Renania, remilitarizándola , contribuyó a la impunidad de los posteriores actos de expansión territorial alemana, culminando en la invasión de Polonia en septiembre de 1939 y el comienzo de la II Guerra Mundial. En este sentido, una reciente advertencia rusa a EE.UU. parece ser que será desafiada e ignorada por Washington en Siria una vez más.

El fin de la era del petróleo abre nuevas oportunidades

Resultado de imagen para Emilio J. ApudPor Emilio J. Apud - LA NACION
Con su capacidad para el desarrollo de energías renovables y sus riquezas naturales, el país puede salir beneficiado.

El mundo se dirige indefectiblemente hacia una energía sin hidrocarburos. Es decisión de las principales potencias mundiales, apremiadas por la voluntad creciente de sus ciudadanos, que consideran los gases de combustión de los fósiles como causa principal del calentamiento global generado por el hombre.

Más allá de las conclusiones que puedan arrojar rigurosos análisis científicos sobre las causas de ese fenómeno, como hecho político prevalece la percepción de la gente que influye directamente sobre la decisión de sus gobiernos, incluso por encima de intereses económicos sectoriales. Y esto es así porque la mayoría de los países responsables de la matriz global de consumo energético son democracias -o están en vías de serlo- y, en consecuencia, dependen del voto popular.

¿Cuándo y cómo se producirá este hecho trascendental que obligará a cambios profundos en las industrias, principalmente petrolera, automotriz y bélica y al replanteo de costumbres, negocios, relaciones geopolíticas e hipótesis de conflictos? En los medios y organizaciones especializadas se manejan distintos plazos para el deadline del consumo de combustibles de origen fósil -carbón, petróleo y gas natural-, plazos íntimamente relacionados con los desarrollos tecnológicos asociados para producir sustitutos que funcionen. Seguramente, habrá un proceso de transición durante los próximos 50 a 70 años, es decir, antes de que termine este siglo.
Foto: LA NACION

Durante ese período habrá un proceso de electrificación creciente de la matriz energética en el que se irá sustituyendo la combustión en la industria, en la calefacción y en el transporte. Habrá una caída acentuada del uso de carbón, algo menor en derivados del petróleo, y un vertiginoso crecimiento del gas natural en los próximos 30 años para reemplazar los anteriores y producir la electricidad complementaria a la renovable, que, como se sabe, es de funcionamiento intermitente: cuando no hay viento o sol, no funciona. Este proceso de crecimiento acelerado del gas natural, combustible protagonista en la transición, luego decaerá hasta dar por finalizado el extenso ciclo de 200 años de combustibles fósiles.

En esa etapa también jugará un rol importante la energía de origen nuclear para generar electricidad, ya que no produce emisiones y se han logrado elevados estándares de seguridad en toda esa industria. Recordemos que en la actualidad hay 449 reactores funcionando en todo el mundo, 60 en construcción y otros tantos en proyecto.

Pero ¿qué recursos energéticos reemplazarán a los hidrocarburos, que hoy producen el 75% de la energética global? Una visión simplista, pero muy arraigada en la opinión pública, basa la solución en las energías renovables como el viento y el sol, casi con exclusividad. Sin embargo, ambos recursos presentan problemas técnicos y económicos aún no resueltos. Hoy, si quisiéramos reemplazar toda la energía por eólica y solar, deberíamos complementar esa capacidad instalada con otro tipo de generación para cubrirlas cuando no haya sol o viento. Esta situación ocasionaría costos imposibles de pagar con la tarifa y obligaría a los Estados a subsidiarla parcialmente, como está ocurriendo ahora en Alemania, donde cuentan con unos 90.000 MW entre energía solar y eólica, pero se requieren subsidios por más de 20.000 millones de euros al año. Afortunadamente, este problema será transitorio ante los avances en el desarrollo de acumuladores eléctricos de dimensiones adecuadas, gran capacidad y costo decreciente.

Hay otros recursos energéticos no contaminantes, en proceso de investigación y desarrollo, llamados también a sustituir los fósiles. Uno muy interesante es el hidrógeno (H), para combustionar con el oxígeno y producir como residuo vapor de agua y para generar electricidad por reacción química en celda o pila de combustible, muy utilizada en las misiones espaciales. Si bien el hidrógeno abunda en la naturaleza, dado que integra la molécula de agua junto al oxígeno, su obtención mediante la ruptura de esa molécula requiere de importantes cantidades de energía, que necesariamente deberá ser renovable.

Otra fuente de energía limpia e inagotable es la fusión nuclear, la reacción que mantiene vivo el sol. Se encuentra en proceso experimental, pero con problemas tecnológicos aún por resolver, que demandarán varias décadas antes de su uso comercial.

Como vemos, recursos energéticos para reemplazar los combustibles fósiles no faltan en el mundo. El timing depende ahora de las decisiones políticas de los países líderes y de los avances tecnológicos a nivel global.

La Argentina puede ser un gran beneficiario de estos cambios, para lo cual deberá pensar estratégicamente su inserción en el proceso. El país tiene gas para abastecer su demanda durante más de 300 años; sin embargo, el precio internacional del gas comenzará a declinar en algún momento de la transición, en unos 30 o 40 años, hasta dejar de tener valor económico cuando el mundo ya no lo use, en 20 o 30 años más. Es decir, todo el gas que no saquemos y exportemos en las próximas décadas quedará bajo tierra, sin valor. Nuestro país entonces enfrenta una situación paradójica y a la vez afortunada, si sabemos aprovecharla: que la demanda de gas natural a nivel mundial crecerá junto con el desarrollo de las energías renovables, que finalmente lo reemplazarán.

En estas circunstancias el shale gas aparece como una nueva ayuda del cielo para nuestro país que no debemos desaprovechar. Vaca Muerta, popularmente sinónimo de shale, aunque signifique el 70% del total de ese recurso, consiste en una inmensa roca madre compacta de superficie similar a Bélgica, enterrada a 3000 metros, llena de gas y petróleo atrapados en sus microintersticios, que se liberan mediante la tecnología de fractura hidráulica. Según los expertos, "es el único lugar en el mundo, fuera de Estados Unidos, donde se pueden lograr proyectos económicos de shale gas", y yo agregaría "por ahora". Este gobierno y los próximos diez gobiernos deberían comprometerse a remover los obstáculos que hoy frenan un desarrollo pleno de Vaca Muerta, como la infraestructura, la burocracia, la falta de reglas de juego adecuadas y perdurables, la ausencia de seguridad jurídica, el intervencionismo, la rigidez laboral, la escasa libertad económica, las desmesuradas cargas impositivas, entre otros frenos que padece el país luego de 70 años de populismo, exacerbado durante la gestión kirchnerista.

Pero además del gas de Vaca Muerta y de los inmensos recursos renovables para producir electricidad contamos con un gran potencial hidroeléctrico por desarrollar, que, hay que recordar, es energía renovable por naturaleza. Además, es ambientalmente sustentable y regulable, a diferencia de las otras energías renovables.

