jueves, 14 de abril de 2011

Cómo construyó Brasil el camino al ascenso social

Por Maricel Spini (mspini@infobae.com)
La mayor economía de la región creció a niveles récord mientras se reducía la brecha entre ricos y pobres. La combinación de los estímulos a la inversión privada con programas sociales fue la clave del éxito
Crédito foto: AP

Dilma Rousseff tomó las riendas de un país con indicadores récord. En 2010, la economía creció un 7%, lo que provocó movimientos positivos en todas las áreas: la desocupación bajó a su mínimo histórico (6,2%) y se crearon 2,2 millones de nuevos empleos formales; 29 millones de brasileños dejaron de ser pobres; las empresas lograron las mayores ganancias de los últimos 25 años; y durante los ocho años de gestión de Lula Da Silva, las arcas estatales crecieron un 665% y alcanzaron los 288.575 millones de dólares.

El proceso que dejó a Brasil inmerso en una panacea de desarrollo económico e inclusión social fue complejo. Pasaron años para que la articulación de la bonanza económica y los programas del Estado destinados a los sectores humildes dieran sus frutos, tal como manifiestan distintos funcionarios en el libro América Latina frente a la crisis, (RHM) una compilación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La protección social que caracterizó a la Presidencia de Lula Da Silva tuvo su eje central en la Política de Aceleración del Crecimiento (PAC), para la cual se invirtieron 347.462 millones de dólares entre 2007 y 2010. Su objetivo fue "incentivar la inversión privada y reducir los cuellos de botella del crecimiento", explica Miriam Belchior, actual ministra de Planeamiento y ex subjefa de Articulación y Monitoreo de la Casa Civil.

El gobierno detectó las áreas que crecerían en los años siguientes y alentó la inversión a través de subsidios y políticas de flexibilización. La construcción civil fue la más promovida, impulsada por las obras necesarias para albergar al Mundial 2014 y a los Juegos Olímpicos de 2016.

Paralelamente se creó el programa Próximo Paso, que permitió generar la inclusión productiva. Los beneficiarios del plan Bolsa Familia -personas que reciben un monto de dinero a cambio de realizarse chequeos médicos periódicos y comprobar la regularidad escolar- fueron capacitados en los sectores que demandarían mano de obra; se hizo énfasis en la calidad de los cursos, formándolos en dos ocupaciones, por ejemplo pintor/yesero, y se les aseguró su contratación mediante acuerdos que asumió el Estado con las empresas.

Aquellas personas que no ingresaron de inmediato al sector privado fueron empleadas para trabajar en otro programa estatal: Mi Casa, Mi Vida, destinado a la construcción de mil millones de viviendas para paliar el déficit habitacional. La inclusión de millones de brasileños en el mercado laboral y el fomento de la educación fueron posibles por la política de distribución de la renta, señala Belchior. El salario mínimo subió por encima de los niveles inflacionarios, se extendió el beneficio de Bolsa Familia y se estimuló el crédito hasta un 45% del PBI.

Todo ello confluyó, a su vez, en una expansión sostenida del mercado interno, marcada por los nuevos sectores que acceden a bienes anteriormente considerados de lujo. La políticas sociales permitieron sacar 29 millones de brasileños de la pobreza y más de la mitad de la población (50,5%, unas 90 millones de personas) ingresó a la clase media.

Gran parte del crecimiento brasileño se debe al éxito del PAC. Para sostener ese rumbo, este año se implementará el PAC 2 -que costará al Estado 579.104 millones de dólares- con el objetivo de reducir la deuda pública al 30% del PBI en dos años e impulsar un avance del 5,5% de la economía.
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