lunes, 28 de mayo de 2012

Claves para interpretar el "fuerte rearme" de Brasil


Por Luis Leandro Schenoni - Perfil.com
(Politólogo. Profesor asistente de la UCA y becario doctoral del Conicet).
Antes del 31 de mayo el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, deberá presentar frente al Congreso un Plan de Articulación y Equipamiento de la Defensa (PAED) cuyos objetivos son la armonización de los proyectos de las fuerzas armadas, la recuperación de capacidad operacional, la transferencia de tecnología y la adquisición de productos de defensa. Esta noticia fue rescatada por algunos medios argentinos como evidencia de un “fuerte rearme” brasileño que intenta, quizás, apelar al temor o al orgullo nacional para analizar qué posición debería adoptar nuestro país.

En resumidas cuentas, el PAED, cuyo establecimiento ya era un objetivo de la Estrategia Nacional de Defensa de 2008, no representa un incremento de los niveles de inversión en el sector. El plan sólo coordina y consolida los planes de inversión de las tres fuerzas –poniendo en actividad el Estado Mayor Conjunto creado en 2010–, y por lo tanto no es una nueva fuente de amenaza para la Argentina. Sin embargo, esto no nos exime de preguntarnos por qué motivo se anunciará este plan en Brasil y cómo debemos interpretarlo. Aquí mencionamos sólo cuatro puntos.

En primer lugar, el PAED unifica los planes de inversión en defensa de las Fuerzas Armadas de Brasil, cuya historia institucional después de la transición democrática es algo más compleja que la argentina. Brasil, por ejemplo, creó su Ministerio de Defensa a fines de los años ‘90; hasta entonces, cada fuerza tenía un ministerio propio. Esta falta de coordinación requirió un esfuerzo de institucionalización notable que recayó durante la era Lula sobre los hombros de Nelson Jobim. El PAED es un paso más en este sentido.

En segundo lugar, este plan es una contribución a la democratización del proceso decisorio en defensa, en tanto deberá ser presentado frente al Congreso, así como se hará con el Libro Blanco hacia fin de año. De más está decir que la transparencia que significa la discusión pública de estos documentos es un factor que debería reducir las suspicacias de la sociedad brasileña y del resto de la región.

En tercer lugar, el PAED contribuye en este momento a la necesidad del gobierno de recomponer su vínculo con los militares. Tras la renuncia de Jobim en agosto del año pasado, la relación no quedó en los mejores términos y Dilma Rousseff acaba de conformar la Comisión de la Verdad, que analizará los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. El PAED, en tanto, consolida los compromisos de inversión asumidos durante la administración de Lula, una necesaria zanahoria después de varios garrotazos en los últimos meses.

En cuarto lugar, no debemos perder de vista la relación del PAED con la seguridad interior de Brasil, la continuidad de su proyecto desarrollista –donde la industria de la defensa y los militares mismos ocupan un rol fundamental– y su interés de política exterior en ser tratado como lo que es: la sexta potencia económica mundial. Desde la perspectiva brasileña, defensa, seguridad, desarrollo y política exterior son partes indisociables de un modelo de desarrollo. Basta recordar que Celso Amorim, ahora ministro de Defensa, fue antes ministro de Relaciones Exteriores y un histórico personaje de peso dentro de Itamaraty.

Por todo lo antedicho, esta discusión no debería versar sobre la supuesta amenaza que representa Brasil al “rearmarse”, sino sobre cómo ha encontrado un camino para su desarrollo y su ascenso internacional. La evidencia de la falta de rumbo debería bastar como aliciente para el inicio de un amplio debate en la sociedad argentina sobre su defensa y el rol que cabe a los militares en el desarrollo, la seguridad y la proyección internacional del país.
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