Esta gran ventana que significa la decisión mundial de terminar con los combustibles fósiles es una oportunidad que integra la agenda de los principales países del mundo. En ese contexto la Argentina puede obtener un gran beneficio, ya que las características de sus recursos energéticos encajan perfectamente en la transición. Debemos pensar entonces que en esto no jugamos solos y que no habrá lugar para todos. En consecuencia, deberíamos ya ir planteando las estrategias adecuadas para el mediano y largo plazo y adoptarlas como política de Estado.

Ingeniero industrial, director de YPF, ex secretario de Energía y Minería

Una desgracia para EE.UU. que confirma las peores sospechas

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Por Nicholas Kristof - The New York Times (La Nación)

NUEVA YORK.- El asombroso mail que divulgó Donald Trump Jr. en el que se coordinaba la reunión del año pasado con una abogada rusa es devastador para la Casa Blanca. Por sobre todo, ese mail subraya que la familia Trump sabía de la campaña secreta de los rusos para interferir en las elecciones norteamericanas..., y se sumaron.


Hay que leer todo el intercambio, pero el párrafo crucial es el siguiente: "El fiscal general de Rusia... ofrece suministrarle a la campaña de Trump algunos datos y documentos oficiales que incriminarían a Hillary y dejarían al descubierto sus negociaciones con Rusia, y que podrían ser muy útiles para su padre. Se trata obviamente de información muy sensible y del más alto nivel, pero forma parte del apoyo de Rusia y de su gobierno al señor Trump".

Ese párrafo demuele la posición de Trump y de la Casa Blanca de tres maneras cruciales, ya que no es atribuible a "fuentes" difusas, sino que se desprende de un documento escrito, negro sobre blanco. 

El mail demuestra lo siguiente:
1- Que el gobierno ruso estaba detrás de la jugada. Se trata del Kremlin, y no de ciudadanos rusos.
2- Que el gobierno ruso ofrecía información "sensible" y "documentos oficiales" que incriminarían a Clinton. La implicancia obvia es que se trataba de material robado por espías, probablemente hackeado, ¿o si no cómo habría accedido al mismo el gobierno ruso?
3- Que el ofrecimiento forma parte de un plan del gobierno ruso para "apoyar al señor Trump".

Conectando esos tres puntos, del mail se desprende claramente que el gobierno ruso había tomado partido y que intentaba influir secretamente en el resultado de la carrera presidencial.

En el momento de recibir ese mail, Trump Jr. debería haber recurrido de inmediato al FBI. Eso hizo la campaña de Al Gore en el año 2000, cuando recibió un instructivo de campaña del entonces candidato George W. Bush. Una cosa es investigar a la oposición: es algo que todos hacen. Otra muy distinta es usar información robada y suministrada en secreto por una nación rival. Pero en vez de llamar al FBI, Trump Jr. respondió "me encanta".

Luego, el hijo del presidente convocó a Jared Kushner y Paul Manafort a participar de la reunión. En otras palabras, informó de un intento encubierto de Rusia de usar material de espionaje para interferir en la elección presidencial, y lo aceptó. No sé si esto es un delito. Pero sí sé que es una desgracia.

En todo caso puede asegurarse que se trata de "complicidad blanda": aceptar, en beneficio propio, la interferencia de una potencia extranjera en una contienda electoral. Resta por verse si no hubo un intercambio de favores que transformen el hecho en una "complicidad dura". Pero el esbozo de un intercambio de favores está a la vista, ya que cada una de las partes deja en claro lo que quiere: la campaña de Trump quería los trapos sucios de los Clinton, y Rusia quería una flexibilización de las sanciones, si Trump resultaba elegido.

Tras ese encuentro, los Trump o la Casa Blanca negaron al menos ocho veces que ese encuentro hubiese tenido lugar. A la complicidad se agrega el engaño.
Que nadie sienta que se trata de una buena noticia: es un día muy triste para Estados Unidos.

Traducción de Jaime Arrambide

miércoles, 5 de julio de 2017

Mar del Plata, el tren del fracaso

Sebastián FestPor Sebastián Fest - LA NACION
Pocas sensaciones más liberadoras e ingenuamente felices que la que produce subirse al tren en una gran estación rumbo al destino soñado, desconocido o, simplemente, lejano. Esas estaciones que, en su monumentalidad, simbolizan una Argentina que fue, y sobre todo que pudo haber sido. Retiro, renovada, da esperanzas. 

El tren a Mar del Plata, resucitado, da ganas de llorar: se necesitan dos horas más que hace medio siglo para conectar Buenos Aires con la principal ciudad turística del país. Fráncfort y Hamburgo, a 394 kilómetros de distancia, se unen en tres horas y 20 minutos; Madrid y Valencia, a 391, en una hora y 40. Son apenas dos ejemplos.
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Hasta Mar del Plata hay 12 paradas, se explica. Y hay 114 pasos a nivel en la traza de la vía. Aún hay que reemplazar 129.000 durmientes defectuosos. Y ya se instalará el Wi-Fi en las formaciones...

Todo muy comprensible, claro, pero las casi siete horas que demanda llegar a destino convierten el tren en un símbolo. Ya naturalizamos el absurdo, porque celebramos un tren que viaja a 60 km por hora. Símbolo de la corrupción y de la ausencia por décadas de un proyecto de país, de ese fracaso que nos subió a éste y a tantos otros trenes traqueteantes.

viernes, 30 de junio de 2017

El desafío de defender la soberanía

Por Juan Alfredo Rempel - La Nación
La labor de control y vigilancia que desarrolla esta bicentenaria institución, sobre la así llamada zona económica exclusiva y plataforma continental, con sus recursos y riquezas, en tan extenso litoral marítimo, hace de la Prefectura Naval Argentina un componente fundamental del sistema de seguridad del Estado, merecedor del reconocimiento y gratitud por parte de la Nación.
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Mencionar la tarea que para este fin desarrollan los Buques Guardacostas es solo una parte de la misión, donde el ejercicio del poder de policía se complementa mediante sistemas de posicionamiento satelital, sobrevuelos de aviones patrulleros marítimos, patrullas combinadas, que conforman un mecanismo integral de control.
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Las tareas de prevención, resguardo y protección de las riquezas en el Mar Argentino, son actividades, en general, poco conocidas y rara vez difundidas en la ciudadanía, al tiempo que implican un gran esfuerzo económico, logístico y humano por parte de la Institución, en particular, y del Estado al aplicar los recursos necesarios para concretarlo.
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La cuestión se ubica en escenarios harto complejos, distantes del continente, en condiciones muchas veces adversas, con olas y vientos de magnitud, donde la pericia y profesionalidad del personal a cargo torna relevante y, más aun, cuando los infractores desoyen las advertencias de la Autoridad Marítima, ocasión en la que se ponen en práctica, protocolos preestablecidos propios de circunstancias que alcanzan a comprometer las relaciones diplomáticas con el país de la bandera del infractor.

