sábado, 23 de abril de 2011

El mundo, al rojo. Aquí, el manual

Por Héctor A. Huergo - Diario Clarín
Mientras el mundo se pone al rojo por la extraordinariamente ajustada relación entre la oferta y la demanda de granos, en la Argentina seguimos distraídos en una batalla absurda. Si algo estaba faltando, esta semana el gobierno dio un paso dramático: tomar de rehenes a los chicos para disparar diatribas contra el fenomenal proceso de cambio tecnológico y organizacional que atraviesa el sector agropecuario.

El manual de Educación Ambiental lanzado por el Ministerio de Educación y la Secretaría de Medio Ambiente disparó toda la artillería disponible para pegarle al “modelo” que volvió a poner al país en el mapa agrícola mundial. No podemos dejarlo pasar, porque Clarín Rural no ha sido un observador pasivo de esta enorme transformación. Más bien, sentimos que hemos aportado, semana a semana, información, experiencias, novedades, que estimularon este proceso que el mundo sigue con extraordinaria atención.

Ahora el manual ataca a la biotecnología, y en especial al fruto que se ha convertido en bandera de esta Segunda Revolución de las Pampas: la soja resistente al glifosato. Fue la llave maestra que permitió terminar con un ciclo terrible de degradación ambiental. La agricultura mundial se basó en el arado, al que hay que rendirle un homenaje por todo lo que significó. Pero su contraparte fue terminar con la materia orgánica de los suelos. En la Argentina, los intentos por desarrollar una agricultura conservacionista recién encuentran un cauce definitivo con el advenimiento de la soja RR, la demonizada “transgénica” que el mundo no iba a comprar, como amenazaban los verdes. El modelo de la soja con glifosato, exhibido por este verdadero manual de zonceras argentinas como un baldón en nuestra historia agrícola, facilitó la siembra directa. Hasta entonces era una quimera.

Las mejores zonas agrícolas y ganaderas estaban invadidas por malezas perennes “de combate obligatorio”. Imposible. El método era meter fierro todo el verano para terminar con un herbicida en otoño. Consecuencia: tremenda aceleración de la erosión. Y encima el resultado era aleatorio. Cuando se volvía a sembrar, el Alepo y el gramón volvían a malograr las cosechas. El modelo de la siembra directa, con soja transgénica resistente al herbicida glifosato, permitió erradicar las malezas perennes. Nadie se acuerda de ellas. Más bien, ahora estamos preocupados por nuevas especies resistentes que, inexorablemente, van a acotar la vida útil del glifosato. Pero la tecnología también va a resolver este desafío; ya hay herramientas en camino.

El manual habla de monocultivo también en términos peyorativos. Es cierto que hay más soja de la que los chacareros quisieran. Estamos lejos de esto. La mayor parte de la superficie está bajo rotación con maíz y cereales, como aconsejan las buenas prácticas agrícolas. Pero “el modelo” K ha impulsado este crecimiento de la oleaginosa. La falta de protección a la propiedad intelectual, más la escasa cantidad de fertilizante que requiere esta leguminosa (como tal, tiene la capacidad de utilizar el nitrógeno del aire), lo han convertido en un cultivo más barato que el maíz. Todo el mundo quiere que haya más maíz y más trigo. Pero este modelo los castiga: la exportación sigue cuotificada.

El manual habla del difuso concepto de “soberanía alimentaria”, galvanizado en la vieja Europa para protegerse de la importación de países eficientes como la Argentina. Pero da vuelta el argumento. Para los autores, soberanía alimentaria es trabar las exportaciones…
El manual abunda en otras muletillas deletéreas sobre el campo y su revolución tecnológica. Miente sobre los desmontes, la concentración de la tierra, la contaminación de las napas, los pools de siembra. Dirigido a concientizar a los docentes, termina condenando a nuestros hijos y nietos a ser rehenes de una batalla absurda. Mientras tanto, el mundo nos sigue mirando, y esperando…
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