Justo es reconocer, al tiempo de celebrar el 207º aniversario de creación de la fuerza, el acierto de la actual gestión de gobierno, al disponer la provisión de un mayor y mejor equipamiento y tecnología, asegurando el cumplimiento de su misión de salvaguarda de la vida humana en el mar, la seguridad de la navegación, la prevención ante la pesca furtiva, contaminación y protección de los recursos naturales en las aguas, entre otras tantas funciones que le alcanzan. Prueba de ello es la captura en los últimos años de más de setenta buques extranjeros, hallados operando en aguas jurisdiccionales, sin permiso de pesca.

Acaso todo esfuerzo que se lleve a cabo a favor de estos objetivos resultará insuficiente, como en tantas otras funciones del Estado, pero no se duda en sostener que la Prefectura Naval se muestra plenamente capacitada, a la altura de las más desarrolladas organizaciones guardacostas del mundo.
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Cabe así sostener que la fuerza se encuentra en condiciones de afrontar con éxito su misión, máxime con el desafío de preservación de los recursos del nuevo espacio incorporado al territorio, al determinarse el límite exterior de la Plataforma Continental a 350 millas marinas, unos 650 kilómetros del continente, área de tan significativa importancia, que contiene insospechadas riquezas para el futuro de la economía de la Nación y sus habitantes.
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Que este 30 de junio sea, una vez más, oportuno momento de sincero reconocimiento a una larga y demostrada defensa de los derechos de soberanía en el mar y zonas de frontera, asegurando, como reza su escudo de campaña, valor y seguridad en las costas y en las aguas.

Prefecto general (R), abogado y ex vicerrector del Instituto Universitario de Seguridad Marítima de la Prefectura Naval Argentina

domingo, 25 de junio de 2017

La "teoría del derrame", palabrerío populista

Editorial del diario La Nación
El capitalismo en serio no funciona como una mesa de ricos que derraman migajas al suelo de los pobres, como sí ocurre en los regímenes corruptos

El gobierno de Cambiemos se encontró con un gasto público monumental para atender sueldos, subsidios, jubilaciones y pensiones, cuyos beneficiarios no están dispuestos a resignar. Esa es la razón del déficit y éste, al financiarse con impuestos y deuda externa, motiva el atraso cambiario que incentiva las importaciones, desalienta las exportaciones, promueve el turismo hacia el exterior, daña las economías regionales y fogonea las críticas opositoras. Sin embargo, todos eluden las soluciones de fondo, pues nadie quiere afectar a los empleados públicos, ni a los jubilados, ni a los pensionados, ni a los subsidiados. Ni en la Nación, ni en las provincias ni en los municipios.

Esa carga configura el "costo argentino" que quita competitividad, demora las inversiones, alarga el desempleo y empuja a la pobreza. La distorsión acumulada durante décadas de populismo es un vástago que nadie reconoce como propio, atribuyendo su paternidad al actual gobierno, por ineptitud, por insensibilidad o por no ser peronista. Por haber aplicado un "ajuste feroz", por no haber aplicado ajuste alguno o por el ajuste que, según se presagia, aplicaría.

Ante la demora en la reactivación, se culpa al presidente Mauricio Macri de gobernar para los ricos, postergando a las grandes mayorías, que sólo recibirían las migas caídas del banquete neoliberal, después del café y los habanos. Entretanto -reza la crítica-, los excluidos deberán esperar en la calle revolviendo la basura.

Resultado de imagen para teoría del derrameEs la "teoría del derrame", una metáfora banal, inventada para descalificar al capitalismo y sus dos pilares fundamentales: los derechos de propiedad y la libertad individual. La promesa de bienestar basada en la iniciativa privada es denunciada como subterfugio de los ricos para mantener sus privilegios, ilusionando a los pobres con un arco iris inalcanzable.

El populismo, que ha infectado a todos los partidos, reclama políticas activas para no esperar un "derrame" tardío e insuficiente. Parafraseando a Keynes, sentencia que "en el largo plazo estaremos todos muertos" y, para beneficio de los vivos, aconseja profundizar los desajustes, reduciendo impuestos y aumentando gastos. Durante décadas ganadas y perdidas se "derramaron" millones en políticas de corto plazo invocando la ética de la solidaridad, la justicia social y la igualdad inclusiva. La culminación fue el kirchnerismo y sus millones de pobres, secuela tenebrosa de la valija de Antonini, las cajas de Florencia, la bolsa de Felisa y los bolsos de López, la imprenta de Boudou, los casinos de Cristóbal, las estancias de Lázaro, los hoteles de Cristina, los aviones de Jaime, los testaferros de De Vido y los fondos de Santa Cruz. Todo ello malversando los verbos "alimentar, educar y curar" e invocando los derechos humanos como manto indecoroso para cubrir aquellos escándalos de corrupción y testaferros.

Contrariamente a la crítica, Macri es un campeón del gasto público. Mantiene a casi un millón de empleados, incluyendo los tres poderes del Estado nacional, y no exige a las provincias y municipios la reducción de los tres millones restantes. Amplió los ministerios y los planes sociales, respetó los subsidios al transporte y ajustó sólo parcialmente las tarifas de energía. Con desaprensión fiscal, impulsó la reparación a los jubilados y lanzó obras por todo el país, desde rutas a cloacas, pasando por agua potable, ferrocarriles y obras hídricas, para cumplir en meses lo que nunca se realizó en años. Por eso, su cautela gradual es tildada como "kirchnerismo de buenos modales" financiado con deuda externa y presión fiscal.

El capitalismo en serio no funciona como una mesa de ricos que derraman migajas al suelo de los pobres. Eso ocurre en los regímenes corruptos, cuya finalidad real es enriquecer a los poderosos del mercado... político, mientras distraen a la población con dádivas inmorales, falsas inauguraciones y discursos en cadena nacional.

La esencia del capitalismo implica movilidad social e igualdad de oportunidades. Cuando no hay corrupción ni populismo, el progreso personal se logra con mérito y esfuerzo, no mediante el "derrame" de sobras de un festín. En el capitalismo verdadero cualquiera puede sentarse a la mesa y no son migas las que caen, sino excluidos que ascienden hasta ella. Esa inocultable realidad impulsa a miles de familias a buscar un futuro en Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania. No cruzan alambrados ni se embarcan en chalupas para esperar el derrame, sino en pos de una vida mejor.

Para que la dinámica capitalista impulse prosperidad en la Argentina, como hace un siglo y medio cuando llegaron cinco millones de inmigrantes, es indispensable desatar los nudos de corrupción y privilegios que sustentan el costo argentino y ahuyentan la inversión en la economía real.

La referencia peyorativa al "derrame" es apenas oportunismo taimado, como si fuese posible curar una enfermedad con el mismo bacilo que la causó. Sólo con inversión y aumento de productividad habrá educación para todos, alimentación para los niños, trabajo verdadero, transporte decente, viviendas dignas y acceso a la salud. Las bases indispensables para que la movilidad social funcione.

Ha llegado el momento de la verdad y ello incluye mirarse en el espejo, asumir responsabilidades colectivas y acordar propuestas sensatas para sacar a nuestro país del pozo en que lo han dejado. Sin más palabrerío populista.

martes, 20 de junio de 2017

¿Por qué si Alemania es el país más poderoso de Europa es tan reticente a convertirse en una superpotencia militar internacional?

La canciller Angela Merkel habla con miembros de la ArmadaPor Chris Bowlby - BBC
La canciller Angela Merkel habla con miembros de la Armada - GETTY IMAGES

La Armada alemana está participando en una coalición militar internacional para combatir al autodenominado Estado Islámico en Siria.

Con Vladimir Putin operando para ganar influencia en Europa del este, con conflictos en Asia y Medio Oriente provocando una ola de migración hacia Europa y con Donald Trump cuestionando el compromiso de Estados Unidos con la OTAN, Alemania tiene buenas razones para sentirse insegura. "Debemos luchar por nuestro futuro nosotros mismos como europeos", dijo la canciller Angela Mekel en mayo.
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Tropas alemanas están desplegadas en sitios que van desde Lituania hasta Afganistán y Mali. Y Merkel ha prometido incrementar el gasto de defensa del país. Pero Alemania y su canciller enfrentan un problema fundamental: la mayoría de los alemanes se muestran muy renuentes de seguir por ese camino. Miran con sospecha a su propio ejército. Es una actitud reforzada por un escándalo reciente que involucró a la Bundeswehr (las Fuerzas Armadas alemanas).

Cómo la sombra del pasado nazi persigue a las fuerzas armadas de Alemania. Los despliegues en el extranjero están estrictamente restringidos por las leyes y por el Parlamento. Pero sobre todo, esta actitud ha adquirido forma por la sombra de la historia.
Adolf Hitler revisa las tropas en Belrín en 1936.
Adolf Hitler revisa las tropas en Berlín en 1936 - BBC SPORT

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos no querían que Alemania tuviera ningún tipo de fuerzas armadas. Los extranjeros han sido tan exitosos al desmilitarizar Alemania —y los alemanes son tan sensibles por su pasado belicoso— que es probable que hoy la mayor potencia europea continúe siendo un "debilucho" de los campos de batalla.

Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió un debate sobre si Alemania debería tener algún tipo de fuerza armada. Se argumentó que se tenía que poner fin a un ciclo que comenzó con el militarismo prusiano y terminó con los crímenes de guerra nazis. Aunque los comunistas que gobernaron Alemania oriental sí crearon un Ejército Popular siguiendo las tradiciones militares alemanas, en la Alemania occidental, ocupada por Reino Unido, Francia y Estados Unidos, emergió un servicio armado muy distinto.

La Bundeswehr, creada a mediados de los 1950, nació como una fuerza deliberadamente muy modesta que sólo tenía la misión de defender el territorio de Alemania occidental y no de luchar en el extranjero. Se enseñó a sus reclutas a pensar en sí mismos como "ciudadanos con uniforme".
De hecho, el propio uniforme, tal como señala el historiador James Sheehan, "realmente se parecía más al de los conductores de autobuses que al de los antiguos regimientos armados".
La tripulación de la nave submarina
GETTY IMAGES - La tripulación de la nave submarina "HAI" se embarca en Kiel en agosto de 1958, en las primeras maniobras navales de Alemania después de la guerra.

La Alemania moderna, dice Sheehan, "piensa en sus fuerzas armadas casi de la misma forma como muchos Estados piensan en su fuerza policial". Asegura que lo que llama una "persistente desconfianza en las instituciones militares, sigue siendo muy fuerte y, de alguna forma, cada vez se hace más fuerte". El factor subyacente a todo esto es el perdurable recuerdo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, no sólo la vergüenza de los crímenes nazis sino también la devastación infligida en los civiles.

Una bomba destruyó Dresden en 1946
Muchas ciudades alemanas, como Dresden, tuvieron que ser reconstruidas después de la guerra.
Werner Kraetschell, un pastor protestante de una vieja familia prusiana que se convirtió en capellán militar, habla de los muchos miles de alemanes que crecieron después de la guerra "sin padres". Esto todavía provoca lo que él llama "reacciones internas" en los alemanes cuando se habla de los asuntos militares. Tal como afirma Sophia Besch, experta es asuntos militares del Centro para la Reforma Europea: "Si fueras soldado (en Alemania) realmente no podrías subirte a un tren en uniforme. Los pasajeros se te acercarían y te llamarían 'asesino'".

Cuando terminó la Guerra Fría y Alemania fue unificada, su gente pensó que la paz era más o menos permanente. Pero Franz Josef Jung, político demócrata cristiano y antiguo ministro de defensa afirma que ahora el país "se ha dado cuenta de la realidad".

"Nuestra población ha tenido una actitud más formada por el pacifismo", agrega. "Tenemos que dejar en claro", argumenta, la necesidad de que las nuevas políticas "superen los desafíos de seguridad internos y externos".

Desde la reunificación, Alemania comenzó por primera vez a desplegar tropas en el extranjero. Pero la susceptibilidad es intensa.

Soldados de la Bundeswehr
Hasta 1.000 soldados de la Bundeswehr están actualmente en Mali como parte de la misión de mantenimiento de paz de la ONU.

En 2009, hubo alegatos de un encubrimiento después de un ataque militar en Afganistán que involucró a las fuerzas alemanas y que causó muertes de civiles. Jung se vio forzado a renunciar.
La supervisión parlamentaria de cualquier despliegue militar es intensa y el Partido Verde es uno de los más críticos.

Doris Wagner, diputada de los verdes y especialista en seguridad, afirma que desea mantener la idea de que los alemanes son "más mesurados en las acciones militares".
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Mientras tanto, la vieja idea de un ejército de ciudadanos está luchando por sobrevivir. Alemania ya abolió la conscripción obligatoria y se está concentrando, igual que en otros ejércitos modernos, en las fuerzas especializadas más pequeñas.

Una antigua preocupación sobre las fuerzas armadas resurgió el mes pasado cuando un escándalo expuso una infiltración de la extrema derecha en la Bundeswehr, que incluyó una supuesta conspiración terrorista para asesinar a buscadores de asilo y celebrar las tradiciones de la era nazi.
Un grafiti pintado en una barda
EPA - Un grafiti pintado en una barda en los cuarteles de Fuerstenberg dice "fuera nazis".

Hay quien dice que el problema fue exagerado en medio de una atmósfera agitada. Pero según Sophia Besh, esto demuestra que "todavía existe una relación torturada entre la Bundeswehr y el público alemán". 

Ahora hay una urgencia real en Alemania de un debate sobre su futuro militar. Los alegatos de Donald Trump de que la OTAN es "obsoleta" y su cuestionamiento sobre la seguridad colectiva fueron "una gran sorpresa" para los alemanes, dice Berthold Kohler, editor del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung. "Nadie podía imaginarse que un presidente de Estados Unidos diría tal cosa".
Angela Merkel y Donald Trump
GETTY IMAGES - Angela Merkel dijo que Europa ya no puede "depender completamente" de Estados Unidos con Donald Trump.

Kohler ha hecho lo posible para provocar una reflexión radical, argumentando en su prestigioso periódico para que Alemania considere la adquisición de sus propias armas nucleares. Pero cree que esas ideas siguen siendo más o menos "impensables e indecibles" para la mayoría de los alemanes.
Aunque algunos se oponen a las armas nucleares en principio, muchos otros han pasado décadas viviendo cómodamente bajo el escudo nuclear de Estados Unidos y la OTAN. "Nadie esperaba que tendríamos que pensar sobre esto", dice. Y pocos alemanes quieren hacerlo ahora.

Alemania actualmente gasta sólo 1,2% de su PIB en defensa. "Tenemos un déficit comercial MASIVO con Alemania, además ellos pagan MUCHOS MENOS de lo que deberían a la OTAN & las fuerzas armadas", tuiteó el presidente Trump recientemente. "Muy mal para EE.UU. Esto cambiará".
La ministra de Defensa alemana Ursula von der LeyenEPA - La ministra de Defensa alemana Ursula von der Leyen afirma que la veneración de Hitler no tiene lugar en el ejército moderno alemán.

Alemania se resistirá a los llamados de Trump para que gaste mucho más en defensa, pero el bajo financiamiento a veces ha sido muy vergonzoso, como cuando se dio a conocer que durante un ejercicio de la OTAN en 2014, los comandantes de tanques de la Bundeswehr cubrieron su falta de ametralladoras con palos de escoba pintados de negro.

Pero ¿hasta dónde avanzará Berlín? Werner Kraetschell, quien conoce a Angela Merkel y su manera de pensar, afirma que la canciller quiere "un ejército alemán fuerte capaz de enfrentar una responsabilidad internacional". Pero su dificultad es que "el pueblo alemán está en contra del ejército".
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Quizás los alemanes continuarán con este experimento histórico único, tratando de convertirse en una creciente potencia internacional sin un esfuerzo militar significativo. Porque el pasado todavía pesa mucho. Pase lo que pase, no habrá marchas audaces hacia la acción militar extranjera.

Más bien veremos unas fuerzas armadas alemanas caminando de puntillas cautelosamente hacia un futuro sumamente incierto.

lunes, 19 de junio de 2017

Malvinas: errores de la diplomacia a 35 años de la guerra

Por Claudio Negrete* (Noticias)
De poco y nada sirven las estrategias que adoptó la Argentina, propias del siglo pasado, para con las Malvinas. Pero hay espacio para redefinir la estrategia.

Luego del 82, el Foreign Office llevó adelante una política de congelamiento del reclamo argentino hacia los países centrales y supo producir hechos de valor jurídico y diplomático que debilitó aun más nuestra posición.

El primero de ellos, y quizá más significativo, fue la inclusión de un nuevo y decisivo actor: los isleños. Y lo hizo al reconocerles su autonomía con la sanción de la Constitución del Territorio Británico de Ultramar de las Islas Malvinas aprobada el 5 de noviembre de 2008 por la reina Isabel II. En el primer capítulo, de los 22 que tiene, se establecen los derechos y las libertades fundamentales de los isleños, poniendo énfasis en el derecho de la libre determinación. Y con este reconocimiento legal, la Unión Europea ratificó con el Tratado de Lisboa que las Malvinas son territorio británico de ultramar siendo incluido en los mapas oficiales de la comunidad.

Otro hecho jurídico-político a favor de Gran Bretaña fue el ocurrido en diciembre de 2012 cuando la diplomacia inglesa declaró que “el territorio antártico británico es parte importante y único de los 14 territorios que el Reino Unido tiene en ultramar”, entre los cuales para ellos se encuentran las Malvinas.

Lo hizo con motivo del anuncio de que 271.000 kilómetros cuadrados de territorio antártico fueron bautizados como la “Tierra de la Reina Isabel” como un regalo en honor a los 60 años de la soberana en el trono, área que también asumen como propias Chile y Argentina.

La zona en disputa, que hasta el momento no tenía nombre, aparece ahora como “Tierra de la Reina Isabel” en todos las cartografías británicas y de los países europeos. “Es un gran honor asociar de forma permanente a la Antártica con su Majestad y de esta forma reconocer el compromiso que el Reino Unido tiene con este territorio”, explicó el Foreign Office.

Fracaso

En más de un siglo y medio desde que Inglaterra usurpó las Malvinas, la Argentina sólo puede exhibir una serie de fracasos en su intento de retrotraer la situación a febrero de 1833, cuando ejercía la plena soberanía heredada de España.

A 35 años del fin de la guerra, es decir de una rotunda derrota argentina en todos los campos, la única salida que se presenta a la propia impotencia y a la encrucijada de la constante frustración pasa, ineludiblemente, por la construcción de un dialogo directo, firme, sin ambigüedades con británicos e isleños, al que pueden aportar otros actores internacionales.

Abordar una nueva relación que amalgame confianza abrirá caminos  hacia un futuro acuerdo que necesariamente contemple sesiones y satisfacciones mutuas. O como define el historiador Luis Alberto Romero: “no debemos conquistar su territorio sino a su pueblo, sus corazones y su razón”.
Es desbloquear la tensión con un diálogo franco y sin que ello implique debilidades identitarias. La intransigencia unilateral impuesta por el kirchnerismo por más de una década, que fue absolutamente funcional a los intereses de Gran Bretaña ya que congeló su posición favorable de fuerza por aquello de “ellos no quieren hablar”.

La actual iniciativa del gobierno argentino, que debería ser complementada con una generosa y amplia convocatoria interna para consensuar una política de largo plazo, saca al país de una actitud infantil defensiva y victimizante, instando ahora a Gran Bretaña a exponer su real interés ante la opinión pública mundial. Se empieza así a hablar de muchas nuevas cosas y reaparece, al menos en la formalidad simbólica, la palabra soberanía.

Sin embargo, el comienzo de un nuevo diálogo político entre los gobiernos no alcanza pero sí reconoce lo que venía sucediendo desde hace muchos años en la base social. Hoy los ex combatientes de ambos países se reconocen, se admiran, comparten recuerdos, duelos, experiencias y amistades.
Con la voluntad de las dos partes se acordó construir un cementerio con los restos de nuestros combatientes cuyos familiares viajan libremente a las islas para homenajearlos. La Cruz Roja garantiza el proceso de identificación de restos de soldados argentinos; y se avanza con información argentina en el retiro de las miles de minas diseminadas en todo el territorio. Competencias deportivas unen a isleños y argentinos.

Alumnos del continente viajan para conocer las islas; y contingentes de turistas son recibidos como un hecho natural. Investigadores y periodistas producen en los mismos lugares de la guerra toda clase de documentos testimoniales. Es decir, el diálogo está siendo cincelado por la gente y los mismos protagonistas del conflicto bélico. Un proceso humano que en el fondo tiende a cerrar un pasado doloroso para todos a partir de la convicción de que nadie quiere más una guerra.

Hay un elemento exógeno nuevo que inesperadamente beneficia a la Argentina. Gran parte del sustento de los derechos de los isleños era su condición de nacidos y criados en las islas y por varias generaciones. Pero ese argumento fue perdiendo fuerza con los años. Desde 1985, Gran Bretaña condujo una campaña para atraer y radicar inmigrantes en las islas.

Hoy una porción importante de sus mil habitantes son de otros lugares. Llegaron de países como República Checa, Inglaterra, Irlanda, Alemania, África, Australia, y Nueva Zelanda, entre otros. Todos conservan su propia nacionalidad y logran sus residencias por ser europeos o integrantes de la Commonwealth británica. Además, hay que sumar la inmigración latinoamericana principalmente de Chile y Perú.

En las islas viven alrededor de 1.000 militares retirados que se jubilaron y que se quedan allí por los beneficios sociales que obtienen. Asimismo, existe una enorme base militar que es, de hecho, el principal empleador de los isleños y los residentes extranjeros. Todos los años, las islas atraen a 1.500 soldados que rotan, gastan sus ingresos en alquileres de casas, coches, comidas y turismo.

Junto a los parientes que los visitan constituyen el llamado turismo militar para el cual se usa la base como estructura logística. Entonces, ¿son los mismos derechos históricos que tenían los isleños de la época de la guerra que los actuales que no la vivieron y, además, provienen de otros países? En un futuro, ¿los actuales habitantes querrán ser argentinos y dejar de ser ciudadanos de sus naciones? 

Como se ve, el conflicto por las Malvinas también quedó impregnado por el problema de la inmigración mundial.

Fronteras

El mundo no es el mismo de antes. Como consecuencia del Brexit, Gran Bretaña dejará la comunidad europea en dos años y perderá apoyo político del bloque al aislarse de su continente. Cerca del 70% de la actividad económica de los isleños depende de los accesos al mercado europeo.

El nuevo poder de los Estados Unidos de Donald Trump está poniendo a prueba el statu quo de contención y seguridad internacional. Las instituciones surgidas al fin de la Segunda Guerra Mundial y sus burocracias viven en crisis y han sido superadas por la velocidad de los nuevos acontecimientos.

En política internacional nada es estático como tampoco permanente. El mundo está con una crisis sistémica y en un proceso de transición hacia una nueva organización con otros jugadores y, por lo tanto, una ampliación de espacios de decisión que renueva pujas y tensiones. Con este fenomenal escenario en movimiento, de poco y nada sirven las estrategias que adoptó la Argentina, propias del siglo pasado, para con las Malvinas. Hoy, las relaciones personales son determinantes.

El sujeto toma centralidad, un protagonismo quizá desmedido, en los acontecimientos locales y mundiales, y se instala como un factor decisorio de nuevos liderazgo que prescinden de visiones dogmáticas; son pragmáticos y por eso crecen por fuera de las viejas estructuras políticas conservadoras que los promueven e intentan contener. Un buen ejemplo de ello es la llegada al poder francés de Emmanuele Macron.

Este es el actual escenario internacional sobre el cual la Argentina debe repensar una nueva estrategia de su ubicación mundial y que contemple el tema Malvinas. Por fuera de los laberintos de la burocracia diplomática racionalista se desarrolla una diplomacia humana, de contacto directo, marcada más por vínculos de confianzas personales que por ideologías y prejuicios que ponen límites.

Y en esta dimensión ahora se igualan tanto la influencia del funcionario de un gobierno como la del isleño y de la multitud de individualidades que conforman los nuevos movimientos sociales y una opinión pública que elimina anonimatos y al mismo tiempo presiona a los poderes a escala planetaria con las redes sociales.

Son evidentes los límites de la lógica de la política tradicional para resolver conflictos irresueltos por década o centurias.

Se abre paso la construcción de acuerdos sociales locales y mundiales con los involucrados directamente en cada crisis. En definitiva, el camino hacia una solución al complejo problema de Malvinas es un montaje de conjunto, horizontal, desprovisto de manipulaciones políticas, que permita llegar a acuerdos duraderos en el tiempo basados en la aceptación del otro y también de concesiones mutuas. Porque, en última instancia, las guerras suelen instigarse casi siempre por intereses inconfesables del poder, pero alcanzar una paz justa y permanente desde la verdad histórica sólo es posible de lograr con legitimidad cuando ese proceso lo protagonizan las víctimas.

*Periodista y escritor. Magíster en Relaciones Internacionales (FLACSO) y miembro del Club Político Argentino.

sábado, 17 de junio de 2017

El porvenir argentino y las futuras plantas nucleares

Editorial del diario La Nación
Cuando el mundo desarrollado abandona por peligrosa la energía atómica, la Argentina construirá dos centrales en virtud de los acuerdos con China
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Entre los acuerdos firmados en el reciente viaje del Presidente a China se destaca el de la construcción de dos centrales nucleares: Atucha III, junto al río Paraná, en Zárate, y otra central que se instalará en Río Negro. El compromiso provenía del gobierno anterior junto a las polémicas represas sobre el río Santa Cruz. Ambas infraestructuras revelan una nula racionalidad económica y energética y son el resultado de decisiones del Poder Ejecutivo de la década anterior que no han sido social ni institucionalmente consensuadas.

La energía nuclear es difícil de justificar para la Argentina. Es riesgosa, es vulnerable a cualquier atentado terrorista, sus residuos radiactivos persisten por miles de años y es cara. Al mismo tiempo, nuestro país posee mucho gas, con un gran potencial en Vaca Muerta, y excelentes condiciones para el desarrollo de energías renovables. Cabe preguntarse entonces por el sentido de invertir en tecnologías que el mundo está abandonando: Alemania apagará todas sus centrales antes de 2022; Suiza las desactivará una vez cumplida su vida útil, e Italia ha decidido no avanzar en el desarrollo de esta tecnología luego de que un 95 por ciento de los italianos que participaron de un referéndum votaron en contra de la energía nuclear. Incluso Francia, país donde la energía nuclear representa más del 75 por ciento de la matriz eléctrica, ha propuesto diversificar la producción de electricidad y reducir al 50 por ciento el peso de la energía nuclear para 2025. 

La Argentina va por el camino inverso. Parece ignorar que no hay energía nuclear sin riesgo. Riesgo porque implica guardar por miles de años los residuos radiactivos que genera. Riesgo ante un posible atentado, que no es una posibilidad disparatada, y menos para un país que los ha sufrido y no ha podido siquiera avanzar en la investigación de los hechos. Nos guste o no, la energía nuclear aumenta el peligro en nuestra sociedad y se trata de un riesgo no solo para las personas y su salud, sino para la naturaleza.

Resultado de imagen para futuras plantas nuclearesEn los últimos siete años las energías renovables no convencionales eólica y solar fotovoltaica han tenido un crecimiento promedio del 20 por ciento. Desde 2015, la capacidad instalada global de energía eólica superó a la de la nuclear y en breve lo hará también la energía solar.

Es cierto que la intermitencia de las energías renovables es una de sus debilidades, pero con una generación distribuida y descentralizada, el avance tecnológico en almacenamiento y la caída de los costos de las energías renovables no convencionales nos lleva a preguntarnos acerca de la pertinencia de invertir en energía nuclear. El costo de instalación de una central nuclear es, aproximadamente, cuatro veces más caro que el de la eólica. Sin embargo, su capacidad de generación es apenas el doble, y a esto hay que sumarle todo el costo de operación y mantenimiento, el costo del combustible nuclear, la custodia por miles de años de los residuos radiactivos y los impactos de la minería del uranio, que no están contemplados dentro del precio del combustible que utilizan.

Uno de los desvelos del Ministerio de Energía y Minería es el autoabastecimiento energético, pero no es posible confundir el precio del desarrollo con el desarrollo a cualquier precio. Instalar centrales nucleares en la Argentina tiene como única justificación posible la búsqueda de inversiones a cualquier costo. Se trata de una tecnología que ya es antigua y lo será aún más cuando las plantas hayan sido finalizadas.

Es cierto que la instalación de estas centrales se encontraba acordada, sin transparencia alguna ni información pública, por el gobierno saliente con el apoyo del sector nuclear argentino. Pero en una sociedad democrática no resulta aceptable la imposición sin consenso social de infraestructuras capaces de amenazar el entorno y la vida humana. Frente a la aceptación resignada de los acuerdos con China por parte del gobierno actual, parecería que la sociedad no cuenta con medios institucionales para evitar negocios realizados con un altísimo grado de corrupción, a puertas cerradas. Es indudable que, para un país como China, resulta indiferente el control que puedan ejercer las instituciones republicanas. La decisión de construir centrales nucleares debe insertarse en un plan que defina la matriz energética del país, con audiencias públicas, aprobado por el Parlamento.

Desde su reforma en 1994, la Constitución Nacional cuenta con la posibilidad de llamar a una consulta popular que puede ser convocada por el propio Congreso o el Poder Ejecutivo Nacional. Mediante esta modalidad, es posible realizar una consulta sobre una determinada ley o política, o bien sobre cuestiones de Estado excepcionales.

Definir la matriz energética que tendrán las próximas generaciones es, sin duda, una causa lo suficientemente trascendente como para hacer ese ejercicio cívico. En particular cuando se trata de decidir la instalación de industrias que poseen la capacidad de amenazar el entorno y la vida humana. No es que no haya medios institucionales para evitarlo. Solamente hay que utilizarlos. Se necesita generar un debate transparente para evitar errores que no tendrán remedio.

Existen alternativas más limpias, baratas y seguras. Las industrias solar y eólica están creando empleos 12 veces más rápido que otras. Es natural que la sociedad se plantee si tiene sentido seguir adelante con la construcción de centrales nucleares o resulta más adecuado utilizar otras modalidades para generar energía sin riesgos.

El rol del Gobierno debe ser representar y defender el interés público y brindar transparencia. Mas allá del hecho de que los acuerdos hayan sido iniciados por el gobierno anterior, sólo el consenso público podría decidir si el proyecto de construir centrales nucleares posee, más allá de las justificaciones y el interés del sector nuclear argentino, un valor ético. Por ahora, se trata de la imposición de un alto riesgo y un costo innecesario para nuestra sociedad. Sin dudas, éste no es el cambio prometido.

domingo, 11 de junio de 2017

Mauricio Macri, entre la impericia y la alta confianza externa

Adrián EscandarPor Silvia Mercado - Infobae.com - smercado @ infobae.com

Si el Gobierno hubiera aceptado armar una "Conadep de la corrupción" tal vez ya habría condenados. La incapacidad en materia jurídica contrasta con el posicionamiento que ahora tiene Argentina en el exterior. El G20 un desafío para la seguridad y la logística

Mauricio Macri, su esposa Juliana Awada y Antonia, la hija de ambos, salieron de la gala de reapertura del Teatro San Martín, donde disfrutaron algunos cuadros de danza contemporánea y el increíble grupo de titiriteros del elenco estable, y en lugar de irse a cenar a Olivos, decidieron comer en La Stampa, el tradicional restaurante manejado por el napolitano Felice Ambrosio, de la Recova de Posadas. Al llegar, fueron aplaudidos, pero hubo coincidencia en dejarlos comer tranquilos. Aunque mientras la niña conocía la gran cocina y el chef la instruía acerca de cómo poner los ingredientes sobre la pizza que pidió su padre, dos personas se acercaron a la mesa presidencial con un pedido específico: "Mauricio, si no puede poner presa a Cristina, lo que entendemos, porque se trata de una República, por lo menos haga algo para que devuelva la plata que se robó y le llegue a los que la necesitan".

No es la primera vez que a Macri le reclaman algo del estilo en la calle, pero una persona que suele colaborar en asuntos jurídicos vinculados a la gestión cree que al Presidente "algo le hizo click últimamente, porque antes no le interesaban los temas de corrupción del kirchnerismo y ahora los sigue con una obsesividad que no se le conocía en la materia, como antes lo hacía con ciertas obras de infraestructura, es decir, con temas más afines a su personalidad".

Esa es la única explicación que le ofreció el Gobierno a Infobae para comprender la sobreactuación de importantes funcionarios en cuestiones sobre las que hace pocas semanas se declaraban ajenos. En pocos días, los voceros oficiales en la materia pasaron de decir que se trataba de un tema de la justicia, a viajar a los Estados Unidos en la búsqueda de pruebas de la corrupción. Y de pedir que la empresa Odebrecht deje el país porque consiguió contratos con coimas, a realizar una nueva oferta de acuerdo de delación, ahora bajo una nueva legislación que el Ejecutivo enviaría al Congreso que -de aprobarse- permitiría que la Procuración General del Tesoro pueda dar una solución administrativa (no penal) a la empresa arrepentida, a cambio de la información precisa de coimas y coimeados.

Recién ahora el Gobierno empieza a ensayar un camino razonable para salir de la compleja situación en la que había caído por el caso Odebrecht, una empresa que estaba dispuesta a hablar, y un sistema judicial no dispuesto a escuchar, con Alejandra Gils Carbó, la jefa de los fiscales, a la cabeza de la fábrica de humo, para tapar la red de corrupción que hubo durante los años K.

En el medio, el Gobierno hizo papelones históricos. Desde instalar que el ministro de Justicia, Germán Garavano, iba a los Estados Unidos a traer información sobre la delación de Odebrecht, hasta hacer trascender los nombres de Julio De Vido, Ricardo Jaime y José López están en la lista de coimeados.

Ahora Garavano dice que ese viaje estaba planificado -para otros asuntos- con anticipación y que, lejos de traer información, lo que hizo fue obtener cooperación de su par norteamericano para firmar un acuerdo entre ambos países, y que esos documentos lleguen a la justicia.

Acerca de los nombres de De Vido, Jaime y López todavía no mostró ningún papel, y tampoco tendría cómo mostrarlo. Mal que le pese, no es tarea del Gobierno. Parece evidente que esos nombres están implicados. ¿Quién sino? Pero que fuentes oficiales los hagan trascender, tiene más que ver con la ansiedad del Presidente que con información fehaciente.

Como en otras áreas, la impericia que exhibe el Gobierno en las investigaciones en torno a la corrupción es notable. Siempre arranca equivocándose, dando manotazos sin ton ni son, corriendo para cualquier lado. Ya es tiempo de saber que, cuando un funcionario corre, es porque Macri está muy enojado. Lo usual, entonces, es que haya funcionarios que se choquen y nadie entienda mucho nada. Finalmente, Odebrecht desnuda la impotencia del Estado argentino para acceder a la verdad, condenarla y evitar que vuelva a repetirse.

Tal vez el Gobierno esté pagando una falencia de origen, su negativa a organizar una "Conadep de la corrupción", una comisión con amplias facultades para investigar los casos y ofrecer los resultados a una cámara penal, es decir, un proceso que en poco tiempo de respuestas a una población demandante de justicia. Cuando arrancó la gestión, Macri creyó no era una prioridad y solo se abocó a sacar a la jefa de las investigaciones, Gils Carbó, del Ministerio Público Fiscal. Al no poder hacerlo, todo impulso investigativo queda trunco y las complicidades de los años K que derraman sobre la justicia federal hacen imposible dar el salto de calidad institucional que requiere el proceso de cambio iniciado el 10 de diciembre de 2015.

Ese desinterés original es lo que llevó a que los únicos sospechados parecen ser el actual jefe de la AFI, Gustavo Arribas, que recibió transferencias de un cambista brasileño, todavía no se sabe en base a qué concepto, y el primo hermano del Presidente, Angelo Calcaterra, por entonces dueño de  IECSA, una de las cuatro empresas que están haciendo el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento (las otras son Odebrecht, Ghella y Comsa, todas allanadas la semana pasada). Por cierto, un despropósito si se tiene en cuenta la nula decisión que tenía el por entonces jefe de Gobierno en las decisiones K.

Para colmo, ahora se recordó un aporte de campaña de Odebrecht al PRO, una información que -por cierto- era pública, y que la multinacional brasileña hizo a otros partidos políticos, incluso a algunos ubicados en la centroizquierda e insospechados de vínculos con la corrupción.

La inoperancia del Gobierno en la panoplia jurídica contrasta con sus éxitos en el posicionamiento externo, la confianza que genera Macri por la convicción con la que está llevando adelante la salida del populismo. Se le puede criticar muchas cosas, pero el Presidente es reconocido como un ejemplo a imitar, un líder indiscutido en momentos donde los pilares democráticos, pacíficos y multilaterales son puestos en tela de juicio en algunas de las principales capitales del mundo.

Es lo que se vio con la visita de la canciller alemana Angela Merkel que, previsora como es, vino al país a exhibir su respaldo a Macri y a acelerar la transición hacia la presidencia argentina del G-20, ya que en los próximos meses ella y su equipo estarán abocados en su campaña por la tercera reelección.

En la vorágine de los primeros meses del Gobierno, no se destacó lo suficiente el logro alcanzado para que en el 2018 nuestro país sea el anfitrión del grupo que nuclea a las 19 mayores economías mundiales y la Unión Europea, que en conjunto representan el 85 por ciento del PBI del mundo y dos tercios de la población. Argentina -que fue incluida al inicio de la conformación del Grupo, en 1999- casi es expulsada durante los años K por sus vínculos sospechosos con Irán y el lado oscuro del globo.

En la cumbre de Sherpas del G20 que en junio de 2016 se hizo en Xiamen, China, el por entonces vicecanciller Carlos Foradori torció una decisión que ya estaba virtualmente tomada, que sea la India el país anfitrión en el 2018, para la cual ya había hecho consultas y había consenso. Las instrucciones que Foradori llevó desde Buenos Aires es que debía traer la próxima cumbre para Buenos Aires. No le debe haber resultado fácil desplazar a un país comercialmente importante, con 1200 millones de habitantes y un gobierno que goza del respaldo del concierto internacional, el encabezado por Narenda Modi. Sin embargo, primero con el enfático respaldo de Brasil y México, los otros dos socios regionales del G20, e inmediatamente después de Canadá, Sudáfrica y Alemania, hubo consenso sobre la Argentina, que fue elegida por aclamación.

Ahora nuestro país tiene enormes desafíos para llevar adelante la reunión de jefes de Estado del G20 que se realizará en Buenos Aires en noviembre del 2018. Está exigido a asegurar estándares internacionales en materia de seguridad de jefes de Estado para los que todavía está muy lejos. Y resolver problemas logísticos severos. Por ejemplo, lo usual es que -por cuestiones de seguridad- cada delegación tome íntegro un hotel de 5 estrellas. No hay en Buenos Aires más de 15. Por otro lado, ¿dónde se hará el encuentro? El CCK es un lugar muy apropiado, pero demasiado céntrico. ¿Puede una ciudad como ésta cerrar el centro durante cuatro días, los dos que dura la cumbre y el día previo y posterior?

Parecen asuntos menores que, en definitiva, muestran el aislamiento que vivió nuestro país desde el 2001 hasta el 2015, cuando las exigencias en materia de seguridad y protocolo se agudizaron en forma drástica y nosotros ni nos enteramos, porque casi no recibimos visitas internacionales.

Ahora estamos en el extremo opuesto. Un país donde todo está por hacerse, desde la infraestructura en rutas hasta los servicios de conectividad y energía de calidad. Del otro lado, una confianza externa que nos empuja a mejorarnos rápidamente cuando un tercio de la sociedad todavía es pobre y el Estado no tiene capacidad de brindar un piso de salud, seguridad, justicia a la mayoría de los habitantes.

Como le dijo una importante funcionaria a miembros de su equipo agobiados por la tarea que tienen que emprender: "no se quejen y háganse cargo, es el país que les tocó gobernar".

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